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La creatividad le peleó a la crisis en el balance del Folklore 2019

Lisandro Aristimuño y Raly Barrionuevo formaron Hermano Hormiga.

“Las canciones serán la trinchera de nuestros días”, canta Micaela Vita de Duratierra en el nuevo EP del grupo, Trinchera (2019). En un contexto de crisis económica y retroceso en materia de políticas culturales, la música de raíz folklórica encontró su propia trinchera en el circuito alternativo y en espacios independientes. Frente a las grillas cada vez más escuálidas del ámbito estatal, prevalecieron los recitales, ciclos y festivales producidos de manera autogestiva.

El desfinanciado ECuNHi (ex ESMA) logró sostener la ya clásica Peña de los Abrazos y también se expandieron los encuentros y ciclos folklóricos en casas particulares. Salas como Torquato Tasso, Dumont 4040, Café Vinilo, Xirgu Untref, el CAFF, C. C. Konex, Teatro El Alambique –y su ciclo La canción es urgente– y JJ Circuito Cultural –con su peña Sombra Blanca– también hicieron su aporte para que la canción folklórica pudiera expresarse.

Si bien no fue fácil para los artistas folklóricos cortar tickets y apostar a la producción de nuevos materiales, el año que se va deja impreso en sus páginas una gran variedad de discos de alto vuelo artístico. La ebullición creativa, dicen, aflora con las crisis. Aunque toda selección es arbitraria y muchas veces injusta, algunos discos lograron destacarse y probablemente trasciendan el paso del tiempo. Entre ellos, se encuentra el segundo disco de Don Olimpio, Mi fortuna (2019), el ensamble de música popular que tiene en sus filas a la cantora catamarqueña Nadia Larcher y al pianista Andrés Pilar.

El cuarto disco del cordobés José Luis Aguirre, Chuncano, lo afianzó como uno de los compositores e intérpretes de canción folklórica más relevantes de los últimos años. En Canción sobre canción (Elefante en la habitación), la cantora entrerriana Liliana Herrero resignificó parte de la obra del rosarino Fito Páez (con una sublime versión de «Dejarlas partir»). En un plan similar, el pianista e intérprete entrerriano Carlos “Negro” Aguirre se propuso explorar el imaginario cultural y sonoro de la región litoraleña. La música del agua (Shagrada Medra) es una obra exquisita en el que recorre canciones de autores que han abordado la poética del agua, como Alfredo Zitarrosa, Chacho Muller, Aníbal Sampayo, Silvia Salomone, Ramón Ayala o Coqui Ortiz.

Uno de los lanzamientos más esperados fue el debut discográfico de Hermano Hormiga, el dúo integrado por Lisandro Aristimuño y Raly Barrionuevo. Si bien el fuerte del proyecto es arriba del escenario, el disco regala bellas versiones (como el “El necio”, de Silvio Rodríguez) y canciones inéditas de ambos (“Vida”, de Aristimuño; y “Amanda”, de Barrionuevo).

En Orfebre del silencio, el guitarrista mendocino Martín Castro recorre con maestría y delicadeza ritmos cuyanos (tonadas, cuecas y gatos). Y la cantora y compositora bonaerense Soema Montenegro rescata sus raíces guaraníes y ancestrales en Camino a la templanza, editado solo en plataformas digitales. Además, se destacan los discos de Topo Encinar (Aquí en la piel), Ana Robles (Sabe el viento), Silvia Iriondo y Juan Falú (Antiguo rezo), Vero Marjbein (Lo que estalla), Fernando Rossini (Mineral), Pachi Herrera (Charangueando), Wagner-Taján dúo (Dos) y Juan Arabel (Barrio),

El Dúo Coplanacu reapareció en las bateas con Los Copla, un disco que recoge la mejor tradición santiagueña a fuerza de zambas y chacareras. Y una versión de la chaya “Lucero cantor”, del riojano Ramiro González. En tanto, González y el rosarino Martín Neri presentaron en Circe la obra poético musical “De un mismo barro”. Los cruces y juntadas fueron una constante para cautivar al público. En eso anduvieron también la bonaerense Flor Giammarche y la cordobesa Clara Cantore, y la porteña La Shiji y la neuquina Noe Pucci.

En octubre se cumplieron diez años del fallecimiento de Mercedes Sosa, la cantora más trascendental del país y una voz que se expandió por todo el continente. La primera década sin la tucumana fue una buena oportunidad para recordarla. En enero, un homenaje a su obra inauguró el Festival de Cosquín Folklore –un escenario que le trajo tantas satisfacciones como dolores de cabeza–, con la participación de Teresa Parodi, León Gieco, Peteco Carabajal y Liliana Herrero, entre otros. En mayo, las voces de Parodi, Víctor Heredia, Luciana Jury y Wos se cruzaron en los Premios Gardel para rendirle tributo.

Y el mes pasado la Fundación Mercedes Sosa, presidida actualmente por su nieta Araceli Matus, realizó una celebración en el Konex, con dirección de Ernesto Snajer. «Me da esperanzas y fuerza escuchar a mi abuela en esta situación dolorosa y terrible que estamos viviendo en Latinoamérica», dijo Matus a este diario previo al concierto, en alusión a los días convulsionados en Chile, Bolivia, Colombia y Brasil. En escena, actuaron artísticas disímiles entre sí como Lula Bertoldi, Juana Molina, Perotá Chingó y Lucio Mantel. En esta línea, uno de los discos destacados del año fue Legado, de La Charo, en el que la intérprete formoseña repasó el repertorio de la tucumana en clave electrónica y en compañía de artistas relevantes del folklore digital: King Coya, Tremor, Nación Ekeko y Chancha Vía Circuito.

Los sintetizadores, las programaciones y los sonidos electrónicos también encontraron terreno fértil en el legado artístico de la musicóloga, cantante y compositora Leda Valladares. En el notable El camino de Leda (Fértil Discos/Folclore Records), una generación de productores electrónicos y cantoras contemporáneas actualizaron una selección de piezas ancestrales (bagualas, vidalas, coplas) y cantos populares que Valladares había organizado en su obra Mapa Musical Argentino. Si de homenajes se trata, familiares, artistas y músicos amigos de Jaime Torres (1938-2018) realizaron en junio una emotiva “Ofrenda Musical” en el Teatro Ópera. Y el acordeonista misionero Chango Spasiuk celebró sus 30 años con la música, desde aquel verano de 1989 cuando se convirtió en la Revelación de Cosquín.

También hubo novedades en el terreno legislativo. En noviembre se aprobó en la Cámara de Diputados la Ley Nacional de Enseñanza de Folklore en las escuelas, que regirá tanto en establecimientos públicos como privados. La nueva normativa entiende al folklore como “un bien cultural” y busca garantizar la enseñanza de las danzas, las músicas, la historia y los rituales que forman parte del patrimonio cultural folklórico del país. En este sentido, la recientemente aprobada Ley de Cupo Femenino en Festivales será una herramienta clave para garantizar la equidad y la diversidad en los escenarios folklóricos.

Finalmente, 2019 será recordado también como el año en el que que la música popular tuvo que lamentar las partidas físicas de Juanjo Domínguez, Alberto Cortez, Elpidio Herrera, Elvira Ceballos, Vitillo Ábalos y Rafael Amor.

Y por otra parte, el restablecimiento del Ministerio de Cultura de la Nación, con la llegada del nuevo gobierno, abre un nuevo ciclo luminoso y esperanzador para la música popular argentina.

Sergio Sánchez/Página 12

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