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La Corazonada, con Lopilato-Furriel, se estrena el jueves en Netflix

Mas allá de la dupla protagónica, el film cuenta con un gran elenco.

El público ya conoce a Pipa, la joven agente de policía que interpretó la actriz de Casados con hijos, y si no, no importa. Salvo algún pasaje, o cuando Pipa se levanta y pone la capucha de su campera, no hay muchos datos que sirvan de referencia al éxito comercial estrenado hace dos años en cines.

Así que La corazonada puede verse sin necesidad de rever Perdida.

Igual, el protagónico está compartido en La corazonada con Juánez (Joaquín Furriel), un investigador de homicidios implacable, sabio, reflexivo, siempre serio, tanto que no sabemos si tiene dientes porque no sonríe jamás.

La acción transcurre varios años antes de que Pipa renovara la investigación por la desaparición de una amiga en la Patagonia, que había sucedido hace tiempo y la seguía inquietando. Lo que ahora une a Pipa y a Juánez es resolver el asesinato de una joven de 19 años.

Gloriana (Delfina Chaves), hija de un importante supermercadista, apareció acuchillada en su cama. La principal sospechosa es Minerva (Maite Lanata), la amiga con la que compartía la casa.

Pero pudo haber sido el novio, que tiene un golpe en el rostro. O, en verdad, cualquiera. Gloriana tenía mal carácter, era medio insufrible y no temía a nada.

Pipa se integra al equipo del inspector de la División Homicidios casi por casualidad. Y un fiscal arribista le pide que investigue a Juánez. El joven que asesinó a la esposa del policía -ah, por eso su gesto adusto- había salido de la cárcel hacía menos de un mes, y murió misteriosamente atropellado. Roger (Rafael Ferro) sostiene que Juánez lo mató por venganza, pero como el delincuente se movía en un negocio familiar algo turbio, tal vez no fue el agente viudo quien lo llevó por delante con un auto. Quién sabe.

La corazonada -que ni bien arranca pone en primer plano el sonido de los fuertes latidos de Juánez, que sufre precisamente del corazón, y de ahí uno presupone que surge el título- fue dirigida por Alejandro Montiel, el mismo de Perdida, quien ya había dirigido a Furriel en Un paraíso para los maldi

tos. Ambos filmes se basan en novelas de Florencia Etcheves, quien aquí integra el equipo de coguionistas. La estructura del relato en más de un sentido es similar al de la película que la antecede: hay pistas que se renuevan, varios sospechosos, corrupción, agentes y oficiales que ocultan más que lo que muestran, muchas vueltas de tuerca.

Si técnicamente todo luce cuidado y hasta impecable, no sucede lo mismo con algunas marcaciones actorales, y cierto proceder de los policías parece más de CSI que de la Bonaerense.

El gran actor que es Furriel está como encorsetado, algo que no sucedía en otros filmes como El patrón, El Hijo o El faro de las orcas. El y Lopilato ocupan alternadamente la pantalla, cuando no la comparten -hasta hay un encuentro que se presume íntimo, pero que no se ve-, y llevan delante todo el peso con primeros planos, en esta oscura crónica de un par de homicidios que el espectador atento intentará dilucidar.

Pablo O. Scholz/Clarín

 

 

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