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La compañia T de Teatre estrena La Mujer Fantasma en el San Martín

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“Una comedia delirante y excesiva, una sátira inmoral sobre la moral, una revisión sobre la función de la ficción, un regreso a la infancia, al primer amor, al momento en el que todo era posible, como en el teatro”. Así se describe en un dossier la obra más reciente de Mariano Tenconi Blanco que arribará este jueves a la sala Casacuberta del Teatro San Martín luego de su estreno en el Teatro Romea de Barcelona en septiembre de 2023. Las protagonistas de la pieza son las integrantes de la compañía catalana T de Teatre conformada por Mamen Duch, Marta Pérez, Carme Pla y Àgata Roca, que llegaron a la Argentina hace unos días y dialogaron con Página/12 sobre el estreno.

La obra transcurre a fines de los años 70 y las protagonistas son cuatro maestras que llevan una vida melancólica pero también intensa, la vida de cualquier mujer que trabaje y reparta su tiempo entre su mundo exterior (las obligaciones familiares, las responsabilidades laborales, las rutinas armadas para poder sobrevivir) y su intimidad (una dimensión que suele ser muy rica en las criaturas que surgen de la pluma de Tenconi). Delia fue abandona por su marido y, al parecer, tiene un affair con otra mujer. Lena cuida a su madre enferma y –suero va, inyección viene– se enamora del médico que lleva adelante su tratamiento. Iris está obsesionada con la nueva profesora de gimnasia e inicia un romance ardiente con Moira en una época en la que el amor lésbico no era muy bien visto. Nadia se recupera de un brote nervioso del que no se ofrecen mayores detalles, pero ese episodio le ha costado la titularidad y ella queda marginada del equipo docente. La directora Garrote la destina a una asignatura lateral en la currícula –teatro– y le encarga un montaje. Durante los ensayos en el teatro del ayuntamiento, Nadia (y también sus alumnas) verán algo que muy pocos logran ver y que sólo puede hacerse visible a través de la fe.

–¿Cómo describirían a sus personajes? ¿Qué las une a estas maestras?

Marta Pérez: –Mi personaje es Delia, una mujer que siempre ha tenido su vida muy estructurada. Ella es maestra, tiene una hija y de golpe el mundo se le viene abajo porque su marido la abandona. En principio no sabe por qué, pero el sketch aborda el proceso emocional que atraviesa con esta separación, todos los estados que una persona transita a partir de un proceso de desapego, con un final que no voy a desvelar. La pobre hace lo que puede. Siempre hay algo que te une con los personajes y es muy misterioso: al fin de cuentas no sabemos si son los personajes los que se unen a una o es una la que se une a los personajes. Siempre se quieren, aunque a veces reaccionen de formas en las que tú no lo harías, aún así los defiendes.

Mamen Duch: –Yo interpreto a Lena. La única familia que tiene es su mamá, que está mayor, se pone enferma y entonces ella debe cuidarla. Ahí aparece como eje la relación que tiene con el doctor que la atiende. Nosotras tenemos una edad en la que nuestros padres son mayores entonces lo comprendo desde ese lugar. Lo bueno de este monólogo es que pasas por momentos muy dramáticos, muy tiernos y otros realmente muy cómicos, entonces para mí como actriz es muy bonito.

Àgata Roca: –Mi personaje se llama Iris. Es una maestra de las letras clásicas y se enamora perdidamente de la profesora de gimnasia, Moira, que es una chica que no tiene mucha cultura pero se enamora igual. Es una relación que no puede avanzar porque estamos en un momento de represión post-dictadura entonces ella se tiene que reprimir estos sentimientos apasionados. Se los reprime y se da cuenta de que una de sus alumnas también “sufre de esta afección”, así lo dice ella. El trabajo sobre esa pasión prohibida es lo que motiva al personaje y habla mucho de todos los que hemos sufrido esta represión general en momentos de dictadura y post-dictadura, de todos esos sentimientos que no pueden aflorar.

Carme Pla: –Yo encarno a Nadia, la que ha visto a los fantasmas. El año anterior tuvo una especie de brote no se sabe bien de qué, entonces la directora le dice que no puede dar clases y la pone a montar una obra teatral. Cuando va al teatro del ayuntamiento, ve a las fantasmas de las actrices. Este personaje raya la locura pero ¿quién no? Tiene muchos altibajos: un día está muy bien y al otro está muy mal, un día no se puede levantar de la cama y al día siguiente está eufórica. Como actriz ese desequilibrio es muy chulo de hacer y también la locura como sensibilidad: ella es la que ve a las fantasmas pero no todos pueden. Dicen que para poder verlas hay que tener fe. Este personaje es muy bonito de hacer, tiene mucho color y a la vez permite preguntarse quién no está un poco loco. Que tiren la primera piedra…

Las T de Teatre ya habían trabajado con dramaturgos y directores argentinos. En 2007 estrenaron en la sala Tallers del Teatre Nacional de Catalunya Cómo es posible que te quiera tanto, una comedia de terror escrita por Javier Daulte, y en 2015 presentaron en el marco de la edición del Grec Festival de Barcelona Premios y castigos, una pieza creada por Ciro Zorzoli que proponía un juego escénico como punto de encuentro entre actores y público.

Esta vez le propusieron a Tenconi Blanco escribir para ellas. Autor de obras como Lima Japón Bonsai (2011), La fiera (2013), Walsh artista contemporáneo (2016), Todo tendría sentido si no existiera la muerte (2017), La vida extraordinaria (2018) o La saga europea integrada hasta ahora por Las cautivas (2021) y Las ciencias naturales (2022), aquí aparecen algunas exploraciones que caracterizan su universo creativo: personajes femeninos fuertes, una intimidad sumamente compleja que se transforma en hecho colectivo, cruces permanentes entre arte y vida, la ficción como manifiesto político y un elemento sobrenatural –en este caso, las fantasmas– que reivindica aquellos géneros populares muchas veces condenados a la marginalización.

Cuando se les pregunta por su interés en el teatro argentino y ese puente transoceánico que han tendido hace unos años, Duch dice: “Creo que los argentinos escriben muy bien. En el caso de Mariano, escribe muy bien personajes femeninos, de una manera muy atrevida. Tengo la sensación de que se atreve a explicar de una manera en la que no podemos hacerlo los catalanes porque somos un poquito más pudorosos y él no lo es nada: habla del sexo de una manera muy abierta y hay algo que nos atrae mucho en ese modo de escribir. Hemos conectado también por el sentido del humor, por la manera de dirigir e interpretar”.

En relación al vínculo que se establece con el pasado, Pérez declara: “Creo que es un homenaje a estas mujeres que nosotras representamos y a un momento muy concreto en el que estaba reprimida toda la cultura y hubo muchas que murieron por eso”. Duch, por su parte, agrega que la obra también puede leerse como “un homenaje a las compañías de teatro, es algo que no tiene por qué explicarse pero se nota que son compañeras desde hace muchos años y es un homenaje a la decisión de trabajar en grupo en la actividad que sea”. Pla destaca que Argentina y España tienen en común “este pasado de represión y la tradición de compañías que iban de pueblo en pueblo haciendo teatro como una manera de entender la vida» y apunta que «compartimos esa vocación de subirse a un escenario”. «Está bien que se hable de esto en los tiempos que estamos viviendo, tanto allí como acá, porque parece que vuelven unas represiones bastante importantes por hechos políticos”, suma Duch.

Entre Tenconi y las T de Teatre se produce cierta complementariedad que surge de la combinación de sensibilidades. ¿Cómo puede ser que Mariano tenga esta capacidad de entender a las mujeres y defenderlas?, se preguntan. “Él siempre dice que la mujer es mejor que el hombre y evidentemente no es así, pero él defiende una parte muy positiva de las mujeres”, dice Duch, y Pérez agrega que cada una de estas maestras “tiene sus propios fantasmas que las persiguen, eso con lo que están luchando”. Roca, por su parte, señala: “Curiosamente, a nosotras casi siempre nos han escrito obras autores hombres. No hemos buscado esto particularmente, nos da igual que sean dramaturgos o dramaturgas, pero sorprende que siendo una compañía de mujeres casi siempre nos hayan dirigido hombres. Quizás es porque nos completan la mirada, te hacen ver cosas tuyas que quizás no verías si la directora fuese una mujer”.

–Esta es la primera vez que trabajan con música. ¿Cómo fue ese proceso?

Marta Pérez: –Una maravilla. Es un complemento y ahora ya es inconcebible pensar este espectáculo sin música. Acompaña, no estamos solas en el escenario sino con esa partitura por debajo que te marca el tempo y te ayuda a llevar el ritmo, es un feedback increíble.

Mamen Duch: –Y en los ensayos era genial porque el texto ya estaba escrito pero la música no, entonces Ian (Shifres) la iba creando en el momento con nosotras en escena. Interpretábamos de una manera distinta y me parece que la música es un personaje más en la obra.

–Tenconi suele incorporar diversos registros literarios en la construcción de su dramaturgia y esta no es la excepción: en La mujer fantasma hay monólogos, escenas, cartas, diarios, redacciones escolares.

Àgata Roca: –El personaje de Iris se comunica sobre todo a través de cartas y, al principio, cuando leímos la obra recuerdo que a mí me preocupaba esto y le preguntaba a Mariano cómo interpretas una carta. Le consulté si la íbamos a proyectar y me dijo que no, que íbamos a contarla como quien cuenta una historia. Es su manera de mostrar muy claramente esta relación imposible entre dos mujeres.

Carme Pla: –Hay allí mucha intimidad, es una literatura íntima. En mi caso el personaje se cuenta a través del diario que escribe por orden de su terapeuta entonces aparece ese otro registro. Son como flashes.

Experiencias en Argentina

No es la primera vez que las T trabajan con un autor argentino y tampoco es la primera vez que visitan el país. Es la cuarta, pero hasta ahora nunca habían venido a representar un texto autóctono. “Cada vez que venimos a la Argentina tenemos la sensación de estar en casa, nos reencontramos con un sitio más o menos conocido y, a la vez, distinto –declaran–. Son muchos años ya. Pero antes vinimos con espectáculos muy diferentes”. En los años 90 presentaron ¡Hombres! y Criaturas en el Paseo La Plaza y, veinte años después, regresaron con Delicadas, pieza escrita por Alfredo Sanzol y Sergi Belbel. “Hemos ido a ver algo de teatro y aquí hay un gran nivel, por lo tanto siempre tenemos un poco de miedo por ver si vamos a estar a la altura. Esperamos que sí. Es un lugar con mucha tradición teatral, con muchos espectadores. Venimos con mucho respeto”, subrayan, y comentan que acaban de ver La vida extraordinaria, protagonizada por Lorena Vega y Valeria Lois. También habían leído Las cautivas y les había gustado mucho, pero cuando estuvieron de gira por Madrid aprovecharon para ir a la función. “Verla en directo es muy potente y nos ayudó a entender aún más el mundo de Mariano. Ahora venimos con un texto de un autor argentino súper conocido y somos nosotras las intrusas”, comentan entre risas.

La dimensión fantasmal y lo político en el teatro

Los fantasmas circulan en el teatro desde tiempos inmemoriales. Si un fantasma es similar a un trauma, entonces el fenómeno teatral reproduce esas mismas dinámicas de funcionamiento al repetirse cada noche. A Hamlet lo visita el fantasma del padre para darle un mensaje aterrador y Macbeth es asediado por todos los muertos que carga. “El fantasma es siempre lo que vuelve, es siempre el pasado que retorna (…) las actrices y los actores son siempre fantasmas», reza el dossier. En la segunda parte de la obra, las que regresan de la muerte son cuatro actrices que fueron fusiladas por el régimen (como tantos artistas fueron asesinados en las dictaduras: García Lorca en España o Rodolfo Walsh en Argentina). Las T trabajaron en el Teatro Romea y retomaron el fantasma de Margarita Xirgu que, según dicen, habita esa sala. Todos los teatros tienen sus espectros y ellas mismas cuentan que hace unos años alguien les dijo que había uno en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza. “Es verdad que el teatro está lleno de fantasmas y el hecho teatral es en sí mismo un fantasma por su carácter efímero”. En la obra se juega un elemento fuertemente político que aparece no sólo en la referencia a esos fusilamientos sino también en ciertas elecciones formales como trabajar con materiales (en apariencia) poco teatrales o reflexionar sobre el cuerpo de una actriz. “Por algo desde los regímenes autoritarios se prohíbe hablar de ciertas cosas, es muy potente poder contar historias en el teatro –dicen–. También hay un movimiento que pasa de lo individual a lo social, de lo personal a lo colectivo. En ningún momento se dice explícitamente que estas mujeres se dedican a una política contra el régimen pero sí se habla de que fueron fusiladas entonces uno puede imaginar qué les pasó, hay una maleza escondida. Es una reivindicación a la historia de aquellas mujeres y su rebeldía”.

*La mujer fantasma realizará 10 únicas funciones: jueves 13 y viernes 14 a las 20.30; sábado 15 a las 17.30 y a las 20.30; domingo 16 a las 20.30; martes 18 y miércoles 19 a las 20.30; sábado 22 a las 17.30 y a las 20.30; domingo 23 a las 20.30. Localidades disponibles por entradasba.buenosaires.gob.ar.

Laura Gomez/Página 12-Espectáculos

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