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Juan Falú fue designado Director de Asuntos Culturales de la Cancillería

El notable guitarrista apostará en su mandato a la federalización de su gestión.

El elegido director de Asuntos Culturales de la Cancillería, el guitarrista Juan Falú, quien aún no ha sido formalmente designado, se propone mostrar al mundo la cultura nacional y popular de nuestro país, federalmente representada, y asegura en diálogo con Clarín que no privilegiará el folclore por sobre otras expresiones culturales, dado que es el género que domina a través del instrumento que lo ha llevado a infinidad de escenarios: la guitarra.

A fines de la semana pasada se conoció la sorpresiva decisión el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Solá, de ofrecerle el cargo a Falú -quien aceptó de inmediato- y darle otro destino al embajador Sergio Baur, actual responsable del área. Así explica el músico, con su decir pausado, el ofrecimiento del canciller: “Con Felipe Solá nos conocemos hace tiempo de reuniones sociales, el arte, la música tuvo mucho que ver para que tuviéramos este vínculo. Yo mismo le sugerí que alentaba la expectativa de sumar mi aporte, desde mis convicciones y sin que suene demasiado épico, desde mi lucha por la difusión de los valores de la cultura nacional. Después vino la pandemia y todo entró en compás de espera. Hasta que me llamó para preguntarme si estaba preparado”.

-El embajador Baur, a cargo de la Dirección de Asuntos Culturales (DiCul) hoy, deja un listón alto. Sobre todo por la democratización y la transparencia en la selección de los envíos y representaciones argentinos para bienales, ferias y eventos el exterior. ¿Cuál va a ser el suyo?

-Al embajador Baur lo he conocido en actividades que el DiCul (sic) hace en la Cancillería y tuve una excelente impresión y un alto respeto.

Todavía no nos hemos reunido porque lo que desencadena todo es la noticia de ustedes (por la primicia de su nominación publicada por Clarín). Estoy más o menos al tanto de los logros del embajador Baur, que habrá que enfatizar, y de su idoneidad. Es un gran logro que haya efectivizado concursos para las representaciones argentinas en el exterior y que no sean digitadas, y que sean lo más federales posible. Esto tiene que ser afianzado y sostenido. Y necesito conversar con el embajador Baur y con el canciller para introducirme en esta área.

En cualquier sitio donde se haga política cultural hay que atender a la memoria de la cultura y la identidad nacional”.

-¿Cuáles serán las líneas principales de su gestión?

-Son muchas las cuestiones, pero voy a partir de algo muy general: yo siempre he tenido un perfil bajo de mi quehacer, pero hace 35 años que viajo sin parar llevando la música argentina por alrededor de 40 países. Eso no solo me ha permitido conocer la sensibilidad de muchas culturas, sino vincularme con embajadas y conocer casi todos los rincones de la patria. Esa vivencia del afuera y del adentro me permite tener una perspectiva de cuál es el país que se muestra y cuál es el país que podemos mostrar. En ese sentido, hay que sumar a lo realizado, otras perspectivas que tengan que ver con mostrar una Argentina desde sus entrañas, que son las culturas provincianas, las culturas regionales, que son parte de la memoria de nuestro pueblo y nuestro vínculo con el continente. No hay vínculo más palpable y real que el del Nordeste con Paraguay, Brasil y el Uruguay. O el Noroeste con Perú, Bolivia y el norte chileno. O nuestra región de Cuyo con la cultura de Chile. Esas cosas tienen que ser puestas en valor. Amo la tradición, pero no soy tradicionalista. Nos deleitamos con un ballet de danza tradicional rusa, pero ¿qué pasaría si en el exterior ven bailar un malambo o una cueca?

-¿De qué manera pondría en valor las expresiones culturales que usted considera hoy invisibilizadas?

-No creo que las direcciones de Cultura tengan que ser cotos cerrados para atender determinadas expectativas del mundo cultural. En cualquier sitio donde se haga política cultural hay que atender a la memoria de la cultura y la identidad nacional. No voy a oponerme a lo realizado porque hay personas idóneas y acciones realizadas que tienen un enorme valor. Y ni siquiera puedo opinar porque primero lo tengo que conocer. Voy con la actitud de valorar lo realizado y poner en perspectiva esta idea de una cultura nacional que tiene que ser mostrada.

-¿Cómo se transmitiría esa cultura que no se muestra según su mirada?

-Viajando por el mundo y ofreciendo conciertos de música argentina, el mejor elogio que he recibido fue éste: ‘Usted me hizo conocer su país con su guitarra’. Eso me emociona profundamente y para mí es un logro. Me emociona más que el aplauso. Eso es transmitir un arte nacional que pueda conmover a un otro en cualquier lugar del mundo. Creo ser una persona habilitada por el camino recorrido y la experiencia vivida para comprender y transmitir lo que hay de arte nacional.

-¿Por ejemplo?

-Te puedo dar ejemplos de grandes talentos nacionales que han pasado y siguen pasando desapercibidos y están a la altura de los mejores logros del mundo. Por ejemplo, el escritor Daniel Moyano, alabado por García Márquez y Roa Bastos, pero desconocido hasta para nuestros libreros. O también de grandes realizaciones artísticas, que están alejadas del glamour de las grandes expresiones culturales, por ejemplo el arte guitarrístico nacional. La guitarra argentina es de las mejores del mundo, pero sin embargo no aparece en los medios. Tenemos el Festival Guitarras del Mundo, bancado por un sindicato y el Ministerio de Cultura, y se desarrolla con la mayor de las modestias. Y hablo de las mejores guitarras del mundo. Y eso es patrimonio nacional, tanto como el arte contemporáneo que se muestra en una Bienal.

-De cara al exterior, la cultura es una herramienta de la política y la economía de un país. Siendo músico, ¿tiene pensado potenciar el lugar de la música por sobre otras artes?

-Eso se acerca al prejuicio, en el sentido de suponer que por ser un músico reconocido que toca música folclórica voy a darle supremacía a un género o a una manifestación artística sobre las demás. Asumo un cargo y eso es asumir una función pública. Yo sería mi propio control para no caer en subjetivismos ni amiguismos ni dedismos ni elitismos… Eso para mí es una cuestión de conciencia. Desde el llano siempre he reclamado de un funcionario que dignifique la función pública con responsabilidad, compromiso, idoneidad y decencia. Si no lo hago así, prefiero no hacerlo.

-De todos modos, usted sabe que con la guitarra no alcanza para atraer inversiones al país. La cultura como herramienta también tiene esa función.

-Un espacio como el DiCul no es autosuficiente para generar, desde las manifestaciones culturales, un desarrollo de las industrias culturales y las consecuentes inversiones para el país. Para apoyar ese objetivo necesariamente el DiCul tiene que estar vinculado con el Ministerio de Cultura y los organismos culturales de las provincias y los municipios. Formar una unidad estratégica y política. Y respecto de cuáles serían en este sentido mis objetivos, yo puedo responder en un sentido histórico, tal vez filosófico y desde el destino de los pueblos. Yo no veo la cultura como industrias culturales para atraer inversiones, sino como una fuerza para fundar nuestro destino como patria y como pueblo. La cultura es estratégica.

-¿Cuál es la cultura que se mostrará teniendo en cuenta que Argentina es un país fragmentado?

-Me pintás un panorama complejo y solo un alquimista podría hacer la síntesis. Hay que moverse con un federalismo en serio. Muchas de nuestras manifestaciones artísticas, si estuvieran puestas en valor hay grandes poetas, fotógrafos, pintoresgenerarían inversiones. Hay que mostrar toda la cultura. Todo punto de partida es ideológico. Las regiones argentinas son reservorios culturales. Cuanto más excelsa es la cultura que se muestra, más inversiones atrae.

Susana Reinoso/Clarín

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