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Joaquín Arbe, el albañil que construye su futuro. Se clasificó a Tokio 2020

El atleta chubutense fue el mejor clasificado argentino y sacó pasaje a Tokio.

Cuando alguien alcanza lo que anhela, se dice, metafóricamente, que construye sus sueños. Pero quien lo diga de Joaquín Arbe lo hará literal. Desde los 16 años, el chubutense ha ido construyéndose como el destacado atleta que ayer alcanzó su clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 al ser el mejor argentino en la Maratón de Buenos Aires. Con un tiempo de 2h11m04s, se convirtió en el maratonista local con el mejor tiempo corriendo en territorio nacional, en un país que parió a grandes fondistas como Delfo Cabrera y Juan Carlos Zabala.

Pero la historia de Arbe es la de una obra concreta, porque, en la vida del también campeón argentino en 1500, 5000 y 3000 metros con obstáculos, el atletismo debió convivir siempre con su trabajo como albañil, oficio que aún ejerce, en simultáneo con el más alto rendimiento deportivo, para vivir dignamente. Sin beca del Enard, esa que tuvo tras su medalla de plata en el Iberoamericano de Río de Janeiro 2016 pero que cobró durante sólo un año, el corredor no deja de agradecerle a Chubut Deportes y a las dos empresas que lo acompañaron estos años.

Mientras levanta paredes y derriba dificultades, se cruzan en su camino señales que alientan al atleta constructor: su último cumpleaños lo celebró siendo el mejor argentino en la 21k de Buenos Aires, y ayer, pasado el mediodía, apenas a un día de consagrarse, nació Eric Mateo, su tercer hijo. Entre el cansancio y la felicidad, Arbe se hace un huequito para charlar con Página/12.

– ¿Te imaginabas clasificar a los Juegos Olímpicos?

– No, nunca pensé que iba a conseguir la marca. Estoy contento y feliz porque valió la pena el sacrificio de estar preparándome en Cachi, Salta, lejos de la familia. El esfuerzo dio sus frutos, se consiguió una marca histórica y estoy recibiendo llamados de empresas que quieren apoyarme. Pensé que iba a estar dos minutos arriba del tiempo que hice, así que cuando vi el reloj, al cruzar la meta, quedé sorprendido y muy emocionado.

– ¿Te molesta que, pese a ser múltiple campeón nacional, el apoyo llegue recién con la marca olímpica?

– Es la política que tenemos en este país. Son pocos los que ayudan en el proceso. En Argentina siempre fue así: estamos lejos de países como España, que ayudan a sus atletas durante el proceso de crecimiento. Acá es al revés: primero tenés que lograr el objetivo para recibir apoyo. Por suerte, he contado en mi vida con gente muy familiera que me ayudó a viajar y competir. Siempre tuve un amigo que me abrió las puertas.

– Cuando te sumergiste en el alto rendimiento deportivo, entrenabas y trabajabas como albañil. ¿Todavía seguís haciéndolo?

– Hace un año dejé de trabajar de manera particular, pero sí estuve trabajando en mi casa, que es chica, levantando dos piezas para mis hijos. Espero terminar la obra y ya poder pensar como atleta y prepararme para lo que viene.

– ¿Cuándo arrancaste con la obra?

– El año pasado, con la plata de carreras y premiaciones. Juntaba unos pesos, compraba materiales y trabajaba para ahorrarme la mano de obra. Llevo hecho el encadenado, las aberturas y las columnas; me faltan el techo, el revoque y los pisos.

– ¿Ya puede usarse alguna de las piezas?

– No, por ahora todos seguimos durmiendo en la misma habitación, porque aún no está levantado el techo.

– Ahora que clasificaste a Tokio, ¿vas a terminar la obra o pensás contratar a alguien?

– Lo tengo que hacer yo, porque es muy difícil juntar el dinero para la mano de obra. Se me complica y, si no lo termino yo, va a quedar la obra parada.

– Pensando en los Juegos Olímpicos, ¿no te da miedo lastimarte?

– Sí, y ya me ha pasado. Cuando subí las viguetas en una parte de la obra, me terminé de herniar. Tenía una doble hernia inguinal y me tuve que operar en septiembre del año pasado.

– Como atleta de alto rendimiento, ¿no te gustaría poder dedicarte al deporte de tiempo completo?

– No es que me guste la comodidad, pero un atleta de élite busca eso porque lo necesita para desarrollarse. Hay que estar tranquilo para descansar y entrenar. Nunca tuve problemas para trabajar: desde los 16 años que compito, entreno y trabajo. Y no es una excusa, pero ya a este nivel, de medallas y competencias internacionales, es fundamental el descanso. Y trabajando de albañil, aunque entrene bien, el cuerpo llega siempre más cansado. Hasta ahora venimos aguantando, capaz en adelante se abran otras puertas y pueda dedicarme más al deporte.

Malva Marani/Página 12

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