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Hoy cumple 70 años El Cilindro de Avellaneda

Fue construido gracias a un préstamo blando otorgado por el gobierno de Juan Domingo Perón.

Del puntapié inicial de Juan Domingo Perón, a ser escenario de fusilamientos en la última dictadura. Del récord de asistencia de 120 mil espectadores para la Intercontinental de 1967, a alquilar el playón para carga y descarga de papas algunas décadas después. La historia del estadio de Racing es una de contrastes, como la del propio Racing, un club que se topó con la grandeza tempranamente y que más tarde conoció las durezas del día a día proletario. El «Presidente Perón», más conocido como el Cilindro o el Coliseo, cumple este jueves 3 de septiembre 70 años de su inauguración. Aquí, un recorrido por su biografía.

Como todo estadio, el nacimiento del Cilindro se retrotrae hasta algunos años antes de la presentación oficial, y en el caso de Racing, a sus orígenes. Es que el club de Avellaneda, fundando en 1903, juega en el mismo terreno desde 1906, en la intersección de las calles Alsina y Colón, quedando sólo detrás de Ferro (1905) en cuanto a los equipos que más tiempo llevan en un mismo lugar. Poco a poco, pasó de tener una mera casilla al costado del campo a vestir tribunas techadas y albergar hasta 30 mil personas, para convertirse en el distintiva cancha de madera que fue el hogar de las consagraciones que le valieron el apodo de Academia.

De Racing de Retiro…

Que Racing juega en el mismo lugar desde hace 114 años podría ser una mera ficción si en su momento los dirigentes del club le hubieran hecho caso al General, quien tenía la intención de levantar el nuevo estadio a Retiro, en la zona donde hoy se encuentra un importante hotel, frente a la estación de trenes. Pero, ¿qué tiene que ver Perón en esta historia? Es que su gobierno le facilitó al club un crédito de 3 millones de pesos (de aquel entonces) en 1946, para la construcción de «un gran estadio para la exhibición y práctica de cultura física». De ahí surgió el mito de que Perón era hincha de la Academia, algo que sus allegados se encargaron luego de desmentir. Años más tarde, Néstor Kirchner ocupó ese «vacío».

… a Sportivo Cereijo

El verdadero hincha de Racing en ese gobierno era Ramón Cereijo, ministro de Hacienda de Perón entre 1946 y 1952, quien facilitó diversos créditos para la construcción del estadio. De ahí que el equipo pasó a ser conocido por aquellos años como «Sportivo Cereijo», de manera despectiva. Así las cosas, el viejo estadio de madera se demolió en 1946 y Racing comenzó un peregrinaje por diversos escenarios mientras se erigía el Coliseo.

Fue local en Boca, principalmente, y en el Viejo Gasómetro de San Lorenzo. Y mal no le fue. En 1949, de la mano de Tucho Méndez, Ezra Sued y Llamil Simes salió campeón luego de 24 años. En 1950, tras disputar casi mitad del torneo de local en Independiente, le llegó el turno de estrenar su nuevo hogar. Aquel domingo 3 de septiembre, con el estadio repleto, Perón dio el puntapié inicial -algunas versiones ponen como protagonista del saque a Evita- y, 82 minutos después, Simes marcó el gol del 1-0 a Vélez, dando origen a un invicto de 20 partidos en el Cilindro. Dos meses después, el equipo dirigido por Guillermo Stábile festejaba el bicampeonato. Y un año más tarde, el tri.

Sello de autor

El ingeniero civil Eduardo Baumeister fue el encargado de diseñar el nuevo estadio, el de mayor capacidad en el país hasta que, para el Mundial ’78, la dictadura optó por ampliar el de River. Entre las muchas características que sobresalen en el Cilindro hay una que cuenta con un origen particular: el mástil. De 75 metros de altola torre, está diseñada para que todos los 28 de septiembre a las 15 horas, la sombra del mismo se proyecte sobre la mitad de la cancha. ¿Por qué? Ese fue el día y hora de nacimiento de Baumeister.

Adiós Perón

Racing no salió indemne del golpe de 1955 y la posterior persecución antiperonista, con gran foco en lo deportivo. En una asamblea de 1957, las autoridades del club le sacaron el título de presidente honorario a Perón y votaron su expulsión como socio, junto a Cereijo y a Evita, a quien borraron del padrón con la excusa de su fallecimiento. La aprobación de las medidas fue sin un sólo cuestionamiento, según reconstruye el sociólogo Julián Scher. De todos modos, el nombre del estadio nunca cambió de «Presidente Perón» y, de acuerdo a testimonios de la época, la solución fue simplemente no nombrarlo.

Iluminados

A fines de 1966, el famoso «Equipo de José» (Pizzutti) ya era campeón nacional y para celebrar la inauguración del sistema de luces del estadio, el invitado fue nada menos que el Bayern Múnich de unos veinteañeros Franz Beckenbauer, Sepp Maier y Gerd Müller. Racing se impuso por 3-2 en un recordado encuentro que sirvió de antesala para las futuras coronaciones internacionales del club. Los goles fueron del Panadero Díaz, el Chango Cárdenas y J.J. Rodríguez. Para los alemanes, hubo doblete de Müller.

120 lucas

No le fue nada fácil a Racing conseguir su única Libertadores: tuvo que jugar 20 partidos, incluidas tres finales. Nunca un equipo disputó tantos encuentros para ganarla. Luego de las batallas con Nacional de Montevideo en aquel 1967, le tocó medirse con el Celtic escocés, verdugo del Inter de Helenio Herrera en la versión europea del torneo. Si las de los uruguayos fueron batallas, las de la Intercontinental fueron guerras. Luego de caer en Glasgow por 1-0 en la ida, 120 mil personas colmaron el Presidente Perón para la vuelta, récord total de espectadores en el fútbol argentino. Fue 2-1 para la Academia, con tantos del Toro Raffo y el Chango Cárdenas. El desempate fue en Montevideo, Cárdenas la clavó desde afuera del área y Argentina tuvo su primer campeón mundial.

No hay partido, no hay problema

El año, 1999. Eran tiempos de un Racing quebrado, de redoblantes impactando en la cabeza del presidente Daniel Lalín y de dictámenes judiciales que disponían la liquidación de todos los bienes del club. He ahí, que con el Cilindro clausurado, el equipo no podía debutar en el torneo. Pero el día del partido, un 7 de marzo, 30 mil hinchas «tomaron» el estadio y se hicieron presentes. No hubo fútbol, sólo pasión. Luego vinieron las colectas, el gerenciamiento, la defensa de la sede y otras epopeyas que se fueron convirtiendo en canciones de cancha.

Medio siglo después

Algo de mala suerte persiguió a Racing desde que se inauguró el Presidente Perón. Es que de los once títulos que obtuvo de allí en adelante, sólo dos los pudo festejar en casa propia. El primero, en 1961, con un 3-2 a San Lorenzo con goles de Rubén «El marqués» Sosa y un doblete del mítico Omar Oreste Corbatta. El segundo, recién llegó 53 años después, cuando un cabezazo de Ricardo Centurión le dio el 1-0 a Racing vs. Godoy Cruz y el equipo de Diego Milito y Diego Cocca se quedó con el Torneo Transición 2014.

Ayer y hoy

Pero si hubo mala suerte, fue sólo una pizca de la gran historia académica. Desde la vuelta de Milito al club y la posta tomada por Lisandro López, Racing se ha vuelto un equipo de temer, especialmente, cuando juega de local. Cuenta con el mejor registro reciente del fútbol argentino en esa condición: de los últimos 100 partidos, ganó 64, empató 26 y perdió sólo 10.

La cifra se torna inverosímil si se la compara con los primeros 100 partidos del equipo en el Cilindro. Entre 1950 y 1957, Racing sumó 63 triunfos, 27 igualdades y 10 derrotas como local en los campeonatos nacionales. Cosas del destino, que le celebra un feliz cumpleaños al «Presidente Perón», lejos de su gente por los tiempos que corren pero vigente como la fortaleza que supo ser.

Ella

Si hay un nombre que se hace inseparable con la historia del estadio, es el de Elena Margarita «Tita» Mattiussi. Nació en 1919, en Alsina y Colón, debajo de la tribuna de madera de la vieja cancha, en una casilla donde vivían sus padres, inmigrantes italianos que trabajaban como cancheros del club. «Tita era peronista, muy peronista», la describe el periodista Marcelo Izquierdo en el libro que le dedicó, agregando que tenía varias imágenes de Evita y Perón en su casa.

Sin embargo, cuando le llegó la propuesta de mudarse debido a la construcción del nuevo estadio no hubo caso: «Yo de acá no me muevo», dijo. Y así fue, la dirigencia tuvo que construir una casa para Tita y su familia debajo de la nueva tribuna. Tita fue la encargada de coserle los primeros números a las camisetas, por ejemplo, acompañó al equipo en su periplo escocés a pedido de los propios jugadores, y fue la hermana mayor que cuidó a los juveniles que pasaban por la pasión durante varias décadas, hasta que pasó a la inmortalidad en 1999. Tita fue y es Racing y, hoy, el predio del club lleva su nombre. Aunque bien podría llevarlo el estadio.

Cristina Dellocchio/Página 12

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