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Historia de un Matrimonio, otra de las candidatas de Netflix al Oscar

Scarlett Johansson y Adam Driver cumplen grandes actuaciones en la película de Noah Baumbach.

No es fácil quedarse con una imagen, o una escena o secuencia de Historia de un matrimonio, la excelente película de Noah Baumbach (en Netflix desde el viernes), tras tener su première en Venecia. ¿La mano que ata los cordones? ¿La discusión en la casa de Charlie? ¿La del juicio en la Corte, en la que sus abogados les enrostran todas las miserias?

Porque Baumbach cuenta a cada momento que Nicole y Charlie no han dejado de amarse, o quererse, en ningún momento. Y porque de hecho es la historia de un matrimonio, aunque lo que cuenta es el drama de un divorcio (o de los divorcios en general). Pero el director siempre elige, en el penoso, arduo y doloroso proceso de distanciar las vidas de dos personas, aquello que las unió.

Tal vez sea la mejor de las diez películas de Noah Baumbach, y la que resume en buena parte la obsesión, inquietud y preocupación del director de Mientras somos jóvenes (con Ben Stiller, Naomi Watts y Adam Driver, su actor fetiche y favorito) por las crisis de parejas y familias.

De hecho, la traducción en nuestro país de la premonitoria, en más de un sentido, Historias de familia ( The Squid and the Whale, o sea El calamar y la ballena, la única por la que hasta ahora fue candidato a un Oscar, por el guión original, en 2006) habla de lleno del universo en el que a este hijo de dos críticos de cine le encanta abrevar.

La película arranca con los protagonistas, Charlie y Nicole, diciendo en voz alta cómo es el otro, las cosas que le encantan de su por entonces pareja. Están reunidos, vemos luego, con un consejero matrimonial, haciendo lo que se sabe que cuando se empieza, es por lo general para terminar: una terapia de pareja.

Nicole ha tomado una determinación. Después de estar diez años juntos en Nueva York, la actriz que dejó su Los Angeles natal y a su familia para seguir al director vanguardista de teatro Off Broadway, se hartó. Lo ve como un egoísta, que piensa y ama más a su trabajo que a ella. Y rodar el piloto de una serie de televisión la devolvería a Los Angeles, a su casa de familia. “Tengo una opinión”, le dice a Charlie, como si fuera una enunciación de principios y pareciera ser la primera vez que hiciera. Pero tienen un hijo, Henry, y será la tenencia del menor la que desencadene, o saque, más que a relucir, a la intemperie, un montón de asuntos callados, mal guardados. Como una suerte de Kramer vs. Kramer del siglo XXI.

Mientras Charlie creía que vivían un amor de ensueño, con su compañía teatral en la que él dirigía a su esposa más que de fondo de pantalla, ella comenzaba a sentirse asfixiada. Las recriminaciones serán mutuas -en eso el filme está balanceado, no como en la película con Dustin Hoffman y Meryl Streep- y la guerra de trincheras se entabla a partir de que Nicole lleva a Henry con ella a Los Angeles y plantea la separación.

Es, también, la eterna disputa artística entre Nueva York y Los Angeles (Charlie está por llevar aquella obra de la que Nicole fue protagonista y se bajó, a Broadway), la de la industria del divorcio (la escena en que con los abogados intentan un arreglo y se interrumpe por un almuerzo recuerda al “efectivo o American Express” en la escena del aborto en Fama, de Alan Parker), pero más que nada el amor que tuvieron, que sienten y que vayan a saber cómo seguirá.

Lo mejor de Historia de un matrimonio es la humanidad que brota de sus personajes, de sus diálogos –tremendos y/o terribles, pero sinceros- y las encarnaciones de Adam Driver y Scarlett Johansson. Si para muchos son los actores de las sagas de Star Wars (él es Kylo Ren) y Avengers (la Viuda negra), a partir de que vean en la comodidad de su sillón los tour de forcé que tienen, los verán con otros ojos.

Driver es capaz de estallar, aquí, como nunca lo hizo ni siquiera en Paterson, en la actuación que seguro le traerá un Oscar. De él brotan quizá los momentos de mayor intensidad -está claro que vemos la separación mucho más desde su punto de vista, desde que él no se da cuenta de lo que está por enfrentar-, pero Johansson tiene lo suyo. El guión la pone en la situación de la mujer de este siglo XXI, independiente y con derechos asumidos.

¿Hollywood se rendirá ante Netflix y le dará su primer Oscar a la mejor película? Historia de un matrimonio tiene la calidad y las cualidades para merecerlo.

Pablo O. Scholz/Clarín

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