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Harold Danko, hoy y mañana en el Bebop Club a todo jazz

El pianista estadounidense se presenta con distintas formaciones en el emblemático recinto.

Un pianista cautivante, con sonido propio y un estilo que transmite una permanente sensación de aventura. Harold Danko ( 72) afirma: “No aprendemos a improvisar, improvisamos para aprender”. Y en medio de su charla con Clarín sostiene, además que es un imperativo del jazz conocer la tradición.

“Mi primer contacto con la escena importante del jazz fue en 1972, con la orquesta de Woody Herman, donde conocí a Jay Anderson y Jess Hirschfield (contrabajo y batería, respectivamente, de su actual cuarteto); al tiempo toqué con Gerry Mulligan, con Chet Baker, con Lee Konitz y, por cierto, con todo músico que llegaba a Nueva York. Entonces cuando, llegó mi oportunidad de tocar con la orquesta de Thad Jones y Mel Lewis me sentía listo”, señala el pianista, que también se presentará en cuarteto y en dúo con el saxo tenor Rich Perry, el jueves y viernes, en Bebop.

Danko nació en junio de 1947, en Ohio. Miembro de una familia abierta a la música, comenzó a tocar el piano a los cinco años y a los siete ya estudiaba con orientación al piano clásico. Músico de una prolífica carrera discográfica, con más de 30 trabajos como líder, entre los que se destacan su primer disco Harold Danko Quartet (1974); Shorter By Two (1983), dúo de piano con Kirk Lightsey; Next Age (1993) en cuarteto con Rich Perry ; Stable Mates (1997); This Isn’t Maybe (1999), piano solo, Prestigious (2001), dedicado a Eric Dolphy y, recientemente, Lost In The Breeze (2016) y Triple Play (2017), en trío; también colaboró con Baker -de los cuatro discos grabados con el trompetista se destaca, por ejemplo, Chet Baker in Tokyo (1988)- y con Konitz, con quien grabó seis discos, entre ellos Yes, Yes Nonet (1979) y The New York Album (1988).

-¿Fue un aprendizaje intenso?

-Ya lo creo. Todos esos años fueron como ir a la escuela, y mi graduación fue entrar en la orquesta de Jones-Lewis. Lo que conseguían ambos era una unión musical muy fuerte y motivante. Recuerdo que Thad Jones me tenía mucha confianza y eso me hacía sentir seguro. Me ayudó a crecer musicalmente y además, rodeado de grandes músicos y ante una audiencia seria.

-Hay un imperativo en el jazz, de conocer la tradición. No debe haber ni uno solo de los grandes músicos del género que no la conozca. ¿Cuál es su reflexión, como docente, sobre esta idea?

-Absolutamente necesaria. Conocer la tradición es una condición que no debe faltar en un músico de jazz, pues le permite ampliar sus canales de aproximación. Hoy hay muchísima información, y si no se hace una selección es muy difícil abarcar todo. Sigo creyendo que leer el material que viene en los discos es una forma de interiorizarse y conocer su historia. Uno está escuchando un disco de Horace Silver y en la contracubierta se habla de Bud Powell y vas a Powell. Escuchar a los músicos que escuchan los músicos es una forma práctica de ir conociendo la tradición. Quizá con toda la tecnología actual se pierde ese tipo de recursos. Cuando salió mi oportunidad de tocar con Lee Konitz, corrí a casa a escuchar los discos que tenía de él, ésa era mi manera de acercarme a su música.

-Usted afirma que no aprendemos a improvisar, sino que improvisamos para aprender. ¿Es así?

-Es la mejor frase que dije nunca; Chick Corea la repite citándome. Es cambiar un paradigma, porque un músico a medida que improvisa va conociéndose y descubriendo caminos impensados, que después se convierten en composiciones y lo que será su propio estilo.

Danko Quartet. Hoy, a las 20.30 y 22.45, Danko & Perry Quartet; y el viernes, a las 21 y a las 23.15, Danko & Perry Duo, en Bebop, Moreno 364. Entradas desde $700.

Clarín/Espectáculos

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