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Habla Javier Weber, un emblemático coach del voley nacional

Está a cargo de Bolívar, con el que comenzará una nueva edición de la Copa Libertadores.

Los tres buzos que se calzó en casi dos décadas como entrenador contrastan con las 13 camisetas que vistió como jugador. La culpa es de Bolívar. El equipo celeste lo cobijó en 2006 y su nombre es casi un sinónimo de las Águilas. Pero Javier Weber es más que eso: es la cabeza de un proyecto deportivo que hasta incluye al fútbol. Sin embargo, la charla con Clarín girará acerca de su gran pasión y del cargo que ejerce hace 20 años, durante los que no se cansó de sumar títulos.

-¿Cómo fuiste cambiando con el tiempo como entrenador?

-He cambiado bastante. Ya por el mero hecho de que las reglas del juego cambiaron muchísimo. En términos de conducción, también, porque no es lo mismo cómo pensaba y cómo se dedicaba un jugador de hace 20 años a uno de hoy. Lo más importante es renovarse, poder sacarle lo mejor a cada jugador y hacer un equipo. Metodológicamente cambié muchísimo. No es lo mismo atacar un problema con un jugador de 32 años que con uno de 20. No era igual antes ni lo es ahora, aunque la situación sea la misma.

-¿Cuáles son las claves de la forma en que encarás tu profesión?

-Hace 20 años, los intereses eran otros. Hoy todo está cerca, al alcance de la mano, y el jugador llega muy rápido a lugares que antes eran más difíciles de alcanzar social, económica y popularmente. De ninguna manera soy amigo de ellos; sí hay una relación estrecha en términos de confianza y credibilidad. Puedo tener diferentes métodos para buscar llevarlos a su máxima expresión, pero lo más importante de la relación DT-jugador es la credibilidad. El jugador debe saber que hay una relación de igualdad: que si ganamos, ganamos todos, y si perdemos, lo mismo.

-¿Qué fue lo más difícil a lo que debiste adaptarte?

-He tenido situaciones en las que creía que podía resultar un método, pero tuve que cambiar sobre la marcha. Hace dos temporadas, ganamos la Liga en el quinto partido de la final contra UPCN con un equipo que no tenía “mi cara”. Yo eso lo sentía y la solución fue adaptarme al que fue el equipo, en lugar de obligarlos a ellos a adaptarse a lo que yo pretendía. Aquel equipo no representaba el juego que pregono como entrenador, pero yendo por otro camino pudimos conseguir el objetivo que queríamos. Eso fue algo que no esperaba. Lo más importante es mostrarle el camino al jugador, porque necesita saber para dónde va y por qué.

-Con la Selección se dio algo curioso. Fue exitosa e incluso medallista olímpica mucho antes que otras disciplinas como el básquetbol, el hockey o el rugby. Sin embargo, con el tiempo esos otros deportes terminaron «superándola». ¿Por qué creés que sucedió?

-Empecemos por el vaso medio lleno. El gran mérito del vóleibol fue mantenerse entre los 10 mejores del mundo durante muchísimas camadas. No sé si estábamos para ser los número 1 y por eso para mí es importante mantenerse entre los ocho. Es verdad que en los últimos Mundiales no lo conseguimos y eso llama la atención. ¿Podríamos haber estado para más? Puede ser. ¿Por qué no pudimos? Creo que a nivel equipo todavía nos falta crecer un poco más. Quizás pecamos de individualistas y no le pasa sólo al vóley. En ese sentido, el básquetbol mostró un apego al juego colectivo en su máxima expresión. A nosotros tal vez nos ha faltado apoyarnos en el otro. Cuando necesitás del otro para ayudarte y lo aceptás, los equipos explotan todo su talento individual al servicio del equipo. Creo que esa es la gran base que dejó la Generación Dorada y que en el vóley necesitamos desarrollar.

-Tu etapa como DT de Argentina, ¿la padeciste o la disfrutaste?

-La disfruté a pleno, sin dudas. Es un orgullo y un placer enorme haber sido técnico de la Selección y de lo que me tocó, que fue dejar una camada de jugadores afuera y poner chicos muy jóvenes, que hoy perduran después de 10 años. Los puse en 2010 y sigue más del 50 por ciento. La Selección es lo máximo para un deportista o un entrenador.

-¿Y puede tener otro capítulo a futuro tu relación con ella?

-¿Por qué no? Claramente. Soy muy abierto en eso y ojalá así sea. Hoy la Selección está en grandísimas manos. Marcelo (Méndez) es un excelente entrenador, ganador y con un proyecto integral. Argentina depende de algo así y no de un proyecto personal. Estamos por muy buen camino. Pero a la Selección no la descarto. Nunca se le dice que no.

Mauricio Codocea/Clarín

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