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Guillermo Bértola fue sancionado con cuatro años por doping biológico

El nadador argentino perderá los títulos y premios logrados desde 2018.

“La verdad, me sorprendió. Me dejó helado”. Así arranca Guillermo Bértola su charla telefónica con Clarín, horas después de que la Federación Internacional de Natación (FINA) confirmara la sanción de cuatro años que le había impuesto en enero por considerar que cometió doping biológico al no informar sobre una transfusión de sangre que se realizó hace dos años. El cordobés de 30 años -que perderá los logros conseguidos a partir de 2018, tanto en el plano deportivo como económico- está dolido, cansado y no entiende por qué, si él admitió su culpa y reconoció su error, fue castigado con una pena tan dura.

“Me parece muchísimo cuatro años. No quiero mencionar nombres, pero sé que hay casos similares que han tenido una pena mínima. Y a mí se me está juzgando con una pena máxima, considerando además que a lo largo de 2018 he pasado alrededor de ocho o siete controles y todos dieron negativos. También en 2019 me hicieron como seis controles con los mismos resultados. La verdad no entiendo por qué tan severa la sanción”, cuenta el campeón mundial del Grand Prix de aguas abiertas de 2017.

Y agrega: “A mí me llegó la sanción en enero pasado y yo fui a hablar como nadador directamente con la FINA. No me habían encontrado nada en la sangre. Entonces pensé ‘no necesito ningún abogado para reconocer lo que está mal’. Yo sé lo que hice, lo que estuvo mal. No necesitaba ninguna estrategia jurídica para tapar el exceso de sangre que encontraron. Solamente tenía que ir con mi palabra, decir lo que hice y admitir mi error. Y siempre tuve la sensación de que, por cómo me había manejado, se iba a reducir a la mitad la sanción. No esperaba un castigo de este tipo. Porque no solo son cuatro años. Son dos años para atrás en los que pierdo todos los resultados que he obtenido. Son prácticamente seis años. La verdad es una pena muy dura”.

Bértola recuerda las fechas que lo llevaron a esta situación con claridad. Cuenta que el 23 de enero de 2018 se realizó una transfusión de sangre después de haber sufrido una gastroenteritis. “Estaba anémico, me sentía sin fuerzas para competir”, reconoció hace unos meses cuando se hizo público el resultado adverso. El 1° de febrero, le realizaron un control antidoping. Fue en la previa de la clásica Santa Fe-Coronda, en la que se impuso tres días después, el 4 de febrero. Y el 20 de enero pasado, la FINA le comunicó la suspensión provisoria y le dio la chance de contar su verdad.

“Uno de los puntos que marcaba la FINA era que si uno admite lo que hizo, la pena no es tan dura. Así que opté por no usar abogados y contar mi verdad. No sé si en el mundo hay que moverse a través de lo jurídico para poder llegar a un acuerdo, pero hoy siento que no vale nada la palabra de un atleta hacia un ente como la FINA”, se queja el cordobés, a quien la sanción le costará, por ejemplo, la medalla de plata que ganó en la prueba de aguas abiertas en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

“Me siento muy mal, con mucha nostalgia. No pretendo que se me exonere ni que se me perdone, sino recibir una pena justa. Que sirva como ejemplo, si es necesario. Y de esta manera cumplir la sanción por el error que cometí”, aclara.

La suspensión de cuatro años comenzó a regir en enero de 2020 y le impedirá competir hasta enero de 2024. Entonces, Bértola tendrá 34 años, una edad con la que aún podría aspirar a un regreso exitoso en el plano internacional. Sin embargo, la sanción parece ponerle fecha de expiración a su carrera.

“Con 20, 22 o 24 años, sabés que podés volver. Pero a los 30 y cuando lo único a lo que te dedicaste toda tu vida es a nadar, tenés que pensar en el futuro. Porque cuando se recibe este tipo de sanciones, automáticamente, como corresponde, se quita todo tipo de apoyo y sponsors y uno queda a la deriva. Y aunque quiera seguir entrenando, no pude hacerlo siete u ocho horas por día como venía haciéndolo, porque tiene que generar algún tipo de ingreso económico para mantenerse. Si son dos años, uno puede ir especulando, haciendo algunas cosas, entrenando… Pero cuatro años es mucho. Estar ese tiempo sin actividad y sin cobrar nada es muy duro de llevar adelante, sobre todo en el alto rendimiento, y por más ganas que tengas”, analiza-.

A pesar del dolor, Bértola se sitúa en el marco de la situación mundial actual y reflexiona: “Si bien lo mío es una tragedia, hay cosas mucho peores. Sé que hoy hay gente que la está pasando realmente mal, mientras yo estoy quejándome de algo como esto… Hay médicos luchando contra el coronavirus y sin ir más lejos, tengo un compañero que perdió al padre la semana pasada. Eso es algo que a uno lo pone en perspectiva, le hace pensar ‘Tan mal no estoy, comparándome con otros casos’. Pero igual me da bastante bronca, porque me parece un poco injusto”.

El cordobés también se acuerda del respaldo que recibió de varias personas del ambiente de la natación. “Siempre me han hecho sentir apoyado de manera humana. Recibí el apoyo de muchos entrenadores y dirigentes, que me desearon que esto saliera lo mejor posible. No como federación, porque entiendo que no se puede apoyar como federación una situación como esta, pero sí como personas”. Y se prepara para seguir peleando con otra estrategia.

“Al principio no quise llevar todo a un abogado. Simplemente fui y conté la verdad. Y varias personas me dijeron que en esto la verdad no vale, siempre se necesitan estrategias jurídicas. Y estoy muy apenado porque fui a admitir mi error y me encontré con un baldazo de agua fría. Así que ahora sí decidí hacer una apelación a través de un proceso jurídico. Le di todo lo referente al caso a mi abogado y le dije que tiene todo lo que necesita de mi parte. Pero yo ya no tengo más fuerzas para pelear con la FINA porque me doy cuenta de que mi palabra, lo que diga yo, no cuenta, no vale”, explica Bértola.

Desanimado., no está dispuesto a dar por perdida la batalla. “No quiero que esto quede así. Me gustaría volver lo más pronto posible. Hoy ya las fotos que miro de 2019 me producen un poco de nostalgia. Y el día de mañana, cuando sea grande, quiero poder mirar esas fotos y sonreír, no que me recuerden a algo oscuro que pasó y terminó con mi carrera deportiva”, se ilusiona.

Luciana Aranguiz/Clarín

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