
Con Tecnópolis a tope de público (hubo más de 70 mil personas) y luego de una jornada que se extendió por más de siete horas con shows para todos los gustos en cinco escenarios, pasadas las 22 del sábado llegaron los números principales del primer día del Quilmes Rock 2022.
Primero fue el turno de Las Pelotas. Los de Germán Daffunchio lanzaron su arsenal de emociones vernáculas de la mano de Qué podés dar. Pronto Pará con la papa sumó intensidad y encendió a ese público fiel del que Las Pelotas puede presumir, la auténtica media naranja del grupo del oeste bonaerense.
De comienzo desparejo, el sonido fue mejorando con el correr de los temas. La puesta en escena y sobre todo el trabajo de luces fueron pros con brillo propio, ayudando a canciones sentimentales como Víctimas del cielo o Como se curan las heridas a dar en el blanco de sus intenciones. El final a toda fiesta con Capitán América funcionó como desahogo y festejo: los músicos sonreían y los fans dejaban la voz en cada palabra.
Minutos después se iluminó el escenario contiguo y una señal rota de televisión comenzó a anunciar que Gorillaz -la aventura más ambiciosa de Damon Albarn- estaba por tomar las tablas. La sola presencia en escena de la numerosa formación ya generó el delirio. M1 A1 rompió el hielo a fuerza de guitarras tocadas con la sutileza de un hooligan y un nivel de poderío al que el sonido del show lamentablemente no le hizo justicia.
Pero nada frenó a un Albarn inspirado y así fue que, envuelto en ropas blancas, moviéndose como un duende alucinado, se encomendó al fino arte del entretenimiento con clase. Acto seguido, las notas de Strange Timez incrementan el nervio y la voz sampleada de Robert Smith (The Cure) hipnotizó cual chamán holográfico. Cuando el tema entró en régimen rítmico, todo comenzó a fluir.
El setlist fue una delicia para cualquier fan del grupo y una razón para enamorar a ajenos: quien pueda contar con temas del nivel de Last Living Souls, Rhinestone Eyes, 19 2000, Stylo o Andromeda tiene medio show ganado antes de comenzar.
Pero más valioso aún es lo que Gorillaz transmite a veces de manera obvia, otras subliminal. El proyecto funciona como una usina de canciones casi perfectas, sí, pero su máximo aporte es una cosmovisión apasionante sobre lo necesaria que es la multiculturalidad (no confundir con globalización, por favor).
A través de colaboraciones impensadas, influencias musicales de los cinco continentes que adornan con gran exquisitez ese indisimulable ADN pop y una banda multirracial -tanto en su versión gráfica como en la de carne y hueso-, Gorillaz tuerce, desde Inglaterra, el discurso clásico y eterno del rock y el pop, poniendo en jaque mate al purismo.
Basta tomar como ejemplo la magnífica participación de Trueno para el cierre del show con Clint Eastwood.
El referente local rapeó a sus anchas, canchero y solvente. Y usó el sonido, el ritmo y la actitud como conectores naturales: mientras improvisaba con sus palabras sobre La Boca con guiños al argot porteño, Albarn tocaba en una melódica el clásico arreglo dub del máximo hit gorillero.
Ayer, otra vez ante una multitud, en la segunda jornada del festival tocaron entre otros, Dante Spinetta,Massacre, Los Tipitos, Turf, Los Auténticos Decadentes, Lit Killah y Nathy Peluso. Al cierre de esta edición se esperaba la actuación de Divididos y Catupecu Machu.
Adriano Mazzeo/Especial para Clarín
MG Radio 24 Villa Pueyrredón