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Golazo de Hauche y Racing se quedó con el Clásico. River no reacciona

Hauche metió una diablura en el área Roja y definió el Clásico.

La ansiedad domina bajo el cielo de Avellaneda. Independiente busca el empate con desesperación. Racing no juega más. Hasta que llega el final y la explosión. Y el grito contenido de los hinchas, que poblaron las tribunas y sufrieron un segundo tiempo de preponderancia roja. Sin embargo, en estos últimos tiempos, y más allá del historial del que se jactan en Bochini y Alsina, las sonrisas suelen ser celestes y blancas.

La Academia gana, una vez más. Como en cinco de los últimos seis clásicos y con un gol que será leyenda, la chilena de Gabriel Hauche. Entonces, el estadio se transforma en un boliche. Con la complicidad de esa música que fluye de los altoparlantes, la gente canta, baila y se olvida del padecimiento de cuarenta y cinco minutos que se sostuvieron en los guantes de Gastón Gómez, en la firmeza de sus centrales y en la ineficacia de un rival al que debió liquidar en la primera etapa.

Racing pasó de imaginarse una goleada a preguntarse si podía terminar con tres puntos la noche en Avellaneda. Independiente pensó que se le venía el Cilindro encima, pero terminó peleando hasta el último instante. Mereció algo más, claro, pero el consuelo no suma en ninguna tabla. Y pese a la actitud que mostró el equipo en el complemento, la segunda derrota consecutiva, justo en el derby, nada más y nada menos.

Las razones para explicar el partido habrá que encontrarlas en el penal que falló Copetti, que hasta ese momento estaba jugando en un gran nivel. Racing se había puesto en ventaja con una pirueta del Demonio, un recurso extraordinario en una pelota parada que llegó desde la derecha, cuando Joaquín Laso bajó a Vecchio y Rapallini cobró la infracción. El chaqueño le apuntó al palo. Y dejó vivo a Independiente cuando había sido muy superior.

Por dinámica, por intensidad, por despliegue, especialmente de sus extremos, la Academia impuso condiciones. Esta vez, sin juntar tantos pases. Resultó más directo y desnudó las fragilidades de Independiente por los costados. Sobre todo, por el sector de Damián Batallini, quien no terminó expulsado porque Rapallini no tomó la decisión que correspondía.

La pasó mal el ex atacante de Argentinos, a quien Domínguez le asignó la tarea de colaborar con Lucas Rodríguez para tapar las proyecciones de Mura, pero especialmente, contener a Hauche. Sin embargo, no sólo perdió el duelo contra la raya; estaba amonestado, cometió una infracción sobre Hauche y el árbitro se guardó la segunda amarilla. El técnico entendió que difícilmente Rapallini podía perdonar otra falta. Entonces, mandó a la cancha a Fernández.

Racing jugó a bordo del 4-3-3 habitual, aunque fue algo más explosivo. Cada vez que despegaban Eugenio Mena, Tomás Chancalay o el Demonio, la Academia desequilibraba. Independiente sólo inquietó en ese período con alguna pelota parada producto de una peligrosa tendencia que tuvo Racing: cometer faltas muy cerca del área. Con Lucas Rodríguez como ejecutante, no aprovechó el buen juego aéreo de Sergio Barreto. El formoseño ganó dos veces en el área de Gastón Gómez, pero sin potencia ni precisión.

El segundo tiempo fue completamente diferente. Y Domínguez hizo un cambio que mejoró su equipo: Tomás Pozzo por Gabriel Hachen. La pregunta, entonces, tiene que ver con la formación inicial: ¿por qué no jugaron de entrada Fernández y el pibe, habilidoso y atrevido?

Lo cierto es que Independiente manejó la pelota, se hizo fuerte en el medio con Lucas Romero y ganó terreno en el campo de Racing. Sin embargo, no tuvo puntería. De un córner de Pozzo al primer palo, casi lo empata Fernández. Hubo un tiro de media distancia de Iván Marcone. Y Chila Gómez tapó dos pelotas bárbaras. Una a Ferreyra y otra a Romero.

Independiente tuvo problemas para resolver en el área. Falló mucho Vigo en cada centro. Racing batalló con Jonathan Gómez –ingresado por el lesionado Vecchio-, con Alcaraz, que también entró en el segundo tiempo, y Moreno, que levantó después de una descolorida primera mitad.

Copetti se pinchó después del penal y Carbonero entró mal. Por eso no salió una contra. Pero terminó festejando Racing, que agrandó la herida de Independiente. Los clásicos, en definitiva, se ganan. Y el desarrollo y el contexto, poco importó para esos hinchas que se iban felices por Mozart y Corbatta.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

River cayó con Godoy Cruz en el Monumental y no se recupera tras el traspié en la Libertadores.

Como si hubiese pasado un terremoto por Núñez, River quedó arrasado.

En menos de una semana se quedó eliminado de la Copa Libertadores y lejos de la cima de la Liga Profesional. Cayó como local 2-0 ante Godoy Cruz y el panorama es sombrío.

River fue un domingo gris de invierno: deslucido, deprimente, desolado. Y su presente es un desconcierto. Porque lo que perdió el conjunto de Marcelo Gallardo es mucho más que un partido. Porque ya no asusta como otros momentos a sus rivales. Ya no los pasa por encima al margen de cómo sean los resultados. Ya no tiene el juego fluido que lo destacó. Y de repente se transformó en un equipo muy terrenal en el que probablemente sea el peor momento del ciclo del Muñeco.

El Millonario sintió el golpe de la eliminación con Vélez en la Copa Libertadores. Y jugó uno de los más flojos primeros tiempos que se recuerden. De hecho, fue muy impreciso y de la única manera que intentaba llegar era con pelotazos. Desanimado, caído, débil, el equipo de Núñez puso la cara y recibió más cachetazos. En tres minutos Godoy Cruz le hizo dos goles. Y los convirtió con esas fórmulas que River perdió.

En el primero, hubo un pase al espacio para que Martín Ojeda quedara mano a mano con Armani y definiera con un zurdazo bien colocado. El asistente 2 había levantado la bandera pero el futbolista del Tomba estaba habilitado por González Pirez -debió haber sido expulsado en otra jugada- y el VAR corrigió. Antes de que Ojeda recibiera la pelota, a Paulo Díaz le pasó entre las piernas y no pudo interceptar el pase.

Godoy Cruz vio que River estaba en el piso y lo aprovechó. Un ratito después, el conjunto mendocino presionó la salida rival, Bullaude recibió y abrió a la izquierda y Ojeda tiró un centro rasante para que Abrego empujara la pelota al aparecer solo por el medio del área. Los goles del Tomba no fueron casuales. Un rato antes había estado cerca de Armani con un centro que Salomón Rodríguez no llegó a conectar y con un cabezazo de Allende que se fue cerca. En cambio, River apenas inquietó con un remate cruzado de Beltrán cerca del final de la primera mitad.

Tan flojos fueron los primeros 45 minutos de River que Gallardo hizo cuatro cambios en el entretiempo. Godoy Cruz se había quedado con uno menos por la expulsión de Ferrari (Lamolina le sacó dos amarillas por dos faltas seguidas luego de haber dado continuidad en el juego) y el equipo local no pudo aprovecharlo.

Si bien River levantó con el juego de Santiago Simón y algunas pinceladas de Barco, no pudo plasmarlo en la red. Mucho tuvo que ver también Diego Rodríguez, que atajó todo lo que le tiraron en el segundo tiempo. Y a través de sus manos, Godoy Cruz sostuvo el resultado. El ex Independiente sacó entre cuatro y cinco pelotas con destino de gol y una de ellas fue impresionante al sacarle un cabezazo a Beltrán tras un centro de Díaz.

Godoy Cruz fue paciente a la hora de defender y, cuando asomó la cabeza luego de los momentos en los que River más lo apretó, volvió a aparecer Ojeda para darle juego y armar contraataques que no llegaron a buen puerto porque le faltó frescura. Y fundamentalmente se vio la mano de sus entrenadores, la dupla que conforman Favio Orsi y Sergio Gómez, que levantaron a un equipo que estaba más para descender que para quedarse en Primera y hoy está entre los cinco primeros del campeonato.

A River le faltó motivación. Y deberá encontrarla rápidamente para que el tránsito hasta octubre no sea lento y acumule más golpes. Y habrá mucho que corregir. ¿Podrá arreglarlo con la llegada de Miguel Borja? Es que ya no parece una cuestión de goles, por más que ayer no haya tenido atacantes en el banco de suplentes.

Es un problema de funcionamiento. Y de que ya no genera tanto como antes por más que hizo revolcar al arquero rival en el complemento.

Da la sensación que River está perdido. La última jugada es una muestra de ello. Beltrán empujó la pelota para convertir el descuento y Herrera se metió adelante y desvió el remate. Insólito. Y lo más preocupante es que Gallardo también parece desenfocado. Se fue expulsado. Otra señal de desconcierto.

Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes

OTROS RESULTADOS

Lanús 2 – Huracán 3

Estudiantes 2 – Central Córdoba 2

Atlético Tucumán 2 – Gimnasia 0

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