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Godoy Cruz goleó a Independiente y el Ciclón volvió al triunfo ante Defensa

Todos abrazan a Martín Ojeda tras convertir el gol que cerró la goleada Tombina.

“Borombombóm, borombombóm, es el equipo del traductor”, cantan los jugadores de Godoy Cruz en alusión a Diego Flores, el hombre que dejó de trabajar con Marcelo Bielsa para arrancar su propio camino como entrenador, cruzó el Océano Atlántico y se instaló en Mendoza. Luego de cinco partidos, cuatro por la Liga y uno por la Copa Argentina, le dio una impronta al Tomba, que juega muy bien al fútbol, está invicto desde la llegada del nuevo técnico y convirtió 16 goles. Ayer, goleó 4-1 a Independiente en Avellaneda, nada menos.

Si bien Flores ya aclaró que no fue traductor (comenzó como pasante y terminó siendo asistente técnico) de Bielsa, más allá de darle en algunas ocasiones una mano con el idioma, también admitió que el sobrenombre le cae simpático. Así, rápidamente se metió en el plantel de Godoy Cruz, al que le despertó atributos futbolísticos que, evidentemente, estaban ocultos.

Por citar algunos casos desde lo individual, Ojeda potenció lo que venía mostrando; Elías López ya no es más ese lateral contenido que asomó en River y ahora pasa al ataque con criterio y hasta se anima a patear tiros libres; Bullaude es un mediapunta que se mueve por todo el frente de ataque, asiste y convierte; y Badaloni es un goleador con destellos. Y en lo colectivo, en apenas un puñado de partidos, Flores le dio una identidad al equipo: tiene intensa presión, rápida circulación de pelota, precisos contraataques y manejo de los tiempos.

Así como pasó con Racing, al que eliminó de la Copa Argentina la semana pasada, Godoy Cruz también sorprendió a Independiente y le dio un duro cachetazo para devolverlo a la realidad y alejarlo de la punta. Luego de un inicio parejo, en el que jugaban casi espejados y había duelos interesantes en las bandas, como los de Burgoa-Bustos de un lado y López-Velasco del otro, Godoy Cruz empezó a sacar ventajas a partir de la concentración. El rebote de un remate de Acevedo que dio en el palo fue captado por Badaloni, quien tardó en definir y luego de pegarle apurado de zurda, contó con la complicidad de Ortega, quien se llevó por delante la pelota y la metió en el arco propio.

Esa falta de atención y de concepto se evidenció también en Independiente sobre el cierre de la primera mitad, cuando Domingo Blanco quiso gambetear ante dos jugadores de Godoy Cruz (Burgoa y Ojeda) que lo presionaron contra el lateral, le robaron la pelota y nació el contraataque del segundo gol, que fue un golazo: pase de Ojeda para Bullaude y éste con un movimiento corporal se sacó de encima la marca de Bustos y le sirvió el gol a Badaloni.

Antes de que Independiente pudiera reponerse, Godoy Cruz volvió a golpearlo al inicio del segundo tiempo.

Lo presionó en los últimos metros y entre López, Bullaude y Acevedo gestaron el tercer gol. El volante central trabó con Romero y le dejó los tapones (los jugadores de Independiente protestaron la falta), López tiró el centro, Insaurralde casi la mete en contra y luego del rebote que dio Sosa, Bullaude estampó el 3-0 de cabeza.

Independiente estaba perdido, desorientado. Y ni siquiera pudo sacarle jugo al golazo de Márquez para reaccionar. Casi que no significó nada ese tanto para el Rojo. Volvió a repetir errores, siguió desconectado entre todas sus líneas y muy mal parado en defensa. El conjunto visitante lo aprovechó y liquidó el partido a puro toque entre Badaloni y Ojeda, quien marcó el cuarto gambeteando a Sosa y definiendo de zurda.

En tres de los cinco partidos con Flores en el banco, Godoy Cruz anotó cuatro goles. Hay una idea clara. Así, el ex ayudante de Bielsa rompió con un viejo axioma que habla de los tiempos de trabajo para encontrar un funcionamiento.

Maximiliano Benozzi/Clarín

Siro Rosané celebra su gol que, a la postre, le dio el triunfo al Ciclón.

La última pelota, ese centro de Miguel Merentiel que cabeceó Walter Bou y se perdió muy cerca del arco de Torrico, es todo un testimonio de los noventa minutos. También, los aplausos del nutrido grupo de allegados que vino desde Florencio Varela.

Defensa y Justicia dominó todo el partido, especialmente en el segundo tiempo, cuando descontó gracias al gol de Pizzini, y buscó con desesperación el empate. Pero ganó San Lorenzo, a pesar del sufrimiento y la angustia. Aprovechó dos pelotas paradas en el primer tiempo para hacer del oportunismo y la efectividad un canto. Se sostuvo en las manos de su veterano arquero, aguantó peligrosamente atrás y no lo liquidó por sus enormes carencias para terminar cada contraataque. Fue un triunfo necesario en el medio de un clima de tensión institucional y deportiva.

No necesitó generar grandes sociedades San Lorenzo; le alcanzó con dos tiros libres. Y mucho sacrificio, claro. Porque correr detrás del que ostenta la tenencia supone mayor despliegue físico. Posesión sin profundidad fue un mal cóctel para Defensa y Justicia en la primera etapa. Recién en el complemento Beccacece movió el banco, su equipo ganó terreno y fue mucho más incisivo.

Montero conoce las limitaciones de su plantel. Por eso no arriesga desde la postura. Porque podrá partir del 3-4-3 en el arranque, pero rápidamente, cuando se acomodan las fichas, Herrera y Fernández Mercau son dos laterales que pasan poco al ataque. En el primer tiempo estuvieron más ocupados en contener a Rotondi y Paredes, ambos intermitentes.

Defensa elaboró por adentro con Gutiérrez como salida, pero fue impreciso cuando buscó el pase largo cruzado. Eran buenas las intenciones del volante central, que buscaba romper cuando San Lorenzo asomaba desde el fondo, pero le faltó estar más fino. Lo mejor que produjo fue una pelota parada, ya en desventaja, que no terminó en empate por la gran reacción de Torrico. Ejecutó el tiro libre Soto, cabeceó Colombo y el arquero de 41 años mostró reflejos.

San Lorenzo consiguió el gol que le abrió las puertas de la victoria desde un tiro libre de Nicolás Fernández. Dos veces sacudió Uvita, dos veces rebotó la pelota en la barrera y su homónimo Mercau aprovechó el tercer intento para vulnerar a Unsain con un zurdazo violento y rasante.

A pesar de que el cuerpo ya le pasa factura por la edad, Ortigoza tiene una claridad conceptual sin fecha de vencimiento. Con un toque puede desarticular cualquier defensa. Sucedió en el final del primer tiempo, para limpiar hacia la derecha, donde por fin pudo escalar Herrera y Gutiérrez terminó bajando a Rosané. De esa infracción llegó el segundo gol. El centro de Sabella, el cabezazo de Siro, un rebote y el 2 a 0.

Beccacece sacó a Hachen, le dio alas a Merentiel y Bou se retrasó para conectar el equipo. Y en un contraataque encontró el gol. Salió largo Donatti, controló mal Uvita, Rotondi devolvió para Bou y el entrerriano metió una asistencia bárbara para que Pizzini, mano a mano con Torrico, definiera a la carrera.

Lo que siguió fue un viaje de ida hacia el arco del mendocino. Montero optó por prescindir de Sabella y Pittón y apostar a Barrios y Zapata. Buscó velocidad en el Perrito para la réplica y altura en el colombiano para los centros que se intuían en el área.

Y el Cóndor volvió a salvar ante Bou después de un tiro libre que dejó a la Panterita abajo del arco. Después, tapó ante Rotondi. El Ciclón estaba cada vez más metido atrás. Y por más revulsivo que resultara el Perrito, Di Santo tuvo una tarde negra. También Elías, reemplazo de Ortigoza, que perdió el 3 a 1. Se reclamó un penal de Donatti, pero pegó en su mano tras un rebote en Elías. El resultado no tiene correlato en el desarrollo. San Lorenzo deberá evaluar si el pan que disfruta hoy no sabe duro mañana.

Daniel Avellaneda/Clarín

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