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Emmanel Lucenti, el judoca argentino, pudo regresar al país

El luchador nacional estaba varado en Georgia.

Emmanuel Lucenti, el judoca que estaba varado en Georgia desde hacía casi medio año, finalmente pudo volver a Argentina. Cuando creía que ya todo estaba perdido, se encontró con la mano de Ricardo Fernández Núñez, el empresario que hizo su aporte para que varias familias argentinas llegaran a Ucrania a conocer a sus hijos nacidos en vientres subrogados.

Como miles de atletas en el mundo, Lucenti buscaba a comienzos de año la manera de clasificarse a los Juegos Olímpicos de Tokio compitiendo en distintos puntos del mundo. El tucumano, tres veces olímpico y ganador de un diploma en Londres 2012, viajó en enero a Georgia. Allí y en países cercanos tenía programado competir en seis torneos durante 70 días.

Debido a la extensión de la travesía se llevó a su esposa y su pequeño hijo. Algunas semanas después también viajaron su mamá y su hermana, que aprovecharían para recorrer.

Claro que el brote mundial del coronavirus trastocó todos los planes. De repente se cerraron todas las fronteras y Lucenti, que ya estaba pagando los vuelos de regreso originales, no tuvo cómo solventar alguno de los carísimos viajes de repatriación.

De hecho, para entonces ya se había mudado cinco veces porque no tenía cómo pagar los alquileres. Su mamá y su hermana, mientras tanto, permanecían en un hostel.

“Tuvimos la chance de volver desde Turquía viajando 1.800 kilómetros en un día, pagando el taxi desde Tbilisi hasta Estambul y de ahí tomarnos un avión por 1.600 dólares cada uno. Era imposible. Estaba resignado y dolido”, reconoció Lucenti.

Fue entonces que apareció Ricardo Fernández Núñez, un cordobés dedicado a la actividad vitivinícola.

Una de las dificultades más grandes para Lucenti también terminó siendo su aliada: la falta de una embajada en Georgia. Los argentinos que necesitan asistencia en ese país deben recurrir al embajador concurrente que es el de Turquía.

Y Jorge Mastropiero, embajador en ese país, es amigo de un íntimo amigo de Fernández Núñez. “Al final, yo sólo hice de puente”, comentó el villamariense que, al margen, se hizo cargo de los pasajes de regreso de Lucenti y su familia. El lunes todos viajaron de Amsterdam a Francfort y luego de un día y medio el jueves regresaron para terminar la odisea.

Clarín/Deportes

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