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El proceso Jaguares/Super Rugby comienza a rendir frutos

La franquicia argentina está culminando su cuarta participación en el Super Rugby.

Jaguares disputará mañana su partido más importante. La chance de jugar una final inédita del Super Rugby motivó una movilización inusitada alrededor de un equipo que dentro de 48 horas tendrá un apoyo nunca visto. Pero la llegada de la franquicia argentina a las semifinales de un torneo de enorme jerarquía y competitividad en el hemisferio Sur obliga a analizar cinco puntos destacados antes del kick off frente a Brumbies.

• Las semifinales del Mundial no están garantizadas para Los Pumas. Si bien los planteles de Jaguares y del principal equipo argentino es el mismo, el Super Rugby da oportunidades que un test match no otorga. Todo es muy diferente y en Japón, cuando enfrente estén las potencias europeas (Francia e Inglaterra, en la primera ronda) habrá que adaptarse a situaciones que entre los equipos del Sur no se dan tan frecuentemente.

• El crecimiento fue evidente en cuatro temporadas. Distintos factores se sumaron para que en la temporada regular el equipo pasara de un record de cuatro triunfos contra 11 derrotas y un quinto puesto en la conferencia Africa de 2016 a la marca de 11 victorias frente a cinco partidos perdidos y el primer lugar en la conferencia Sudafricana de 2019. Uno de los más importantes fue haberse acostumbrado a los viajes -en 84 días, desde el primer vuelo a Johannesburgo del 9 de marzo hasta el último desde Brisbane del 1° de junio pasado, se cubrieron 60.565 kilómetros, casi una vuel

ta al mundo- y a las recuperaciones entre encuentro y encuentro. Y ese dato no sólo les cabe a los jugadores sino también al staff completo (entrenadores, cuerpo médico y preparadores físicos). Todos fueron aprendiendo con el correr del tiempo acerca de cansancio y jet lag. Otro punto es el de la evolución técnica, física y táctica de los rugbiers: el de Jaguares no era un equipo de jugadores mal formados pero cuando se eleva la vara, se mejora. Fue un proceso largo, pero que claramente se cumplió.

• Un grupo de jugadores está en un muy alto nivel. Hay que empezar por los famosos “tres del fondo” (fullback y wines). Si Mario Ledesma no convocó a la lista previa del Mundial a jugadores de reconocida capacidad y notable actualidad como Juan Imhoff o Santiago Cordero, más allá de cualquier especulación se debe a que esos puestos están muy bien cubiertos. Emiliano Boffelli, Ramiro Moyano y Bautista Delguy -hasta que se lesionó- lucen en un nivel extraordinario. Lo mismo sucede con Pablo Matera, Agustín Creevy (por más que se canse más rápido que antes) y Guido Petti, un forward de características muy diferentes, de baja estatura – mide 1,94 metros- para un segunda línea internacional pero dueño de una velocidad y habilidades impropias de un jugador de su puesto.

• El Super Rugby hizo evolucionar al rugby argentino. La elite mejoró con un torneo anual largo que apareció por primera vez en la historia para que los jugadores pudieran medirse contra los mejores. Eso ayudó a los rugbiers pero también a los entrenadores, quienes aprendieron a estudiar, a plantear estrategias, a analizar mejor las zonas de la cancha y a conocer más en profundidad a los adversarios. Pero también que el Super Rugby sea un torneo de mucho ritmo le vino bien a los argentinos para actuar bajo presión y jugar a una mayor velocidad y a un altisimo nivel de destrezas. El tercer ítem se refiere a la mejora del juego con el pie, un factor fundamental en el rugby moderno. Esa era una deuda que se saldó en esta temporada y en la que tuvo mucho que ver la llegada de Gonzalo Quesada al equipo. El ex apertura fue un eximio pateador a los palos y no resultó una casualidad su consagración como goleador del Mundial de 1999, pero también se destacó como estratega con su juego con el pie.

• El cambio del staff. Ledesma el año pasado y Quesada en 2019 le aportaron una impronta única a Jaguares. Y fueron factores clave para que el equipo se metiera entre los cuatro mejores del torneo. Ledesma trajo su experiencia de Francia y Australia, donde fue asistente de Michael Cheika en los Wallabies; Quesada, de Francia, donde fue campeón del Top 14. Pero además el cambio de voz y de liderazgo hizo que los jugadores mejoraran ante el desafío nuevo de mostrarse y de empezar de cero. De todos modos injusto sería olvidar a quienes pusieron los primeros ladrillos cuando no había nada construído. Como toda planificación a largo plazo, aquel fue un trabajo que iniciaron Raúl Pérez, Felipe Contepomi, Martín Gaitán y José Pellicena, por ejemplo. Claro que hubo un cambio y una evolución, pero no se pudo haber logrado lo que se consiguió sin aquellos golpes de los primeros dos años.

Después de cuatro temporadas de esfuerzos y tropiezos pero de un indudable crecimiento, Jaguares está ante su hora más esperada. Y Vélez lo esperará repleto de gente. Y de ilusiones. Ser finalista -o no- será sólo un resultado deportivo. Lo otro, de cara al futuro, es lo que más importa.

                            Mariano Ryan/Clarín

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