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El escritor francés Emmanuel Carrère ganó el Premio Asturias 2021

El autor de Limonov estuvo en la Argentina en 2015.

Viene pegando fuerte el escritor francés Emmanuel Carrère. Admirado, leído, discutido: fue distinguido con el premio Princesa de Asturias de las Letras 2021. El jurado dijo que se lo dio por haber construido «una obra personalísima generadora de un nuevo espacio de expresión que borra las fronteras entre la realidad y la ficción». Eso se dice fácil pero mezclar realidad y ficción tiene consecuencias. Así como crear un estilo propio.

Pega fuerte -además de porque viene entregando piezas maestras, desde que se decidió a dedicarse exclusivamente a la no-ficción hace quince años- porque sus «personajes» se le enfrentan, lo demandan y hasta lo desmienten.

Hace unos años contó que, después de un problema mayor por hablar de una de sus parejas en Una novela rusa, antes de publicar el siguiente libro había hecho que los involucrados lo leyeran. Pero ahí no se terminaron sus problemas. De hecho, crecieron, sobre todo en los meses de pandemia, tras la publicación de Yoga (Anagrama), su nuevo libro, recién aparecido en la Argentina.

El autor de El adversario, De vidas ajenas y Limonov -que visitó la Argentina en 2015- fue reconocido con el Princesa de Asturias porque ha «ejercido una notable influencia en la literatura de nuestro tiempo, además de mostrar un fuerte compromiso con la escritura como vocación inseparable de la propia vida», destacan.

Y es cierto, porque lo que pueden deducir sus lectores más dedicados es que su obra revela que, en definitiva, que él es su propio objeto de análisis: y que sus títulos bien pueden leerse como un autorretrato fragmentado, en el que cada relato brilla a la vez dialoga con otros.

Al mismo tiempo, surgen preguntas: ¿qué lugar le da a la imaginación y la subjetividad, puesto a reconstruir historias verídicas? La lección insoslayable que nos lega el francés es que la veracidad no implica objetividad.

Quizás sea, incluso, exactamente a la inversa: solo a partir de que asume sus reacciones y emociones, el autor puede dar cuenta de la realidad y la psicología de un otro, diferente de él pero con el que puede empatizar, incluso en los casos en que sus acciones resultan incomprensibles.

El jurado dice más. Dice que «sus libros contribuyen al desenmascaramiento de la condición humana y diseccionan la realidad de manera implacable». Este año ese jurado lo formaron Santiago Muñoz Machado, Leonardo Padura, Laura Revuelta Sanjurjo y Carmen Riera Guilera.

Quienes hayan leído a Carrère, saben que este novelista, ensayista, crítico cinematográfico, documentalista, cineasta y polemista (su libro sobre Werner Herzog es canónico) es considerado desde hace años como un referente indiscutido de la literatura de no-ficción, el género literario basado en hechos reales.

Carrère acaso sea, además, el mayor escritor francés vivo. Algunas de sus obras, como esa impactante novela que es El adversario, así como De vidas ajenas o Limónov, prueban que además de un narrador soberbio es un avezado investigador, capaz de perseguir los datos menos evidentes de una historia con obsesión.

En esa joya imperdible que es El adversario (2000), por ejemplo, el escritor narraba la trágica historia de un hombre (Jean Claude Romand) que mató a su familia después de 18 años de simular una falsa identidad.

La investigación que llevó al francés a estudiar en detalle el expediente y entrevistar al criminal en numerosas oportunidades durante siete años, sin ocultar la paradoja que para él mismo significaba sentirse a tal punto atraído por ese hombre.

Para encontrar el tono justo, al momento de escribir, se inspiró en A sangre fría, el clásico de no ficción de Truman Capote pero proponiéndose romper con la impersonalidad que el estadounidense le había impreso a su obra cumbre.

Mientras que en otro título, como De vidas ajenas, también muy leído en nuestro país, entregaba un relato desgarrador que se inicia con la experiencia de unas vacaciones del propio Carrère -alejado de París y en compañía de su pareja y sus hijos, con la conciencia de que esas serían las últimas vacaciones que pasarían juntos-, hasta que el tedio se ve interrumpido súbitamente por el recordado tsunami de 2004 que arrasa con el pueblo turístico de Sri Lanka, en el que se encontraban.

Ese hecho, completamente fortuito, despliega una serie de desgracias que el autor siente la necesidad de contar para que conozcamos los efectos directos de la catástrofe sobre los protagonistas de esas historias, y también en su propia vida.

Así, con estas dos novelas, como en otras -basadas en hechos reales y escritas desde la primera persona-, Carrère propone esa forma «personalísima» de entender la literatura a la que hace referencia el jurado.

Ahora, en su último libro, Yoga -recién aparecido en la Argentina y que viene precedido por una polémica de proporciones-, narra, además, una faceta menos conocida y escabrosa de su propia vida: la de su propia «locura», si cabe. Y su, por momentos turbadora, vida sexual.

Es que lo que el autor había imaginado como un libro “risueño y sutil”, destinado a exponer los beneficios del yoga y la meditación, derivó en un “período atroz”, que incluyó un diagnóstico de bipolaridad con ideas suicidas, cuatro meses de internación en una clínica psiquiátrica y la muerte de su editor histórico, que lo enfrentó a una forma de orfandad.

Pero, además, en una polémica con su ex, Hélène Devynck, que lo dejó afuera del prestigioso premio Goncourt: la mujer, que aparece como personaje en el libro, salió a acusarlo de ser un mentiroso, y lo hizo apuntando a su nueva novela, llamada a convertirse en uno de los acontecimientos literarios del año: “Es una autobiografía llena de mentiras”, disparó. “¿Debo soportar hasta la muerte las fantasías de mi ex marido?”.

El Princesa de Asturias parece llegar ahora para reivindicar al escritor, alegando que mixtura realidad y ficción. Y que lo que cuenta vale y mucho, al margen del costo personal que la elección imprime en su vida. ■

Verónica Abdala/Clarín

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