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El Club Atlético Fernández Fierro (CAFF) reabre sus puertas

Dos referentes del lugar nos cuentan las complicaciones por pandemia.

“Vamos a estar estrenando música que escribimos durante estos meses de encierro”, anticipa Yuri Venturín sobre la vuelta a los escenarios de la Fernández Fierro. Porque la emblemática orquesta del tango contemporáneo volverá a abrir las puertas del CAFF (Sánchez de Bustamante 772) tras casi un año de aislamiento pandémico. Al escribir estas líneas apenas quedan entradas –que deben adquirirse por TicketHoy- para la función de reapertura de este miércoles a las 21. Por la demanda, agregaron otra fecha el sábado y confían en que si todo sale bien, retomarán el ritmo de un recital semanal. Serán veladas para apenas 70 espectadores, por los protocolos de prevención contra el coronavirus.

2020 fue un año muy duro para la orquesta y para el Club Atlético Fernández Fierro, espacio fundamental para el circuito tanguero actual. Cerraron reductos claves. Otros están tecleando (ver recuadro). El CAFF aguanta, pero sus referentes reconocen que costó sostenerlo. A Venturín y al “Ministro”, bandoneonista de la agrupación, se les nota en la voz. Hay un punto de alivio que se mezcla con la ansiedad, también, por volver al escenario, a tocar, a rockear su rabiosa filiación puglieseana, saludar al Tuick –el gato del CAFF-, en suma: hacer lo suyo. Como anticipa Venturín, lo harán con temas nuevos que se sumarán a las canciones de Ahora y siempre en la voz de Natalia Lagos.

¿Cómo llevaron estos meses de cuarentena?

Ministro: -Realmente el Club muy adelante no lo pudimos llevar. Lo que hicimos fue un esfuerzo para que no vaya para atrás. Nunca supimos cómo se iba a desarrollar esta cuestión ni ahora cómo va a seguir. Esta apertura es en este momento que hay un respiro y que creemos necesario decir que todavía estamos acá, que todavía resistimos y que vamos a continuar. Que la Fernández Fierro sigue. Que el Club también.

Yuri Venturín: -Estos meses se vivieron con la angustia de no poder hacer música, no saber cuándo íbamos a poder volver. Fueron meses oscuros, de introspección y de contar los muertos que hubo a nuestro alrededor. Es difícil la introspección, aguantar y resistir.

¿Cómo ven la situación?

Ministro: -Desgraciadamente son muchos los que no pudieron afrontar esta pandemia, primero tendrían que haber abierto y después decir “cerramos”. Nos vamos a dar cuenta cuando todo esto pase y esos lugares no vuelvan a abrir. Ahí veremos cuánto quedó en el camino. Y también la cantidad de grupos, bandas, orquestas que no van a seguir. El covid no sólo mata personas, sino proyectos. Es muy difícil sostenerlos en estas circunstancias. Son meses de noverse con los compañeros. Por eso un poco la perspectiva para este año que comienza es dcir “hasta ahora el CAFF resistió, la orquesta resistió, vamos a tratar de seguir haciéndolo”.

¿Ustedes cómo sostuvieron el espacio?

Ministro: -Pudimos llegar hasta acá gracias a la ayuda de los músicos. Hicimos un festival solidario por streaming y muchos donaron su cachets para el CAFF. Cosas así pasaron mucho durante la cuarentena más estricta, con muchos espacios culturales, que hubo una retribución de los músicos con los espacios que los vieron crecer. Pero eso tiene un final lógico, porque en un momento ellos quieren ayudar, ¿pero quién los ayuda a ellos? Y así nos fuimos quedando un poco más solos, en un año muy complicado para la cultura y para todos en general.

Y.V.: –Nosotros tratamos de mantenernos en contacto, lo cual era además obligatorio porque había que tomar decisiones sobre qué hacer en esta situación y eso se hace consultando con los compañeros. Así que tuvimos contacto permanente. Tener compañeros hace que las cosas se sobrelleven más fácilmente, no estar tan solo.

-Igual les pegó duro.

Ministro: –Todo esto que atravesamos es una experiencia muy dura, que no nos esperábamos. De golpe sentir que después de haberle dedicado muchos años, casi la mitad de tu vida, o la vida entera, a compartir la creación artística, de golpe ser declarado no-esencial es práticamente como ser declarado prescindible, fue durísimo para todos los artistas y espacios culturales. A nosotros nos costó mucho digerir eso. Nos sigue costando. Mirá: para poder llevar plata a la vecina para que le compre comida al Twick, gato del CAFF durante la cuarentena, tuvimos que mentir y decir que éramos repartidores de pizza.

¿Qué significa el CAFF?

Ministro: -No vamos a ocupar con el colectivo el espacio que le corresponde a une enfermere, pero sí digo que en esta situación, a nivel mundial, el artista fue declarado prescindible, sin considerar la importancia que tiene para la sociedad. Creo que después de la escuela, la terciaria que más nos enseñó fue la asistencia a lugares culturales donde conocemos gente, donde aprendemos a relacionarnos en otra situación donde no estás obligado, como con tu compañero de banco. En los años del CAFF, que abrió entre 2004 y 2006, con algunas pausitas por ahí, ya hace 16 años, yo vi crecer amistades, nuevos grupos musicales, parejas, familias con hijos, que son hijos de la cultura. Esos son esenciales también.

-¿Cómo manejaron la orquesta desde lo artístico?

Y.V.: –La pandemia, la cuarentena, nos dejó aislados y sólo se pudo hacer una parte del trabajo, que fue escribir música. Pero la partitura es el manual de instrucciones, después hay que armar la máquina y hacerla funcionar. Esa parte tan importante no se podía llevar a cabo, hacer que la música funcionara como tiene que funcionar. Ahora estamos tratando de recuperar algo de todo ese tiempo.

¿Cuáles son las perspectivas para este año?

Ministro: -Nuestra idea es iniciar el ciclo de los miércoles. Si hay que parar, pararemos, pero esperemos que lleguen las vacunas para todos y esto pase a ser pronto sólo un mal recuerdo, que los caidos que se puedan levantar, se levanten. Que los lugares que cerraron puedan reabrir, que las bandas que se separaron vuelvan a armarse, que cuando llegue lo que seguramente sea un salvataje para bancos y aerolíneas, recuerden que también hay una parte esencial de la sociedad que hoy es considerada prescindible, no esencial. Y quizás sea así para la economía, pero no para la sociedad. Que los salvatajes recuerden que existe algo más que la economía y nos tengan en cuenta. Ahora, si me preguntás por una cuestión de papeles, sorprendentemente estamos mejor que nunca: con una habilitación que tardó sus ocho o nueve años, pero donde ya somos un club de música en vivo legalmente registrado.

Y.V.: -Estamos con muchas ganas de tocar, vamos a estar estrenando música que escribimos durante estos meses de encierro y con mucha energía. Llevar adelante una orquesta demanda mucho trabajo y si uno no tiene las ganas o la energía es imposible. Así que la perspectiva para este año es poder seguir trabajando, que la población pueda estar inmunizada. Que seamos conscientes de que es importante no poner intereses mezquinos por delante de lo que nos hace bien a todos. Es importante pensarnos cada vez más como comunidad. La pandemia dejó eso muy expuesto. Y con la orquesta, poder trabajar, poder empezar a grabar el material para el próximo álbum, o al menos hacerlo de a simples, iremos viendo.

-¿Cómo se preparan para volver al escenario?

-Los conciertos los estamos probando, con estrenos de música nueva, que ya veníamos ensayando desde octubre cuando se autorizaron pequeñas reuniones. Eso nos entusiasma mucho porque además de recuperar el repertorio que veníamos haciendo, tener música nueva siempre inyecta ganas y energía. Esperemos que eso se note y la pasemos bien, y suene la música, que es lo más importante de todo.

Dificultades para todes

La situación del Club Atlético Fernández Fierro no escapa a las generales de la ley para el sector de la cultura, ni para el sector tanguero en particular. Para el circuito, fue un año dificilísimo. De lugares perdidos, se sabe, por ejemplo, de las caídas de DNI Tango (escuela y práctica de baile en Almagro) y del Espacio Cultural Oliverio Girondo (Villa Crespo), entre otros. La sorpresa pasa por la reaparición de Sanata Bar (Sarmiento al 3500), un lugar que fue clave en los primeros años de la movida actual y que cerró bastante antes de la pandemia, aunque aún sin espectáculos en vivo.

En las últimas semanas se reactivaron algunos shows de tango (es muy llamativo ver a los bailarines presentarse en el escenario con barbijo), pero como contrapartida los streamings parecen haber perdido fuerza. Tampoco se avanza, como se creyó en un primer momento, hacia un modelo mixto que combine la actividad presencial con la retransmisión por medios digitales. Así, por ejemplo, el Torquato Tasso que venía haciendo unos ciclos por streaming, ya no los anuncia. En cambio, volvió hace algunos días a la actividad en vivo.

Los que están en circuitos geográficos alternativos tienen mayores dificultadesDel Espacio Cultural Benigno (Parque Patricios) aún no hay noticias de reapertura. Y del Galpón B, otro que también es gestionado por una orquesta (la Típica Ciudad Baigón), la apertura es muy limitada, apenas para ensayos de otros grupos. Al respecto, cuenta Hernán Cabrera, miembro de Ciudad Baigón, que espacios como Galpón B “viven muy del día a día”.

“Fue un año súper complicado para espacios como el nuestro, pero también lo fue muy difícil en lo personal porque vivíamos en parte de la plata que recaudábamos en algunas fechas”, destaca. “Para nosotros es importante que exista el lugar, lo mismo que otros espacios culturales que fueron perjudicados por la situación. Por eso ahora nos preocupa cuándo podremos reabrir a toda capacidad”, señala. En este sentido, Cabrera explica que en Galpón B no tienen planes de reapertura al público en el corto plazo. “Para que eso suceda necesitamos una cantidad de gente bastante respetable, porque es un lugar muy grande y para abrirlo hay que hacer una inversión que no sirve para recibir poca gente”, explica.

Mientras tanto, el espacio se sostiene con los alquileres para ensayos de grupos y bandas colegas, y la comprensión y “buena predisposición de los dueños para financiar los alquileres”, cuenta. No todos los espacios tuvieron esa suerte. “Tuvimos un montón de situaciones en las que pensamos que tendríamos que cerrar, pero pudimos resistir”.

“Por ahora nos estamos sosteniendo con ensayos y así podemos pagar el alquiler. Estamos a la espera de la situación pandémica y poniendo todo de nosotros para que el lugar resista. Esperamos que esto mejore y aunque no sea muy temprano, poder reabrir las actividades nocturnas. Dependemos un poco de la ayuda del Estado, estaría bueno una política cultural fuerte para apoyar estos espacios, porque el año pasado y este son y serán muy duros económicamente”.

Andrés Valenzuela/Página 12

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