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El Breaking comienza la cuenta regresiva hacia su debut en París 2024

El breaking trascendió las fronteras del Bronx, donde fue creado.

Los precursores del breaking nunca imaginaron que iba a llegar a los Juegos Olímpicos, cuando en 1970 comenzaron la movida en las calles del Bronx neoyorquino. Pero cinco décadas más tarde, el estilo de baile emergente de la cultura del hip hop traspasó las fronteras y se convirtió en un fenómeno reconocido a nivel mundial, especialmente entre los jóvenes, con tanta fuerza que el Comité Olímpico Internacional (COI) aprobó su inclusión en París 2024.

El COI les dio a los franceses la posibilidad de proponer cuatro deportes adicionales para completar su programa olímpico. Primero eligieron a tres que tuvieron su bautismo en Tokio 2020: la escalada deportiva, el surf y el skate. El cuarto fue el breaking, que en diciembre de 2020 recibió la confirmación oficial y se ganó un lugar entre los 32 deportes, transformándose en el único debutante. El karate, el béisbol y el sóftbol se quedaron afuera.

La espectacular experiencia inicial en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 hizo que el breaking sumara puntos en la consideración del COI. Su presidente Thomas Bach había impulsado el rejuvenecimiento de los Juegos con la inclusión de deportes urbanos, equilibrados en cuanto a género y vinculados con las nuevas generaciones, así que todo encaja a la perfección.

Bach también salió en defensa del breaking, cuando llegaron las críticas de los sectores tradicionalistas, y pusieron en duda su condición de deporte: “Lo practican atletas que se expresan de manera auténtica. En cada actuación se ve su personalidad. No se trata simplemente de un ejercicio”. Pero esa frase del alemán no detuvo la polémica.

La federación que regula la actividad del breaking se denomina World DanceSport (WDSF), se enfoca principalmente en los bailes de salón, tiene 64 años de vida y cuenta con 92 asociaciones afiliadas. Su presidente, Shawn Tay, celebró la elección del breaking para París 2024 y además pidió su continuidad en Los Angeles 2028. “Para nuestra comunidad significa un orgullo estar en los Juegos Olímpicos. Merecemos ese lugar y lo tomamos con responsabilidad”, explica.

Tay promete que van a revolucionar París: “Los Juegos son el escenario más grande del deporte. Les daremos una nueva energía y conquistaremos a mucha gente. El breaking mezcla deporte con arte. Sus cimientos se construyeron sobre un movimiento cultural. Sin embargo, los bailarines ahora son atletas, que entrenan cada día en el gimnasio y se preparan como profesionales para su set”.

El breaking es popular en Francia desde 1980 gracias a los París City Breakers (copia de los originales New York City Breakers). Por eso se anticipa una fiesta en su estreno olímpico. Ya anunciaron como sede a la Place de la Concorde: un predio para 30 mil personas compartido con otros deportes urbanos como el BMX Freestyle, el básquet 3×3 y el skate. El 4 de diciembre de este año van a brindarle un anticipo al público parisino, con el Mundial de Breaking en el Theatre de Chatelet.

Los Juegos esperan a los 32 mejores bailarines del mundo, 16 mujeres (B-girls) y 16 hombres (B-boys). ¿Cómo es la competencia? Se enfrentan en batallas uno contra uno. Después de la presentación del MC (maestro de ceremonias), un bailarín realiza su actuación y el otro le responde a continuación, siguiendo la música de un DJ que toca en vivo. El ganador se define con la puntuación que ponen cinco jueces de acuerdo a su creatividad, fuerza, ritmo, personalidad, técnica y destreza.

Todo eso mostraron en Buenos Aires 2018 los ganadores de las primeras medallas de oro olímpicas en la historia del breaking, la japonesa Ram y el ruso Bumblebee. En los Juegos Olímpicos de la Juventud además hubo una competencia mixta, en la que participó el argentino Broly y logró la de plata con la italiana Lexy, en uno de los momentos más electrizantes en el Parque Urbano de Puerto Madero.

Broly en realidad se llama Mariano Carvajal. Usa ese seudónimo en honor a un villano de Dragon Ball Z, nació en la ciudad de General Fernández Oro (Río Negro) y representó al país con Valeria González (B-Girl Vale). El recuerdo de esos Juegos lo sigue emocionando: “Fue la mejor experiencia de mi vida. Una locura. Aunque estoy acostumbrado a la presión, porque compito desde los siete años, la gente me gritaba y me temblaba todo. Nunca había vivido algo así. Aún se me pone la piel de gallina”.

El estreno olímpico tuvo una repercusión inmediata. “Me invitaron a varios programas de televisión y me escribieron chicos de distintas provincias. Los Juegos marcaron el breaking en Argentina. Lo dieron a conocer. Mi papá (Yovany) hace talleres para enseñar. Después de Buenos Aires 2018 se llenaron. Muchos nos vieron bailar y decidieron empezar en esto”, admite.

La inclusión en París 2024 fue una alegría para Broly, que mira para adelante y se ilusiona con el futuro: “El breaking tiene que estar en los Juegos. Los tiempos cambiaron. Es una nueva era. Ojalá logre convertirse en un deporte tradicional. Yo le veo cosas parecidas a la gimnasia. Hay movimientos de baile, elasticidad y fuerza. Se necesitan años para alcanzar un nivel profesional”.

Con 21 recién cumplidos, Broly sueña a lo grande y le apunta a los próximos Juegos, pero en el camino aparecen algunas piedras. “No me ayuda nadie económicamente para poder dedicarle más tiempo al entrenamiento. Trabajo en un depósito. Igual me estoy preparando a full porque quiero llegar a París. Voy a dar todo. Es mi meta y me tengo fe”, dice.

Argentina figura entre las 13 federaciones nacionales de América afiliadas a World DanceSport. Lo representa la Asociación Argentina de Baile Deportivo (AABD), que tiene como presidente a Roberto Cano y trabaja en conjunto con Breaking Argentina, entidad que incorporó bajo su ala desde Buenos Aires 2018. Cano calcula que en el país lo practican unos 600 bailarines, 400 B-boys y 200 B-girls, como mínimo.

“La inclusión en los Juegos Olímpicos significa el reconocimiento del breaking. Es un gran avance para nosotros porque te permite tener otra estructura. Algunas personas lo consideran solamente un baile, pero se divide en dos partes, una artística y una deportiva. Hay una preparación física tremenda y todo se desarrolla dentro de una competencia”, analiza.

La WDSF todavía no dio a conocer el sistema de clasificación mundial. Tampoco definieron la manera de elegir a nuestros representantes, aunque se sabe que existen dos vías posibles, por el ranking o en un campeonato. Ya se puso en marcha un Desafío Metropolitano de siete fechas, con el apoyo de la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad. Además, se vienen muestras en Tecnópolis para seguir con la difusión.

Cano cree que la bandera argentina va a aparecer cuando en la Place de la Concorde anuncien a los 32 competidores de París 2024: “La actividad está creciendo en todo el país, vemos mucho nivel en general y contamos con muy buenos exponentes, algunos con presencia internacional como B-Girl Carito”. El breaking se mete en el baile olímpico. Y hay que bailar…

Andrés Pando/Página 12

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