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El Automovilismo llora la muerte de uno de sus históricos: Alberto Canapino

Canapino padre falleció por coronavirus a los 57 años.

Alberto Canapino, que murió este lunes a los 57 años tras pasar los últimos días internado en terapia intensiva por culpa del coronavirus, no podía haber nacido en otro lugar que no fuera Arrecifes. Ese extraño lugar donde los locales dicen que por las venas corre nafta en lugar de sangre, debido a la formidable relación y tradición que tiene esa ciudad bonaerense con el deporte motor. Desde siempre surgieron grandes referentes de la velocidad. No en vano se la conoce como Cuna de Campeones.

Allí nació Alberto Canapino, quien hizo historia en el automovilismo argentino desde el otro lado del paredón de boxes: con el diseño, preparación y desarrollo de automóviles de competición. Se transformó en el gran referente de la última etapa del automovilismo vernáculo, con la particularidad de contar, después de tantos campeones, con su hijo, Agustín, otro gran referente de la actividad, aunque con buzo antiflama y casco.

Alberto nació el 23 de mayo de 1963 y su trabajo se destacó en diversas categorías nacionales, como el antiguo TC2000 o el Turismo Carretera. Claramente su notoriedad llegó de la mano de Juan María Traverso, al ser el responsable de los autos que le permitieron al Flaco consagrarse al mismo tiempo en las dos categorías más importantes del país. En 1995 se coronó con la Chevy de TC y con el Peugeot 405, de TC2000. A partir de allí, la popularidad de Canapino se instaló en la actividad, logrando otras coronas de la mano de Guillermo Ortelli, Juan Manuel Silva, Christian Ledesma, Norberto Fontana y, entre otros, el propio hijo, Agustín.

En 1982, Canapino comenzó con la preparación de vehículos de competición, alistando una moto Honda, de 100 cc, con la que compitió en el Campeonato Argentino de Velocidad de 125 cc. Como siempre, buscando la innovación, desarrolló un sistema de suspensión para monopostos para utilizar en los certámenes en Arrecifes. No tardó mucho tiempo en llamar la atención de uno de los más grandes de Arrecifes. Rubén Luis Di Palma, que lo convocó para la prepa ración del Dodge 1500 de TC2000. Las victorias con ese vehículo le permitieron ingresar en el concierto del automovilismo nacional.

Talentoso, trabajó para el prestigioso Oreste Berta, con quien desarrolló un vehículo de Fórmula 3, que condujo Víctor Rosso en Europa. Bajo el Berta Motorsports, Canapino asciende como director deportivo dentro de la estructura de TC2000, cuando representaba a Renault con las recordadas Fuego, al mando de Traverso, José Luis Di Palma y luego Miguel Ángel Guerra.

En 1990 tuvo una breve experiencia en Europa, cuando se instaló en Alemania para trabajar con el equipo Eufra. Allí estableció contactos para ayudar a Norberto Fontana, cuando compitió años después en la F.3 alemana y en su paso por el automovilismo europeo.

Alberto volvió ante el nacimiento de su primer hijo, Agustín. A partir de allí trabajó en diferentes estructuras nacionales. Rápidamente fue convocado nuevamente para un equipo oficial en TC2000. Esta vez fue Volkswagen, que desarrolló el Carat para su piloto emblema: Guillermo Maldonado, y luego el VW Gol. También continuó en el Turismo Carretera, con Luis Patita Minervino, Roberto Urretavizcaya y Fabián Acuña, entre otros. Lo tentó la propuesta de Traverso y el proyecto Peugeot. Allí pasó a manejar técnicamente al equipo del ídolo en ambas categorías, logrando los dos títulos más importantes al mismo tiempo.

En Turismo Carretera trabajó con muchos pilotos. Cada tanto volvía al TC2000 con diferentes propuestas, mientras su hijo, Agustín, que de chiquito acompañaba a su padre en los boxes, comenzaba a competir en categorías menores, sorprendiendo por su capacidad y talento conductivo.

En 2004 firmó un acuerdo con la Universidad Tecnológica Nacional para la creación de un curso de preparación de automóviles de competición, una inquietud que también se experimentó tres años después con un convenio con el Instituto de Automovilismo Deportivo, para la creación de la carrera de Construcción y preparación de automóviles de competición. Ese año disfruta del primer logro de Agustín, al coronarse en la promocional categoría Renault Mégane, con un auto atendido por la familia. No imaginaban por ese entonces que en apenas tres temporadas, en 2010, con el equipo propio Agustín, con apenas 20 años, lograría el título en el Turismo Carretera. Desde entonces, padre e hijo se transformaron en uno de los referentes indiscutidos de la categoría. Ese logro se repitió en 2017 y en 2019.

La relación padre e hijo se extendió al Súper TC2000. A partir de 2020, Alberto se hizo cargo también del team oficial Chevrolet. El domingo último, Agustín salió a definir el título mano a mano con su gran rival, Matías Rossi, que finalmente se consagró campeón con el equipo Toyota. Debido a la internación, Alberto estuvo ausente en la penúltima fecha, hace 9 días en el autódromo Oscar y Juan Gálvez de Buenos Aires, y en la fecha final, también en el escenario porteño.

“Soy un entusiasta y un afortunado. Porque se me fueron abriendo los caminos para desarrollar mi gran pasión, que es la preparación técnica. Me apasiona el automovilismo, pero desde este lado. Agustín siempre me cargó porque no puedo llevar derecho un auto en plena recta. Pero siempre trabajo para que los autos que manejan los pilotos sean los más veloces posibles”, confesó en Carburando en Casa algunos meses atrás cuando nadie imaginaba este final.

Alberto Canapino marcó una era. Un apellido ilustre dentro del automovilismo nacional.

Roberto Berasategui/Clarín

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