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El artista francés F.J. Ossang presenta sus películas en el MALBA

Ossang, participó de varias ediciones del BAFICI y Mar del Plata, es cineasta, poeta y músico.

¿Qué escribirá F. J. Ossang al llegar a la recepción de un hotel, sobre la línea indicada como “profesión”? ¿Cineasta? ¿Poeta punk? ¿Músico ídem? Lo cierto es que el francés, una figura de culto en el sentido más literal de la expresión, está de regreso en la Argentina para presentar sus cinco largometrajes, todos ellos exhibidos en su momento en el Bafici o el Festival de Mar del Plata, pero nunca de manera orgánica, bajo la forma de la retrospectiva. En conversación telefónica con PáginaI12, apenas algunas horas antes de tomar el vuelo que lo trajo primero a Córdoba y luego a Buenos Aires, Ossang duda, riendo, y dice que no está del todo seguro. Luego, un poco más serio, llega a la conclusión de que probablemente escriba “escritor o cineasta. En este momento no creo que ponga ‘músico’, ya que mi gran amigo, el guitarrista Jack Belsen, falleció el pasado mes de diciembre y eso es algo que me entristece mucho”.

No es la primera vez que el realizador visita nuestro país: a su primera incursión en 2003, para la quinta edición del Bafici, le siguieron tres viajes consecutivos durante los años siguientes. “No sé si sabrán que intenté hacer una película allí, que no pudo ser”. En 2017 presentó su último largometraje, 9 dedos, en Mar del Plata. Esa es precisamente la primera de las películas que podrán verse hoy en Malba Cine, seguida una horas más tarde por El caso de las divisiones Morituri, su ópera prima, filmada al mejor estilo guerrilla en 16mm y estrenada en el Festival de Rotterdam en 1985, gracias al interés personal de su creador, el crítico holandés Hubert Bals. Cruza de film noir con ciencia ficción apocalíptica, en blanco y negro contrastado y un fuerte virado al azul, la película despliega varios de los temas y formas estilísticas que Ossang continuaría desarrollando, con variaciones, de allí en más. El mismo interpreta allí a Ettore, un “joven gladiador lumpen proletario”, según la descripción de la sinopsis oficial, un rebelde perseguido por las fuerzas reaccionarias del estado dispuesto, en la mejor tradición punk, a destruir el orden establecido.

“Estudié cine un poco por accidente, porque no sabía muy bien que hacer”, afirma el director desde el otro lado de la línea. “Estaba entre la poesía y el rock, pero a los 23 años empecé a dirigir algunos cortos. Y entonces decidí hacer un largometraje con muy poco presupuesto”. Es notable la influencia de Godard en ese primer esfuerzo, que será exhibido en una copia digital recientemente restaurada a partir de los negativos originales. “Godard, desde luego. Vi Sin aliento a los diecisiete años y me impactó mucho. Pero también creo que estuve y sigo estando muy influenciado por las películas rusas de los años 20, Guy Debord y Jean-Pierre Melville. Morituri es mi película más parisina. Soy del sur de Francia, aunque vivo en París, y creo que esa película observa París a través de los ojos de un extranjero”.

–Usted utiliza en varias de sus películas estrategias visuales típicas del período mudo, como los iris y fundidos a negro realizados en cámara. Eso es cierto en 9 dedos, pero también en su segundo largo, El tesoro de las Islas Chiennes.

–Siempre me sorprendió cómo el lenguaje cinematográfico logró semejante grado de perfección y belleza en tan poco tiempo, en apenas veinte años. Por ejemplo, todo el cine expresionista alemán de la década del 20. El iris, puntualmente, es muy interesante, porque puede hacer las veces de zoom, de travelling y varias cosas más. Además es barato y muy útil.

–El policial, puntualmente las marcas de estilo del noir, están muy presentes en toda su obra. Incluido el uso del blanco y negro, que utilizó en casi todas sus películas. Además, insiste en rodar sus películas en formato analógico, en detrimento del digital.

–Me fascina el policial de los años 40 y 50 y los mejores exponentes son transposiciones fascinantes de la tragedia clásica. Me encanta el blanco y negro y creo que en la pantalla de cine rinde excelentes resultados, aunque no estoy seguro si funciona de la misma manera en la televisión. El blanco y negro permite una desterritorialización del paisaje, mucho más que el color, que resulta más realista. En 2013 publiqué un libro sobre cine llamado Mercure insolent donde, entre otras cosas, escribí sobre mi profundo miedo a la erradicación del film como soporte físico. El fílmico es lo único que nos une a los inicios del cine y creo que la imagen es totalmente diferente a la digital. No importa que el formato de proyección sea digital: si la película fue rodada en 16 o 35mm la luz, el contraste, es diferente.

* Los días y horarios de las exhibiciones de la Retrospectiva 

F. J. Ossang son los siguientes:

Hoy a las 20: 9 dedos

Hoy a las 22.30: El caso de las divisiones Morituri.

Mañana a las 19 horas: Docteur Chance

Mañana a las 21.30: El tesoro de las Islas Chiennes

Malba Cine (Av. Figueroa Alcorta 3415).

Diego Brodersen/Página 12

 

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