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El actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, Premio César, estrena El Empleado y El Patrón

El actor argentino ganó el prestigioso premio César en Francia.

Cuando está en Buenos Aires, Nahuel Pérez Biscayart vive días intensos.

El actor -primer y único argentino en obtener el Premio César (el Óscar francés)- vibra ahora con la adrenalina previa a la presentación de El empleado y el patrón, la nueva película del director uruguayo Manuel Nieto Zas, que Nahuel Pérez Biscayart encabeza junto a Cristian Borges, Justina Bustos, Jean Pierre Noher y Fátima Quintanilla, y se estrena el jueves en el cine Gaumont.

Antes de retomar su vorágine de guiones y sets, Nahuel descansa en alguna playa de la costa atlántica que no revela para preservar su intimidad.

Es que aunque no le guste el cliché, hoy es el actor argentino más internacional. Status que alcanzó el 2 de marzo de 2018, la noche que Juliette Binoche le entregó el premio al “Mejor Actor Revelación” de la Academia de Artes y Cine de Francia, por su rol en 120 pulsaciones por minuto, el filme de Robin Campillo. ¿Pero de dónde salió Nahuel? Del cine y la televisión argentina, ni más ni menos. Precedió su consagración europea el Cóndor de Plata que ganó por Tatuado, otro galardón en Nantes por Glue y dos más en Portugal y República Checa por Je suis à toi. Entre tantas películas nuestras trabajó en El aura y Cara de queso. En la tele debutó en Disputas y pasó por unitarios de culto como Mujeres asesinas y El puntero, su despedida de la pantalla chica en 2011. Un actor sin fronteras que filmó en Uruguay, Brasil, Francia, España, Gales, Alemania, Bélgica e Italia, y que a los 35 años se acostumbró a ser de aquí y de allá.

-Definí qué es un día intenso para vos, porque si nos guiamos por tu trabajo siempre debe ser así.

-Son días de combinación de demasiadas cosas en la Argentina, pero nunca es feo. A veces tengo momentos de mucha intensidad de laburo, pero también tengo otros de calma extrema. Ahora, estoy acá: familia, fiestas, cumpleaños, laburo, notas, coordinando cosas del otro lado, todas cosas buenas y movilizantes.

-Hablando de movilizar, hace poco Justina Bustos -casualmente tu mujer en “El empleado y el patrón”- me contó que, si bien no eran amigos, fuiste uno de sus grandes sostenes vía web durante los 33 días que vivió aislada en plena pandemia en un hospital de una isla africana.

– Sí, nos conocimos en la película. Bah, creo que nos habíamos cruzado antes en Río de Janeiro pero soy malo con las fechas. Luego Justi empezó a filmar en España, viajó a París y la ayudé en lo que pude, pero uno no es consciente de cómo sus acciones repercuten en el otro. Yo ayudo y me gusta pedir ayuda porque nos reconcilia con nuestras debilidades y activa en los demás cosas muy buenas.

-¿Te pasó cuando recibiste el César?

-Sí, en muchos aspectos. Fue muy lindo, porque la peli recibió muchos premios y entre ellos estaba el mío, pero también lo merecía Arnaud (Valois), el otro protagonista, y ahí tomé conciencia de que los premios son súper arbitrarios. Es un reconocimiento más amplio a la labor de una persona, y, en este caso, tuvo un proceso colectivo hermoso y muy inspirador para mí.

Pensé mucho en eso cuando estábamos con esa seguidilla (además del César, ganó los Premios Lumières, Globos de Cristal y European Film Awards). De golpe se volvió medio denso y no me daba placer estar en el ojo de la tormenta todo el tiempo. Lo recuerdo bien porque ¡quería ir al súper y que no me conozca nadie! (risas). -¿Por eso te incomoda el título del actor argentino que triunfa en Francia? -Es como la gente quiere llamarte, yo lo siento como un slogan…

-Un mundo al que llegaste en el año 2008 por azar.

-Totalmente. Puro azar. Cuando se estrenó la película argentina La sangre brota, de Pablo Fendrik, en la Semana de la Crítica de Cannes en París, el director de cine Benoit Jacquot, que vivía al lado de donde se exhibía, fue a verla y le gustó mucho la peli y mi trabajo. Él buscaba un actor para A fond de bois y me llamó.

Yo estaba remanija, abierto al desafío. Venía de Nueva York (ganó una beca en el Wooster Group) y estaba filmando en Gales. Nos encontramos en Londres y me propuso el papel. Antes de viajar a París hice un curso en la Alianza Francesa de acá y después del estreno me quedé para estudiar francés, pero nunca el plan fue “me instalo e intento tener una carrera” o esas cosas grandilocuentes.

-Ahora hablás casi perfecto, también estudiaste alemán y hasta un idioma de ficción para tu protagónico en “El profesor de persa”, del ucraniano Vadim Perelman.

-Había un lingüista que trabajó ese persa inventado y fue muy interesante descubrir la lógica de un idioma que no existe, nos divertimos y al final hasta lo hablábamos.

Graciela Guiñazú/Especial para Clarín

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