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EDITA (editoriales independientes y pequeñas) arma una feria virtual y gratuita

Verónica Stedile Luna es la titular de la editora EME.

En momentos difíciles, las editoriales pequeñas refuerzan la idea del trabajo colectivo con una feria virtual de libros en la web de EDITA, un encuentro anual de editoriales independientes en la ciudad de La Plata, conocido también como la “última feria del año” porque suele realizarse a mediados de diciembre. En la web se encuentran disponibles decenas de libros para descargar de manera gratuita en formato PDF. La editoriales que sumaron libros son EME, Pixel, Club Hem, Papel Cosido, Paisanita Editora, Amauta & Yaguar, Erizo Ediciones, Peces de Ciudad, Tren En Movimiento Ediciones, La Caracola, Popova, 27 pulqui, Gog & Magog, Santos Locos, Las Cuarenta y Los Ríos.

EME ofrece Apuntes para las militancias. Feminismos: promesas y combates, de María Pía López; Presa. Un decálogo del caso Milagro Sala, con textos de Diego Tatián, Elizabeth Gómez Alcorta, Estela Díaz, Agustín Arzac y Verónica Stedile Luna, entre otros. En el caso de Pixel, se puede descargar Se va a caer. Conceptos básicos de los feminismos, coordinado por Susana Gamba, con prólogos de Dora Barrancos y Diana Maffía; y FichadosCrónicas de amores clandestinos, de Cristián Prieto, que se inspiró para sus historias en las fichas y expendientes de los archivos de la ex División de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), que funcionó entre 1957 y 1998. De Las Cuarenta están disponibles Tiresias. Devenir-mujer, de Mario Perniola; y Los jansenistas franceses, de Marguerite Tollemache, entre otros. La editorial Santos Locos tiene dos libros de poesía: Un alhajero sin terminar, de Gabriela Luzzi; y Frágil caballo, de Juan Coronel. Popova tiene mucho material sobre feminismos y género, entre los que se destacan, El pensamiento heterocentrado, de Monique Wittig; Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, de Adrienne Rich; Historia de una palabra: Queer, de Paul B. Preciado, Las siete “P” de la violencia de los hombres, de Michael Kaufman, y Las relaciones sexuales y la lucha de clases, de Alexandra Kollontai.

“La salida de la cuarentena va a ser muy lenta. Muchos más van a caer. El macrismo y el coronavirus fueron dos flagelos de los que no se sale ileso”, dice Néstor González de Las Cuarenta a Página/12. “Vendrían bien créditos blandos para la producción y las compras del Ministerio de Educación, elegidas por idóneos. Y no tanto las compras de la Conabip, que caerán en las fauces del mainstream. Para los que puedan seguir, la ‘normalidad’ llegará recién para 2021”, pronostica el editor.

Para Marcos Gras, de Santos Locos, el gobierno debería incentivar compras que estén orientadas a las pequeñas editoriales. “Un porcentaje de esas ventas deberían canalizarse si o si por distribuidoras de estas pequeñas editoriales y así darles de esta manera dos líneas de acción en una misma propuesta. Acercarlas a las bibliotecas que las desconocen y vender ejemplares que les permitan subsistir –explica el editor-. Lo mismo debería hacerse con las becas o líneas de fomentos, pequeños microcréditos que permitan amortizar dos o tres publicaciones del plan editorial anual de este año. Hablamos en muchos casos de editoriales que editan entre seis y ocho novedades anuales, así que fomentar dos o tres títulos habla de una ayuda muy fuerte. Ante el panorama actual donde librerías de barrio están cerradas, donde las ferias no saben si se van a hacer, donde los canales de venta están casi secos, el panorama es devastador y va a dejar mucho pequeño editor y librería al borde del abismo”.

Verónica Stedile Luna, de EME, coincide en que la salida de la cuarentena será “muy lenta”. “Si pensamos que la economía de las pequeñas editoriales es una economía del presente, de lo cotidiano, donde un libro paga otro libro, tener los canales de venta detenidos durante más de un mes va a significar un retraso en todo el endeble sistema de producción. Además, para muchas de las editoriales la librería es una aliada, un lugar donde nuestros libros se recomiendan, se comentan, algo que se complementa muy bien con la difusión por redes sociales. Perder el encuentro que hay alrededor del libro -que es lo que nos viene sosteniendo por la fuerte crisis que afecta al sector desde 2016– es bastante desalentador».

«Si bien la virtualidad tiene su encanto y nos hace creer que pasan muchas cosas, que generamos mucho contenido, una editorial como EME se ha sostenido en el encuentro cara a cara con el lector, en lo que sucede en cada feria, en las lecturas, presentaciones, charlas en librerías -continúa Stedile Luna-. Esta situación nos pone en un desafío, pero no creo que sea tan fácil y rápido ver en el ebook o el desarrollo de las ventas online la solución a los problemas y las estrategias a futuro para un mundo que, según parece, ya no será igual”. La editora de EME agrega que el sector “va a necesitar solidaridad entre quienes lo integramos más que nunca”, y un programa de políticas desde el Estado que reconozca “la heterogeneidad y diferencias entre las editoriales que no somos parte de grandes grupos multinacionales ni dependemos de un capital externo”.

Gras, de Santos Locos, no cree que el debate pase “por poner o no un libro a descarga libre y perder plata” porque este “es un tiempo en donde hay que ser solidario y donde circunstancias extraordinarias demandan respuestas diferentes”. A González, editor de Las Cuarenta, no le molesta colgar los PDF gratis. “No puede ser que participe de la cultura solo el que tenga dinero para hacerlo y una frondosa biblioteca en su casa. Tampoco me molestó que las universidades fotocopien los libros de la editorial; fui alumno, necesité estudiar y no tenía dinero para comprar tantos libros. Ya no somos editoriales adolescentes. Lo que haga Random y Planeta no debería preocuparnos –compara González-. En eso y en la organización de nuestro sector debemos madurar. Tenemos, o más bien teníamos, el 70 por ciento de la producción de títulos en el país”.

Stedile Luna, de EME, advierte que la cuestión de la gratuidad es un debate que “toca la fibra sensible de la dimensión laboral” porque un libro tiene detrás “muchos cuerpos poniendo tiempo, cabeza y trabajo físico para que salga” y “no se reduce a los costos de impresión”. “El acceso libre nos convoca a pensar que un libro es algo que se vende, pero es algo más también, y en ese ‘algo más’ las posibilidades de apropiación y circulación abierta son las que hacen de los efectos del libro algo mucho menos lineal. Nosotros liberamos algunos libros porque todos los sectores estamos poniendo o mejor dicho resignando algo para acompañarnos”.

Los libros disponibles en http://feriaedita.com.ar/libros-en-pdf/

Silvina Friera/Página 12

 

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