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David Nalbandian ahora disfruta lo que el tenis le quitó

Nalbandian estará realizando una exhibición de padel en Cataratas.

El calor es agobiante. Media hora bajo el rayo del sol, en pleno lanzamiento de la exhibición de padel que un día después disputaría a metros de las Cataratas del Iguazú, parece ser tiempo suficiente para que salga disparado como una bala hacia el interior del Gran Meliá, el único hotel ubicado dentro del Parque Nacional Iguazú. Minutos más tarde, en una lujosa habitación con vista a la Garganta del Diablo, atenderá a Líbero para recordar su paso por el tenis y contar cómo vive hoy, a casi siete años de su retiro.

“Los chicos crecen perfecto, la familia está muy bien. Hoy disfruto de otros deportes, como estar acá con el padel en un lugar increíble como las Cataratas”, describe un relajado David Nalbandian, acompañado durante el fin de semana por su mujer María Victoria y sus hijos Theo –de cuatro años– y Sossie –cumplirá siete en mayo–.

Llegó a ser el número tres del mundo, conquistó 11 títulos del ATP Tour, fue el emblema de Argentina en la Copa Davis y quedó en la historia por ganar el Masters de Shanghai en una final de tintes épicos ante Roger Federer. El cordobés, sin embargo, no extraña casi nada de su vida como tenista: “Estoy muy tranquilo; la vorágine del tenis es muy grande, es una locura permanente. Una vez que te retirás encontrás tus tiempos, volvés a las amistades de siempre. Estoy disfrutando de la parte que me quitó el tenis por haber viajado muchísimo”.

El Cataratas Padel Exhibition refleja de la manera más genuina cómo es la vida de Nalbandian desde que se alejó de la burbuja del circuito ATP. “Juego al padel desde hace dos o tres años y es un deporte muy distinto del tenis en cuanto a lo técnico; me amoldé fácil porque no hay que correr demasiado”, expresó el cordobés. Relajado, en familia y con ganas de divertirse, jugó en una cancha vidriada cercana a las Cataratas junto con José Acasuso, otro integrante de La Legión, la mejor camada de la historia del tenis nacional; y Miguel Lamperti, una leyenda del padel argentino que sigue vigente a los 41 años. En ese sentido, los autos también ocupan una porción importante de su etapa post retiro: desde hace unos años corre en el Rally Argentino, categoría en la que logró un triunfo en Catamarca, en agosto de 2019.

–¿Cómo hacías en tus años de tenista para abstraerte de esa burbuja?

–Siempre lo dije: uno necesita aire. Salir un poco de ahí, tomar aire con las cosas que a uno le gustan para volver al circuito y rendir al máximo. Es muy personal, porque el circuito te satura muy rápido y es difícil sostenerlo en el tiempo. Sobre todo cuando sos sudamericano y vivís tan lejos de donde se mueve el circuito normalmente.

–El argentino y el sudamericano en general entregan mucha ventaja en ese sentido…

–Sí, muchísima. Los europeos y los americanos tienen muchas más ventajas que cualquier sudamericano. Todos los viajes para nosotros son muy largos y a ellos, según donde jueguen, se les hace más corto. Por eso, al pasar ocho, diez, doce, quince años en el circuito, todo se hace mucho más pesado.

–¿Es posible suplir la adrenalina del tenis después del retiro?

–No, imposible. La presión y la responsabilidad que tenés cuando jugás son muy grandes. Representás a tu país, competís todos los días, te entrenás todos los días, es un trabajo. Y después del retiro bajás totalmente los decibeles y arrancás otro estilo de vida, otra historia. Yo corro en autos, en rally, y con eso puedo reemplazar un poco de esa adrenalina de la competencia, pero desde un lado mucho más amateur. Un deporte profesional es una cosa y el deporte amateur es otra muy distinta.

–¿El rally sirvió para que el retiro no te pesara tanto?

–En realidad yo dejé porque el hombro no me permitió seguir jugando. Ya sabía que no iba a seguir jugando. Pero siempre dije que iba a correr en rally cuando tuviera tiempo, así que fue lo primero que hice cuando dejé. Después volví a jugar al fútbol con mis amigos y a hacer todos los otros deportes. El rally tiene una adrenalina distinta que sí suplanta un poquito lo que genera la competencia del tenis. Siempre me gustaron los deportes, donde puedo hacer algo siempre lo hago.

–¿Con los autos también te sentís en tu hábitat?

–Ya llevo un par de años corriendo y sí, me siento a gusto. Es un lindo deporte, tenés un montón de factores que juegan y cosas que vas aprendiendo con el tiempo, como poner mejor una puesta a punto, saber cómo rinde más o menos el auto, cómo responden la suspensión y la tracción en los distintos pisos. Esas cosas se aprenden a medida que sumás experiencia; nunca terminás de aprender.

–¿Cuál es el recuerdo más importante que tenés de la Copa Davis?

–Con la Copa Davis es difícil seleccionar alguna serie o algún partido puntual porque todas las series de Copa Davis son particulares y muy distintas al circuito, por la presión, por la atmósfera que se vive, por las ganas que uno tiene de jugar. He jugado más lesionado que sano en la Copa Davis; sabía que me iba a hacer mal pero lo que se vive ahí adentro es único. Lo único que uno extraña del tenis son esos momentos.

–¿En qué cambió el tenis respecto de cuando vos jugabas?

–No viajé demasiado después del retiro, es difícil hacer una comparativa con el circuito actual. Lo que sí veo es que los más jóvenes tienen un tenis con mucha más potencia pero con mucha menos táctica y mucha menos cabeza. Ahí es donde hacen la diferencia los más grandes. Recién ahora hay una camada un poco mejor que asoma para ganarles a ellos pero todavía los veo un pasito atrás.

–¿Cómo hacen Federer, Nadal y Djokovic para vivir esa presión sin escaparse de la vorágine?

–Son únicos. Por la cantidad de años deben ser los únicos tres de la historia que llevan tanto tiempo jugando. Tanto tiempo y a ese nivel. Es increíble, porque uno estuvo ahí adentro y sabe el sacrificio que requiere. Es impresionante. Han tenido suerte con las lesiones, porque tuvieron relativamente pocas. Rafa sufrió más que Nole y Roger pero sigue ahí, también con un calendario más acotado. Además los ayuda la condición de europeos, como hablamos; con eso no te digo que ganan muchos años pero dos o tres añitos en quince suman. Lo más admirable son la motivación y las ganas que tienen por seguir metidos ahí arriba.

–¿Te ves ligado al tenis en un futuro, acaso como entrenador?

–La verdad es que no tengo muchas ganas de ponerme a viajar de vuelta. Siempre digo que para ser entrenador hay que hacer prácticamente la misma vida que la del jugador. Y no podés hacer un trabajo serio si sos entrenador sólo ocho semanas al año. Ahí tengo una ambigüedad: creo que podría ayudar a alguien pero si lo quiero hacer bien tengo que pasar mucho tiempo. Y hoy estoy bien, disfrutando de mi familia.

Pablo Amalfitano/Página 12

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