
Este 2025 fue sin duda el año de Daniel Hendler. El actor y realizador uruguayo, aunque con un pata más argentina que el dulce de leche, viene de estrenar hace menos de dos meses 27 noches, con dirección y papel protagónico masculino a su cargo, además de actuar junto a Carmen Maura en la ópera prima en solitario de Martín Mauregui, Vieja loca, y participar en otras películas y series de alto perfil lanzadas a lo largo de la temporada. El comienzo de 2026 lo verá nuevamente en la gran pantalla en una breve pero importante aparición en la comedia de zombis uruguaya El tema del verano, de Pablo Stoll, pero antes de eso diciembre lo encuentra nuevamente de estreno. Se trata de Un cabo suelto, su cuarto largometraje detrás de las cámaras.
Presentado en el Festival de Venecia y casi de inmediato en el de San Sebastián, el film narra las desventuras de un policía argentino –el cabo del título– mientras intenta escapar de un par de colegas. Es que Santiago (el tucumano Sergio Prina) vio o escuchó algo que no debía, y la caza del hombre por el hombre lo lleva a huir al país vecino. En Fray Bentos conoce a una mujer encargada del free shop, interpretada por Pilar Gamboa, el primero de una serie de personajes con los que se topará en el derrotero, entre otros un vendedor rutero de quesos artesanales y un abogado quisquilloso a la hora de cebar mates. Comedia con triple sordina que se cruza temporalmente con el policial e incluso el romance, Un cabo suelto –que ya puede verse en el cine Gaumont y, desde el sábado 6, también será exhibida en el Malba– juega con las palabras desde su mismo nombre, aunque ese detalle generó algún que otro problema al definir el título internacional de la película. “No encontramos un término para jugar con las palabras en inglés, así que tuvimos que quedarnos con A Loose End, uno de los dos significados del título en español. En cierto momento fantaseamos con ponerle “Milky Way Cop”, pero hubo discordias y quedó el otro”, afirma el realizador a Página/12.
Daniel Hendler recuerda que la primera imagen que tuvo en la cabeza, el kilómetro cero antes de comenzar a escribir el guion, fue la de “un cabo de la policía haciendo un supuesto control bromatológico en un puesto de embutidos en la ruta”. “No sé bien por qué, pero esa escena volvía de manera recurrente. La historia de la película se presenta a partir de una situación extraña, que oculta varias capas, y la trama va desplegándolas de a poco. Después me di cuenta de que tal vez tenía que ver con las fantasías y temores ligados al trayecto constante que hago desde Uruguay a la Argentina y viceversa. Cosas que se te pasan por la cabeza cada vez que te toca cruzar la frontera. En realidad, no es mucho más que un trámite burocrático, pero al mismo tiempo hay algo absurdo que te enfrenta a alguna reflexión. Aunque sea un simple control que hay que atravesar, siempre se pone en riesgo algo. Un pequeño corte transversal en la vida”.
-Quesos y mirindas aparecen de manera recurrente en el relato y, más allá de tratarse de objetos que forman parte de la trama, de alguna manera reflejan tu forma de entender el humor y como éste se construye.
-A los quesos y las botellas de gaseosa yo les agregaría el uniforme de policía y la Luna. Son elementos que además tienen que ver con los colores que ofrecen. Eso me hace pensar en algunos viajes que hacía en auto con mi madre cuando era niño, un ejercicio absurdo o imposible, que era pensar dos palabras que no pudieran unirse en una misma frase. Era divertido y lindo, pero siempre perdíamos, porque inevitablemente aparecía una frase donde esas dos palabras podían ir juntas. Un queso, una mirinda, un uniforme, la Luna. Parece difícil, pero pueden ir juntos. Es como una constricción que uno se impone para disparar la creatividad. Me gustan los quesos, como a todo el mundo, pero no soy ni un sibarita ni un conocedor. Ni siquiera me genera demasiada curiosidad el universo de los lácteos, pero eso apareció, y simplemente dejé que cobrara vida y se interrelacionara con la historia y los personajes.
-¿Respetaste a rajatabla el guion que vos mismo escribiste o, por el contrario, jugaste durante el rodaje a crear nuevas situaciones o detalles? O tal vez existió una mezcla de ambas cosas…
-Creo que Un cabo suelto es una mezcla de varios géneros, pero al mismo tiempo no pertenece a ninguno. Es posible que yo no pueda hacer un género único bien, y quizá por eso están todos juntos. Es como si estuvieran ocultos y en cierto momento comenzaran a desplegarse, a jugar entre sí. Hay algo del humor que tiene que ver con el tono, y cuando uno pone la cámara y las palabras y las acciones comienzan a cobrar vida uno va ajustándolo, adaptándose a lo que sucede. Sí conservé fielmente desde el guion que el humor y los géneros estén por debajo, y que cada línea y acción tienen que verificarlos todos a la vez. Por eso el tono es escurridizo. Ese era el desafío: afinar el tono hasta el último día de la mezcla de sonido, porque es algo impalpable.
-Con la excepción de la reciente 27 noches y alguna serie web del pasado, en general no solés actuar cuando dirigís. ¿Hay alguna razón puntual para esa decisión?
-Es verdad. Y a pesar de que siempre estoy preparado como suplente por si falla algún actor a último momento, la verdad es que internamente deseo que eso no ocurra. En primer lugar, porque me gusta mucho trabajar con actores y como actor me encanta ser dirigido por alguien más. Me da pena perderme esa química que se produce entre quien dirige y quien actúa. En los pocos casos en los que dirigí y actué, los momentos que más disfruté fueron aquellos en los que no me tocó actuar. Incluso en 27 noches, las jornadas de rodaje en la clínica, cuando mi personaje no aparece, son los que más disfruté. En parte, porque no tenía que pasar por maquillaje y vestuario. Finalmente, cuando escribo personajes me aparecen actores y generalmente no me veo a mí mismo.
-¿Cómo fue dirigir a Sergio Prina? En general es un actor que tiende a ser relacionado con personajes más serios o alejados de la comedia.
-Creo que está bárbaro. Originalmente el personaje no era tucumano. La cosa fue más o menos así: estaba en un rodaje con Pilar (Gamboa) y ya sabíamos que ella iba a hacer el papel de Rocío. Le comenté algo sobre Prina, a quien no conocía tanto. Lo había visto actuar y sabía que era un tipo divino, además de un gran actor. Charlando con Pilar sobre el desafío de interpretar a un hombre con uniforme de policía que además pudiera seducir a una empleada de free shop, Pilar me dijo que claramente Sergio era el actor adecuado. Y como con él coincidimos en el rodaje de la primera temporada de División Palermo y además estaba vestido de policía para la serie, le saqué una foto y se la mandé a mi socia. Fue directo a la carpeta, volví tucumano al personaje y todo siguió su camino. También investigué sobre quesos tucumanos, que quede claro.
Un cabo suelto se exhibe todos los días en el Cine Gaumont y, a partir del 6, los sábados de diciembre a las 20 en Malba Cine.
Diego Brodersen/Págin 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón