
Le ganó 3-2 a Quilmes y es semifinalista de la Copa Argentina. El partido estuvo suspendido casi 20 minutos por incidentes en la tribuna cervecera.
Otra vez Boca. Siempre cuestionado por su resonancia fuera de los márgenes del campo de juego, hace ruido adentro de la cancha. Y avanza en la Copa Argentina. Lo hizo en un partido bravo ante Quilmes, que dio vuelta en un primer tiempo frenético y que debió liquidar mucho tiempo antes del desenlace. Lo espera Patronato en la semifinal. Sí, el verdugo de River. No habrá Superclásico.
Y Boca lo sabía antes de que la pelota empezara a rodar al pie de la Cordillera. Su rival de banda roja había quedado eliminado ante los enterrianos. Tal vez por eso jugó desinhibido. A pesar de que siempre intenta ser protagonista, esta vez tuvo mayor dinámica, una circulación más fluida y profundidad. Y a diferencia de otros partidos, se abrió. Y como Quilmes fue salió decidido a mostrarse agresivo, más allá del volumen de su rival, el encuentro en tierra mendocina tuvo los condimentos del ida y vuelta.
De entrada quedó claro que el duelo sería atractivo. No se habían disputado una decena de minutos y hubo dos goles, uno en cada arco. Pegó primero Quilmes a través de una peSandez lota larga que bajó Julián Bonetto, anticipando a Marcelo Weigandt, y de la devolución de Emanual Moreno llegó un bombazo del espigado volante que se clavó en el ángulo izquierdo de Javier García.
No duró demasiado la alegría cervecera. Bastó una pelota parada para que Boca llegara rápido al empate. Oscar Romero ejecutó el córner, Cristian Medina desvió en el primer palo y Darío Benedetto sacó el manual del goleador con pecho y una definición que dejó sin posibilidades a Esteban Glellel.
El vértigo no ceso. Boca y Quilmes se atacaron. Y se repartieron la tenencia con un juego bastante directo (5248% el porcentaje de posesión) en ese frenético primer tiempo.
Las mejores virtudes del equipo de Hugo Ibarra estuvieron en la capacidad de desequilibrio de Romero, más activo; las proyecciones de Agustín por izquierda; la constancia de Medina para romper y llegar al área rival; y el manejo de Pol Fernández.
Quilmes jugó al espacio que dejaba Boca, es cierto. Pero también exhibió conceptos interesantes triangulando con Moreno, Kevin López e Iván Colmán. De diez intentos, cuatro fueron al arco. Y García respondió con mucha solvencia. Especialmente, en el final de la primera etapa cuando bloqueó un tiro de media distancia y un violento zapatazo cruzado, ambos producto del escurridizo Alexis Batista.
Claro que, a esa altura, Boca ya estaba en ventaja. Lo había tenido dos veces Medina, por arriba y por abajo. Un cruce de Rodrigo Moreira y una tapada de Glellel le cerraron la puerta del 2 a 1. Hasta que se iluminó Romero, una vez más, y metió un estiletazo para Sandez. El lateral ganó la cuerda, metió el centro atrás y Gonzalo Morales cumplió el sueño del pibe. La noche de su debut con la camiseta xeneize, a los 19 años, empujó la pelo
El equipo de Ibarra apuesta a revalidar el título y a ganar también la Liga Profesional.
Daniel Avellaneda/Clarín
MG Radio 24 Villa Pueyrredón