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Con una programación ecléctica, arranca la temporada del Centro Cultural Borges

Música, danza, teatro y cine en la temporada del Centro Cultural enclavado en el centro porteño.

¿Puede haber un Borges distinto al que conocimos hasta ahora? Sí, y lo veremos a partir del próximo jueves. Estamos hablando, no del argentino más universal, sino del Centro Cultural Borges (CCB, Viamonte 525) que reabrirá sus puertas con cuatro muestras, performances, cortos de cine animación, work in progress, danza y teatro.

¿Con qué presupuesto?

“Con el que nos asignaron, que es mucho menor que el del CCK, pero con la confianza de los artistas y confiando nosotros mucho en ellos. Estoy feliz con lo que estamos logrando y por esta nueva circulación del CCB, cómo lo hemos reconfigurado a partir de la reforma edilicia que hicimos. Queremos que la gente vuelva al Borges y que este sea un faro cultural contemporáneo de la Argentina”.

Quien habla con Clarín es el director del CCB, el artista plástico y arquitecto Alberto Negrin, quien aún espera (como Valeria Ambrosio, directora del CCK) el decreto de designación, pero que trabaja desde que les fue ofrecido el cargo en diciembre por el Secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli.

Negrin no necesita presentación en la escena artística argentina. Puso en pausa el profuso trabajo privado que tenía, para entrar en la función pública y lidiar con lo que, desde afuera, se ven siempre como elefantes burocráticos duros de domar. Es la primera vez que habla desde que aceptó el cargo.

Su debut tendrá repercusiones. Muchos artistas de primer nivel y un centro cultural donde convivirán consagrados y emergentes, con ingreso gratuito.

En materia de artes visuales, la muestra fotográfica Magna, de Marcela Magno, con la curaduría de Gabriel Valansi, abrirá en el primer piso del Borges. La fotógrafa despliega un monumental mapa geopolítico de la Argentina a través de mosaico de imágenes satelitales. Su obra, de gran porte, explora intersecciones entre el entorno, los paisajes y la economía. Pero son además cartografías de sentido.

Con un monumental jardín vegetal de cerámica, Nicola Costantino se instalará con Inverso en el llamado Octógono del segundo piso. El espacio es central para toda las salas de exposiciones del Borges y su cúpula vidriada será el soporte del jardín de Nicola, cuyas raíces crecen hacia el cielo y las ramas con flores de cerámica hacia abajo, con la técnica japonesa nerikomi.

El cordobés Elian Chali, cuya obra se desarrolla principalmente en el espacio público y tiene a la ciudad como eje conceptual, realizará en el segundo piso el mural Sin título, un work in progress que ya comenzó y estará en plena faena durante la apertura.

El Espacio Bon Marché, también en el segundo piso, tendrá una exposición de Ernesto Pesce titulada Obra compartida. Es el resultado de un proyecto que el artista desarrolló durante años, como una forma de compartir con otros, primero con familiares y luego con más de 150 artistas amigos.

El Borges también tendrá teatro.

Y la primera obra, dirigida por Oscar Barney Finn, es la premiada El diccionario, sobre el famoso diccionario de María Moliner, una obra conmovedora que Barney ya estrenó en el circuito independiente y resultó multipremiada.

También en el segundo piso habrá danza. Algo inútil, de Gustavo Lesgart, director de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Y cine, con una colaboración interesante entre el CCB y el Festival de Animación de Córdoba.

En la Sala Alberto Williams abrirá el evento ANIMA Itinerante, con cortos de animación autoral contemporánea. La selección incluye animaciones para adultos.

En el área musical, la Sala Astor Piazzolla presentará el Ciclo Argentina desde el piano, con la conducción y dirección de Hilda Herrera. En tanto, en música contemporánea estará el Ensamble Tropi, con su propuesta disruptiva de música de cámara de los siglos XX y XXI. En abril y mayo se presentará el trío de Daniel ‘Pipi’ Piazzolla.

Habrá además un área de “Letras y pensamiento”, con ciclos de charlas que inaugurará Ana María Shua y una propuesta titulada Aprender a escribir. Técnica y misterio.

El miércoles 24, la Fundación Borges presenta al experto borgeano Daniel Balderston con Lucas Adur y una conferencia sobre La fase oral de Borges: cursos, conferencias y cuadernos (1949-1955). En mayo será el turno de Jorge Consiglio: Armar el texto como una bomba. Leer para escribir.

Dice Negrin: “Queremos hacer del Borges un faro cultural contemporáneo porque la Argentina lo necesita. Algo más rupturista”.

–¿El exCCK, como lo llaman ahora, no es ese faro ya?

–El CCK tiene la dimensión. Nosotros tenemos la cercanía y nuestras salas son más factibles de adaptar. En el centro que dirige Valeria Ambrosio, las salas son perfectas y todo el edifico constituye un tesoro patrimonial inmodificable. Nosotros tenemos salas más pequeñas. Somos primos hermanos y planeamos hacer cosas juntos.

–Por razones presupuestarias ¿articularán programación con el CCK y el Cervantes?

–Esto recién empieza. Tenemos una excelente relación con Gonzalo De María (Cervantes) y con Valeria (Ambrosio). Nuestra intención es darle espacio a la mayor cantidad de artistas de todo el país. No repetir. Y toda esta calidad de programación será gratuita.

–Es una programación ambiciosa pensada para un país cuyo lema es “no hay plata” y en cada ministerio tratan de ahorrar al máximo.

–Tenemos el mismo presupuesto que el año pasado, pero hemos convocado a los mejores. En octubre formaremos parte de la Bienal de Arquitectura: vendrán arquitectos de Canadá, China, Australia y Finlandia, e invitamos a estudiantes de todas las facultades de Arquitectura del país. Aún con nuestro presupuesto magro, vamos a lograr que todos quieran venir al Borges. Melisa Zulberti, Carlos Casella, Mariela Asensio y Emiliano Dionisi se irán sumando a lo largo del año. Y en el tercer piso habrá un espacio emergente.

Dice Negrin que no hubo ceses de contrato. “Cuando llegué, seis habían renunciado. Y defendí a los 59 restantes porque los necesitamos. Los que se fueron son espacios no cubiertos. Yo hago trabajo de arquitecto y diseñador gráfico. Nos vamos adaptando”.

Susana Reinoso/Clarín-Cultura

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