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Comienza el festival internacional Jaurías del Mundo, organizado por el Teatro del Perro

Catalina Briski, junto al resto de la Cooperativa, estuvo al frente de la organización.

Cuenta la actriz y bailarina Catalina Briski que tanto a ella como a sus compañeres de la Cooperativa del Teatro del Perro les costó el pasaje de la actividad artística a la virtualidad. «Entrenamos la escena y la sensibilidad de los cuerpos. No pudimos comprar tan rápido la fórmula de estar en una pantalla», comenta Briski, quien daba clases de danza en el espacio ubicado en Chacarita. Luego de unos meses de «duelo» en relación a una normalidad esfumada, apareció nuevamente el deseo del encuentro. Deseo que tomó la forma de «Jaurías del Mundo», un festival multidisciplinario e internacional, con creaciones de artistas de Italia, Francia, Perú, México, Estados Unidos y la Argentina.

El Teatro del Perro funciona hace más de una década. El año pasado cambió su dirección y quedó conformada la cooperativa que lo maneja, integrada por Briski, Laura Saban, Liza Rule Larrea, Valeria Fariña, Santiago Mazzanti, Adrián Ezequiel Ruiz y Ramiro Cortez. Con la pandemia quedaron paralizadas todas sus actividades: clases, funciones, ensayos. Los martes se pone en marcha una olla popular.

«El espacio y les que trabajamos en él quedamos sin ingresos y acumulamos deudas», dice el comunicado del grupo que presenta a «Jaurías del Mundo». Aclara con énfasis, como lo hace Briski en la charla con Página/12, que «para la cooperativa la cuestión de la virtualidad no es un tema sencillo». «Creemos fervientemente que no se puede reemplazar el hecho presencial de la escena, la interacción en vivo entre intérpretes/ público, el ritual completo de asistir a una obra, y no podemos tomar atajos ni evitar darnos debates profundos sobre cómo se produce el aislamiento», remarca el texto.

Tras seis meses de inactividad la cooperativa se propuso aprovechar las particularidades del soporte virtual e incluyó en la grilla de «Jaurías…» a artistas internacionales, «con el fin de generar y exponer materiales originales y generar lazos creativos colaborativos entre artistas del mundo». La programación reúne a más de 30 artistas abocados a diversos lenguajes –danza, teatro, performance, música, circo y otros-, quienes ofrecerán piezas breves, inéditas, de temática libre. La más larga dura 18 minutos. No hay uniformidad en términos estéticos ni de contenidos. «El festival es ecléctico, plural, diverso. Nos parecía que ver algo en pantalla que no mute, que no pase por toda la heterogeneidad sería aburrido. Es múltiple y tiene la especulación de entretener, sin subestimar esa palabra. Queremos que el espectador la pase bien, que sea algo dinámico», explica la directora, quien recién hace un mes se adentró en el mundo de las clases por Zoom, a las que se negaba por «resistencia ideológica».

Dentro de la amplia propuesta hay un ciclo de danza y música titulado «Frenesí». Cada capítulo cruza a un referente de cada área que en conjunto y a la distancia crearon una pieza audiovisual original de corta duración. Otro segmento es de teatro leído, con Norman Briski y la actriz uruguaya Pelusa Vidal. Habrá, además, trabajos circenses, shows musicales exposiciones de fotografías y pinturas. Entre los fragmentos de obras de danza destaca el de la coreógrafa estadounidense Pat Catterson. Manu Fanego, con su personaje Mika, realizará entrevistas a Daniel Fanego y Carmelitas Clown. El cierre estará a cargo de los DJ’s Kchi Homeless y Juan de Borbón. Con colaboración en producción del Teatro Mandril, «Jaurías…» es un festival de materiales grabados y se desarrollará en dos días: el viernes y el sábado, a las 12 y 18. Las entradas se pueden comprar a través de Paypal Alternativa Teatral, en un rango que va de los 200 a los mil pesos a voluntad del público. Se transmitirá por YouTube.

«El tiempo que nos dimos de reflexión nos regaló el actual entusiasmo y las ganas de trabajar con este festival. Extrañábamos el lazo con los artistas. Se empezó a dar algo hermoso con respecto a romper las fronteras. A la vez, intentamos volver a generar trabajo», dice Briski. El Teatro del Perro es, como prácticamente todos los espacios culturales de la Ciudad, una sala alquilada. La cooperativa pudo negociar con la dueña el pago de la mitad del alquiler y recibió subsidios. «Pero el gobierno porteño no tuvo ninguna política de nada (en la pandemia). Es nefasto. Todos los espacios y trabajadores lo sienten», cuestiona la joven. La posibilidad de la transmisión de obras vía streaming no resuelve la encrucijada: «Es una medida irónica e ineficaz. Los espacios están empobrecidos y no tienen recursos para hacerlo», sentencia Briski. Desea que «Jaurías…» se acerque lo más posible a la «vivencia» de los cuerpos compartiendo un tiempo-espacio. «Va a estar el gusto amargo de que no están los abrazos. Lo cierto es que un poco hacemos teatro para juntarnos

María Daniela Yaccar/Página 12

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