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Comienza el 70ª Festival Internacional de Berlín con nutrida presencia argentina

Las Mil y Una, de la argentina Clarisa Navas, abre hoy la sección Panorama.

Con una importantísima presencia argentina en todas sus secciones, que incluye ocho largometrajes y dos cortos nacionales , a partir de este jueves y hasta el domingo 1° de marzo, el Festival Internacional de Cine de Berlín –la Berlinale para los amigos— cumple 70 años y estrena una nueva dirección artística, con un perfil a priori más cinéfilo y menos complaciente con la alfombra roja, mal que les pese a los paparazzi.

La sola mención de algunos de los realizadores que participan de la competencia oficial por el Oso de Oro –el coreano Hong Sang-soo, el taiwanés Tsai Ming-liang, los estadounidenses Kelly Reichardt y Abel Ferrara, el documentalista camboyano Rithy Pahn, y el local Christian Petzold, por ejemplo— dan una idea de las afinidades electivas del crítico y programador italiano Carlo Chatrian, quien después de seis años brillantes al frente del festival suizo de Locarno pegó el salto a la Berlinale cuando los cuestionamientos hacia el largo reinado de 18 años de Dieter Kosslick determinaron su alejamiento de la muestra que abre oficialmente el calendario cinematográfico internacional.

La edición de la Berlinale del año pasado, la última de Kosslick, tuvo sin embargo algunos de los mejores films de toda la temporada, como la ganadora del Oso de Oro, Sinónimos, del israelí Nadav Lapid, estrenada en Argentina, y Yo estaba en casa, pero…, de la alemana Angela Schanelec, Oso de Plata a la mejor dirección, que se pudo ver en el Festival de Mar del Plata y luego en la Sala Lugones porteña. Pero los enfrentamientos de Kosslick con la prensa y la industria local ya habían echado mucho antes su suerte. Ahora Chatrian –el primer director artístico de la Berlinale en toda su historia que no es de origen alemán— deberá levantar aun más la vara de uno de los tres festivales más importantes del mundo, junto con Cannes y Venecia.

Al concurso oficial por el Goldener Bär (ver abajo), del que por primera vez en seis años participa una película argentina —El prófugo, segundo largometraje de Natalia Meta, protagonizado por Erica Rivas, que tendrá su estreno mundial mañana viernes en horario central en el Berlinale Palast–, Chatrian le ha sumado una nueva competencia. Titulada Encounters, esta sección promete una selección de films más radicales en su concepción, que no teman cruzar fronteras y producir encuentros entre la ficción, el documental, la animación y el ensayo.

Aquí también hay una película argentina, Isabella, nueva “shakespeareada” de Matías Piñeiro, que deberá medirse con títulos de directores consagrados como el rumano Cristi Puiu, el ruso Viktor Kossakovsky y el local Alexander Kluge, uno de los padres fundadores del Nuevo Cine Alemán de los años ’60, firmante del legendario Manifiesto de Oberhausen y que regresa a la Berlinale con una nueva película después de 33 años, aunque estuvo muy activo todo este tiempo. Su nueva realización se titula Orphea, promete ser una relectura musical y revolucionaria del mito de Orfeo y está codirigida por Khavn, un artista multidisciplinario filipino, cineasta, compositor, performer y escritor.

Otro indicio del nuevo perfil cinéfilo que Chatrian le quiere imponer a la Berlinale es la sección On Transmission, pensada en principio para celebrar el 70 aniversario del festival, pero que teniendo en cuenta una experiencia similar en Locarno puede haber llegado para quedarse. Se trata de una selección de grandes cineastas contemporáneos que han enriquecido a la Berlinale en los últimos años, quienes a su vez son invitados a traer no sólo una de sus películas a su elección sino también la de un director/a afín, con su propio film, estableciendo así un diálogo inter pares.

Así será como la francesa Claire Denis charlará con Olivier Assayas después de sendas proyecciones de 35 rhums (2008) e Irma Vep (1996), respectivamente. Otro tanto sucederá con el italiano Paolo Taviani (Cesare debe morir, Oso de Oro en la Berlinale 2012) y su par Carlo Sironi (Sole, 2019); la alemana Margarethe von Trotta (Heller Wahn, 1983) e Ina Weisse (Der Architekt, 2008); el chino Jia Zhang-Ke (con su opera prima Xiao Wu, Forum 1998, restaurada en 4K) y su joven colega Huo Meng (con Crossing the Border, 2018). Pasado y presente se complementan en esta sección que promete proyectarse a futuro.

Algo similar sucede con el Forum del Cine Joven, que en esta edición cumple 50 años de actividad y también tendrá sus propios festejos, con una muestra representativa de lo que fue su primer programa, que incluye títulos de Theo Angelopoulos, Chris Marker, Nagisha Oshima y los alemanes Rosa von Praunheim, Hartmut Bitomsky y Harun Farocki. Nacido originalmente como una alternativa al festival oficial en los años de apogeo de las contraculturas, el Forum con el tiempo pasó a ser parte esencial de la Berlinale pero siempre desde un punto de vista disruptivo, con films radicales en su forma y contenido.

El programa principal del Forum de este año –que también tiene una nueva directora artística, la crítica y programadora alemana Cristina Nord— incluye a un pelotón de cineastas de primer nivel, empezando por el rumano Radu Jude (Oso de Plata de la Berlinale 2015 con Aferim!) que a falta de una presentará dos películas: Tipografic majuscul, sobre una adolescente que escribió una serie de graffiti contra Nicolae Ceausescu y la versión que de ella dio la televisión oficial de entonces; y Exit of the Trains, un documental hecho íntegramente a partir de fotos fijas sobre un pogrom en Rumania hacia 1941.

A los films de Jude se suman, entre otros, los del estadounidense James Benning, del español Lois Patiño, del israelí Ra’anan Alexandrowicz y de la chilena Valeria Sarmiento, que recuperó y dio nueva vida a un film extraviado de quien fuera su marido, Raúl Ruiz, y que se titula El tango del viudo y su espejo deformante. A este grupo hay que sumar nada menos que dos films argentinos y una coproducción, respectivamente: Médium, de Edgardo Cozarinsky, Responsabilidad empresarial, de Jonathan Perel, y Chico ventana también quisiera tener un submarino, opera prima en el largometraje del uruguayo Alex Piperno.

En cuanto a la sección oficial no competitiva Panorama, ya habrá tiempo para examinar su programación, pero no puede dejar de mencionarse que hoy jueves una película argentina tendrá el honor de abrir el programa. Se trata de Las mil y una, segundo largometraje de la correntina Clarisa Navas, una historia con temática LGBT que filmó con actrices no profesionales en un barrio de monoblocs de su provincia natal y producción de Varsovia Films, de Diego Dubcovsky.

Las retrospectivas de la Berlinale, organizadas por la Deutsche Kinemathek, son todos los años puntos muy altos del festival y éste no parece ser la excepción. En esta edición, estará dedicada al director, productor y guionista King Vidor (1894-1982), que ocupa un lugar central en la historia del cine estadounidense. Considerado un director clave en la transición del período mudo hacia la edad de oro de Hollywood, Vidor realizó más de cincuenta películas, de las cuales la Berlinale exhibirá 35, entre ellas clásicos inapelables como The Big Parade (1925), The Crowd (1928), Our Daily Bread (1934), así como el western pasional Duelo al sol (1946) y el melodrama noir Perfidia de mujer (1949), con Bette Davis, todos los cuales se verán en flamantes copias restauradas.

Los films argentinos en Berlín

El prófugo, de Natalia Meta (Competencia oficial)

– Playback, ensayo de una despedida, de Agustina Comedi (Berlinale Shorts)

Isabella, de Matías Piñeiro (Encounters)

Las mil y una, de Clarisa Navas (Panorama)

Un crimen común, de Francisco Márquez (Panorama)

Médium, de Edgardo Cozarinsky (Forum)

Responsabilidad empresarial, de Jonathan Perel (Forum)

Chico ventana también quisiera tener un submarino, de Alex Piperno (Forum)

Mamá, mamá, mamá, de Sol Berruezo Pichon-Riviére (Generation)

– El nombre del hijo, de Martina Mazkin (corto, Generation)

Luciano Monteagudo/Página 12

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