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Claudio Gabis, radicado en España, sobre la delicada situación en ese país

El ex guitarrista de Manal vive hace más de treinta años en Madrid.

“No es un estado subjetivo sino muy concreto: siento preocupación, miedo, incertidumbre…”. Claro y contundente, Claudio Gabis. Al momento de emitir su sensación, España –país donde el ex guitarrista de Manal vive desde hace treinta y un años— sumaba 117000 contagiados y 10.900 fallecidos, a causa del Covid-19. Cifras que, por supuesto, no serán las mismas al publicarse esta nota. “Madrid, donde vivo, es una urbe de unos tres millones de habitantes, y la mayoría de la gente esta súper consciente de lo grave de esta situación, pero hay algunos pocos, como en todas partes, que actúan con insensatez, irresponsabilidad y total desprecio por el resto. `Dan la nota`, como se dice aquí… y provocan mucha rabia”, refiere el cocreador de “Avellaneda Blues” que tuvo que quedarse en casa, aislado, y posponer el viaje que tenía pensado hacer a Buenos Aires entre mayo y junio. “Cuando todo esto pase, pienso retomar mis habituales giras por Argentina… es algo que necesito profundamente y que me gratifica muchísimo. No sé si este año será posible, porque las estimaciones prolongan los efectos de la epidemia por muchos meses. Espero que no dure tanto y pueda volver”, desea el eximio guitarrista, nacido hace setenta y un años en Villa Crespo.

–España está bien complicada por la pandemia. ¿Cómo es la situación, vos que convivís con ella?

–Sostengo que esta situación, marcada por la preocupación y el miedo, no puede describirse ni sentirse de una manera local, ya que hacerlo sería negar que enfrentamos una pandemia y el virus no reconoce regiones ni mucho menos esos entes virtuales que denominamos «países». Yo hace rato que no presto solo atención a los datos locales, más bien lo hago con las cifras globales, ¿qué diferencia tiene estar en un sitio o en otro?… solamente el tiempo transcurrido desde su inicio y la posición geográfica respecto al epicentro original. Lo que está sucediendo hoy aquí en Madrid, o en Nueva York, es lo que pasó hace tres meses en Wuhan, hace un mes en Milán y lo que pasará en semanas en Sâo Paulo o Buenos Aires. La complejidad de la situación es absolutamente universal y de proporciones gigantescas. Aunque parezca mentira, no existe en ninguna parte un sistema sanitario preparado para semejante emergencia. Tomar medidas a tiempo, como se está haciendo en la Argentina, servirá seguramente para reducir bastante los efectos, pero no impedirá su expansión. ¡Ojalá me equivoque!”

–Lo global es así. Sin embargo, también cuenta –y mucho—la conciencia que tomen las diferentes poblaciones, y la conducción que ejerzan los gobiernos de cada país, sobre todo.

–Como dije, lo que noto aquí en Madrid es que las medidas restrictivas y el confinamiento obligatorio son muy respetados. Respecto de lo gubernamental, algunos creen que las medidas se tomaron tarde, otros no. Lo cierto es que la velocidad y agresividad demostrada por este virus nos sorprende a todos. Igual, no es momento de juzgar las acciones oficiales (ya lo haremos), sino de colaborar con el combate al virus. El gobierno español está llevando la situación como puede, creo, porque se trata de una guerra contra un enemigo invisible e impredecible. Eso sí, hay fallos, falta de coordinación, desinformación, esas cosas. Y lo peor es el aprovechamiento de la situación por parte de algunos políticos que, en lugar de colaborar, perturban. Cuando consigamos vencer al virus, habrá tiempo y deberá juzgarse lo que los responsables han hecho. Ahora hay que unirse, acatar y ayudar a la especie humana a salir adelante.

Igual que toda la humanidad, entonces, el ex Manal tuvo que reacomodar sus hábitos y reformular conductas cotidianas. En la parte que le toca, extraña sus caminatas diarias por el Jardín botánico de Madrid, las visitas al Museo del Prado, las cervezas y las tapas “en las veredas madrileñas”, pero no se aburre ni siente ansiedad. “Estoy en mi casa, y tengo mucho que hacer: componer, tocar, grabar, leer, jugar con mis trenes, disfrutar de mi terraza y sus plantas y, por supuesto, organizar el caos de mi estudio y mis papeles”, enumera desde su lugar en el mundo de hoy. “El virus afecta a todos, sea cual fuere su posición, origen, edad o profesión. En la música, como en muchísimas otras labores, no se puede trabajar y en consecuencia no podemos ganar el dinero que precisamos para sobrevivir. En este sentido, aquí en España todas las entidades están iniciando acciones para que se destinen fondos que cubran las necesidades de los que laburan y ahora no pueden hacerlo. Como siempre, algunos obtendrán ayudas, otros no”.

Gabis arrancó su largo viaje en 1972, escapando de aquella argentina represora en la que se inspiró para componer el “Blues del terror azul”, para su disco con la Pesada. Atrás quedaban su participación en “Diana Divaga” (primer simple de Los Abuelos de la Nada), los dos discos y casi tres años con Manal; y el otro par de trabajos acompañado por los muchachos de Billy Bond. Su primer destino fue Brasil, donde anidó y permaneció durante trece años. En 1985, tras una breve estadía vinculada a la vuelta de Manal (tercer disco incluido) en 1980, retornó al país pero “le fue mal” y en 1989 se radicó definitivamente en España. “Fue otro comienzo desde cero, en un país que me parecía promisorio. Tuve suerte, no me equivoqué y pude construir una nueva vida allí. Ojo, mis raíces siguen estando en la Argentina… esa es mi tierra, mi lugar, pero me gusta vivir aquí. Realmente disfruto mucho de poder dividir mi tiempo entre ambos sitios, es bueno y compensatorio”, sostiene Gabis, que entre 1995 y 1997 publicó ese tremendo disco doble (ampliado en 2000) llamado Convocatoria, con casi toda la plana mayor del rock argentino convidada. Y también formó parte de una nueva de la segunda resurrección de Manal en 2016.

–¿Volverás a vivir acá algún día?

— Extraño discretamente, sin nostalgia ni tristeza, y no me planteo volver a vivir en la Argentina, pero tampoco he decidido no hacerlo. La vida, como demuestra lo que estamos pasando, es impredecible y es mejor no elaborar planes cartesianos.

Cristian Vitale/Página 12

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