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Chiara Singarella la rompe con la remera argentina en handball y fútbol

Chiara deberá elegir en el futuro. Quiere estudiar Medicina.

Chiara Singarella todavía no tenía 6 años. Pasaba de las clases de natación a las de gimnasia. Probaba los deportes en equipo y no se podía decidir entre el voleibol y el handball así que practicaba los dos. Y aunque a su alrededor todos eran nenes, también jugaba al fútbol en el club Luján Sport.

“Ni me daba cuenta. Me llevaban a todos lados y lo vivía como un juego”, recuerda ahora la mendocina. Acaba de cumplir 16, pero sigue sin decidirse en algo, aunque mal no le va: integra los seleccionados juveniles argentinos de handball y fútbol, donde la ven como una gran promesa.

“Los sigo haciendo a los dos porque me encanta el deporte. Además de ser muy saludable, me ayuda a despejarme y divertirme. Y el ámbito social que hay es re lindo”, fundamenta.

En el fútbol es zurda y en el handball, diestra. Aclara que cada deporte le aporta algo al otro. Y dice: “El handball me ayuda bastante con la visión del campo porque juego de central y es el que ve todo en la cancha. Y eso lo llevo al fútbol para, por ejemplo, poner pases entre líneas. En el fútbol, jugar con chicas más grandes me dio más roce físico y eso me ayudó en el handball para marcar más firme y defenderme mejor”.

Con una madre profesora de Educación física, un padre que jugó al fútbol y al handball y un abuelo que fue arquero en Luján, su discurso pro deporte no sorprende. Pero sí su capacidad de hacerlos a los dos en el alto rendimiento. En ese sentido resalta un aspecto clave: “Nunca me pasó que me coincidieran dos torneos de Selección”.

No descuida el estudio y, a diferencia de varios atletas de elite que eligen la educación a distancia, asiste al Santa María Goretti de Luján de Cuyo. “En el colegio pasé a cuarto año. Por suerte me bancan bastante los profesores y es una ventaja”, explica tras un 2019 con muchos viajes que incluyeron las visitas a Buenos Aires para el primer Torneo Internacional Sub 17 y los amistosos de noviembre como preparación para el Campeonato Sudamericano de fútbol.

A viajar se acostumbró desde muy chica. Tanto que en los Juegos Sudamericanos de 2018, con 14 años, fue la atleta más joven de la misión que viajó a Cochabamba. “Me peleé un poco con mi mamá porque era chiquita y le daba cosa que fuera con chicas más grandes. Pero lo hablamos, lo supo entender y me dejó”, recuerda.

En aquel torneo integró el equipo Sub 20 de fútbol dándoles seis años de ventaja a sus rivales y compañeras. Tampoco eso le fue nuevo. “Ya había ido al Sudamericano y gracias a las chicas me sentí parte porque me integraron. Ese torneo fue el más importante de mi vida”, cuenta.

Aunque todavía no le preocupa, sabe que en un futuro deberá optar. “El handball sigue siendo amateur y no me da tanta salida como el fútbol. Por eso, aunque sé que en ese momento me va a costar por mis amigas del club que me bancaron, me inclinaré por el fútbol porque mi meta es irme a estudiar a Estados Unidos porque ahí hay universidades y podría estudiar y jugar a la misma vez. La carrera del deportista es bastante corta y tengo que estudiar para el día de mañana tener un título. Y yo quiero estudiar medicina”, afirma.

Pero sus ilusiones no están limitadas a una carrera. “Después el sueño es jugar al fútbol en España, en el Barsa, o llegar a la Primera de algún club importante de allá. Será difícil”, dice.

Y suelta una sonrisa que traspasa el teléfono. “Un Mundial también me gustaría jugar, obviamente. Me encantaría llegar a la Mayor y dar todo por la camiseta argentina”, enfatiza.

Su potencial es reconocido, ya sea en el fútbol como enganche o volante por izquierda en el equipo mendocino Las Pumas o en el Sub 17 y Sub 20 o en sus múltiples posiciones en la cancha de handball. Si hasta fue elegida la mejor pivot del Campeonato Sudamericano de cadetes disputado en noviembre.

La pregunta sobre cómo procesa a su edad ser una promesa en dos deportes es inevitable, como también la firmeza de la respuesta. Que ayuda a entender el por qué del presente. “Todo lo vivo con el orgullo y la satisfacción de saber que todo el esfuerzo me dio recompensa y me incita a querer más y a mejorar”, asegura.

Sabrina Faija/Clarín

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