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Cazador Nocturno, de Tallarita-Terán, fue publicado por Acqua Records

El trompetista Miguel Angel Tallarita se unió al arreglador Alejandro Terán.

Una idea conceptual, expandida en una variada muestra de ritmos y estilos. Melodías certeras, arreglos suntuosos, una producción al servicio del sonido y el ferviente deseo de hacer un disco redondo, que además de militar en el campo nacional y digital, sobre todo se materialice en la estriada negrura del vinilo, con fotos de Nora Lezano en tapa y contratapa. Estas podrían ser algunos de los fundamentos que definen Cazador nocturno (Acqua Records), el trabajo de Miguel Ángel Tallarita y Alejandro Terán. Detrás de la música para un personaje en busca de su historia, el trompetista y el arreglador y director se encontraron en un disco que con guiños diversos, entre el humor, la evasión y la contemplación, articula una variedad bien direccionada de registros expresivos.

Terán es el arreglador y director que acompañó a Gustavo Ceratti en los recordados 11 episodios sinfónicos, y además artífice de la Orquesta Hypnofón, con la que entre otras cosas homenajeó al Soda Stereo hace algunos años en el Centro Cultural Kirchner y en noviembre pasado en el Teatro Colón. “Con Alejandro (Terán) compartimos muchos años de giras, nos conocemos muy bien. Siempre soñamos con tener un disco juntos y hasta imaginamos que ese disco tenía que ser en vinilo. Y acá está. Un trabajo de estas características podía hacerlo sólo con él”, agrega orgulloso Tallarita.

Los arreglos de Terán, que además de dirigir toca la viola y el saxo tenor, ponen al trompetista al frente de una banda de individualidades notables, con la producción de Nelson Pombal, que también toca la guitarra eléctrica. Fernando Samalea en batería, Sebastián Schachtel -ex La Portuaria y actual Las Pelotas- en teclados, Nico Rainone en bajo y contrabajo, Javier Casalla en violín, Juan Canosa en trombón y Lucas Argomedo en violoncello son puntales de una banda en la que se también se destacan Guillermo Rubino en violín, Martcho Mavrov en corno francés, y Mariel Fuertes y María Magdalena González en coros.

Como en su carpeta de partituras, en la foja de servicios de Tallarita se combinan nombres de las más diversas especies, desde La Beriso y Kevin Johansen, hasta Los Auténticos Decadentes y Los Pericos, pasando por César «Banana» Pueyrredón y el «Indio» Solari, por nombrar algunos. Esa movilidad estilística es una de sus marcas musicales. “En mi primer disco, con La Con Todo Band, quise grabar esas canciones que me gustaban, con tipos con los que siempre esperé tocar. Entonces pude hacer cosas como grabar ‘Sabor a nada’, con Palito Ortega, en los estudios Ion, con todos los músicos en directo. En Cazador nocturno quisimos hacer música propia, ponernos en juego desde otro lugar”, agrega el trompetista. “De distintas maneras, las influencias que Miguel (Tallarita) y yo traemos en nuestra formación están representadas, sin aspirar a purismo alguno o estilo previo para este proyecto. Se trata más bien del ‘retrato musical’ de un personaje – que es Tallarita transfigurado – y para hacerlo nos valimos de todos los materiales que había a nuestro alrededor”, interviene Terán.

–¿Cómo empezaron a dar forma a Cazador nocturno?

Miguel Tallarita: -Partimos de una serie de melodías que tenía boceteadas. Las fuimos elaborando con Alejandro, agregando y sacando cosas, pensando siempre en función de la historia que queríamos contar. La idea es la de una película contada con música, la historia de un tal Tallarita. Un tipo que sale una noche, llega a Cocodrilo, cena y pasan cosas. Se escapa a otro boliche con una dama y termina en un hotel donde hay una fiesta, hasta que lo sorprende el alba, con esa mezcla agridulce que tienen los finales. Algo así.

Alejandro Terán: -La idea viene de Kolchak, El cazador nocturno, una serie que daban hace algunos años. Era un reportero que iba por la noche intentando resolver casos sobrenaturales y como nadie le creía, los casos nunca llegaban a publicarse. Pero mostraba la decadente y divertidísima vida nocturna de Chicago a fines de los ‘70. La serie tenía un humor negro feroz, poco habitual para la época, muy parecido al que compartimos con Miguel en los años de giras. Muchas de las historias que Miguel ha cosechado en tantos años de navegar la noche también son difíciles de creer. ¡Él es una especie de Kolchak argento!

–¿De qué manera la música cuenta esa historia?

A.T.: -Las aventuras de este “Tallarita personaje” quedaron definidas en las diez situaciones-anécdotas-melodías que articulan el disco. Esta son “Fiesta en la 208”, “El espejo”, “Fifty Fifty”, “Muñecas en bikini”, “Oba Oba”, “Sheriff Trompeta”, “Steady Tarantella”, “Sonámbula” y la que da nombre al disco. Una vez que cada una de las situaciones tuvo su melodía representativa, las rediseñamos para esa pequeña orquesta que participa en todo el disco, cuyo formato tiene un poco del color de las series de los ‘70 y al mismo tiempo un carácter inconfundiblemente argento.

–¿Se reconoce Tallarita en este personaje?

ؘM.T.: -El personaje y esa historia que contamos son excusas para hacer nuestra música. De todas maneras, el personaje es parte de mi música. Cuando uno compone o toca, lo que aflora continuamente son las vivencias, además de la música que tocaste y la que escuchaste. Es un poco así. Y cada experiencia tiene lo suyo. De cada noche y de cada show aprendo algo, tanto cuando voy a tocar con Damas Gratis como cuando voy con Los Fundamentalistas. Uno se va cargando de experiencias que inevitablemente se reflejan en la música que hace.

Santiago Giordano/Página 12

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