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Boca y Santos redondearon un ajedrecístico 0-0. Se define en Vila Belmiro

Conformaron un partido cerrado, con más recaudos que imaginación.

Trabado, luchado, friccionado. Mucho más físico que futbolistico y lejos de la expectiva de una serie así. El 0 a 0 entre Boca y Santos en la Bombonera en el juego de ida de las semifinales de la Copa Libertadores se explicó desde la falta de ideas y de determinación del conjunto de Russo y del poco entusiasmo que tuvieron los paulistas para ir en la búsqueda del triunfo. Se estudiaron, se midieron, pero se quedaron en amagues, en una igualdad que es la mejor posible para el Xeneize: cualquier empate con goles mete a Boca en la final. Aunque la idea, está claro, era poder irse con una ventaja para Brasil abriendo el mano a mano en casa.

La primera etapa mostró intenciones parecidas. Porque los laterales de Boca jamás pisaron el campo rival y el doble cinco del Pulpo González y Capaldo ocupó espacios de relevo, pero no dieron el paso al frente. Así, lo del local recayó casi siempre en la velocidad de Villa para generar peligro, pero pocas veces tuvo la compañía (su remate de zurda al travesaño fue en offide) que necesita para pesar con fuerza. Los paulistas hicieron lo mismo: arriesgaron poco, pasaron rápido la pelota a la faceta ofensiva y dejaron en la inspiración de Soteldo o de Marinho las opciones de ataque.

Con Salvio contenido e impreciso, Soldano y Tevez presionaron 20 metros más arriba de lo que lució Boca ante River en el fin de semana. Pero el desgaste se pareció más a una intención defensiva que a la búsqueda voraz por la pelota para atacar de nuevo. Y así, entre el tranco lento de Pituca y Alison en Santos conjugado con los envíos elevados de López e Izquierdoz en Boca, el primer tiempo se volvió en un campo de estudio. Lejos de las ambiciones de una semifinal de Libertadores pero con mucho de los temores que esta instancia suele representar ante cada error.

Empezó el segundo tiempo con otra actitud Boca. Logró por primera vez en toda la jornada poner a un futbolista mano a mano con el arquero de Santos (la única intervención ofensiva de Salvio fue un remate al primer palo algo débil) pero luego desde el banco decieron romper la estructura del partido. Fue un riesgo grande, jugado, al que apostó Miguel Russo: metió a Cardona y sacó al Pulpo González en el corazón del mediocampo. La idea fue clara: transformar a Boca en dos equipos en uno, con cinco hombres defendiendo y otros cinco atacando. No le salió. En ese tramo del juego fue lo mejor de los visitantes, que coparon la parada con Alison (el mejor de la cancha) y si bien les faltó fuego para poner en problemas a Andrada, inclinaron la cancha al campo de juego rival. En ese lapso, para colmo, Boca ni siquiera pudo meter alguna contra que justificara tamaña apuesta.

Las quejas con el árbitro Tobar fueron una por lado. En Boca reclamaron la roja a Marinho por un planchazo a destiempo sobre Fabra, similar a la que el juez consideró expulsión de Obando frente a Inter de Porto Alegre en octavos. Luego, Santos pidió un penal por un cruce a tiempo de Izquierdoz sobre Marinho. Ambas se revisaron por el VAR y en ninguna hubo sanción. ¿Pudo ser al revés? Tal vez. Pero en la velocidad e interpretación del juez chileno resultó difícil de identificar con claridad qué ocurrió en cada jugada le dieron la derecha a Tobar.

Russo advirtió lo evidente: que a Boca le habían minado de camisetas blancas el mediocampo. Entonces cambió: metió a Wanchope por Soldano (otra vez estuvo lejos de generar alguna situación de gol) e incluyó a Buffarini por Salvio, muy lejos de su nivel. Así, Jara pasó al mediocampo y Boca recuperó terreno. ¿La pelota? No tanto. Es que al corte constante del ritmo se le sumaron que tanto Villa como Tevez lucieron fundidos en la última parte del partido. Así, lo más riesgoso lo terminó aportando Cardona – ya más cerca del área rival – con un remate contenido, con una buena asistencia para Ábila (tardó en definir) y con una conexión colombiana que finalizó con la única excursión de Fabra en el ataque y un centro atrás que Jara no pudo transformar en gol.

Poco, demasiado poco para una semifinal de Libertadores. Pareció conformarse Santos con no salir herido de La Boca. Y a Russo y compañía les faltó claridad para encontrar todo ese peso ofensivo que lo caracterizó contra Racing en la etapa anterior o incluso que lo transformó en un conjunto de temer desde los apellidos. ¿Será que en el partido de vuelta le servirá más jugar de contra? ¿Apuntará Russo a otro partido largo en San Pablo? Las preguntas se resolverán recién en una semana. Pasó de largo el juego de ida. Y ninguno hizo demasiado para dar el paso al frente.

Matías Bustos Milla/Clarín

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