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Boca y River, sin convencer, ganaron y llegan confiados al Superclásico

El juvenil Luca Langoni volvió a darle la victoria al Xeneize.

La última pelota, ese remate de media distancia de Santiago Pierotti que encontró otra gran respuesta de Agustín Rossi, no sólo explica el resultado; también, las campañas de Colón y Boca. Lo más justo hubiera sido un empate. Sin embargo, el equipo que dirige Hugo Ibarra, hijo pródigo en ese rincón de Santa Fe, aprovechó sus oportunidades y se sostuvo en un gran arquero. Los rojinegros fallaron demasiado en el área rival y su número uno dio un rebote demasiado corto que capitalizó Luca Langoni, el pibe que apareció en la coyuntura de las lesiones que sufrieron Exequiel Zeballos y Sebastián Villa y marcó tres goles decisivos en los últimos dos partidos.

Entonces, Boca se va ganador en el Cementerio de los Elefantes. Justo antes del Superclásico, ni más ni menos. Fue su tercera victoria consecutiva y sumó 14 de los últimos 18 puntos en juego. Más allá de los desniveles y las bajas, se subió a la pelea por el campeonato, algo que parecía muy lejano hace un mes, cuando perdió por goleada ante Patronato en Entre Ríos.

El contexto favoreció a Boca en el arranque. Porque enfrente había un equipo con entrenador interino y la obligación de mostrarse protagonista. Hubiera sido un escenario ideal para explotar la velocidad de Villa, pero el colombiano se lesionó la rodilla derecha, fue operado y será baja por el resto de la temporada. No obstante, Ibarra eligió al pibe Langoni –el héroe ante Atlético Tucumán- y a Norberto Briasco como extremos. Y en la primera llegada a fondo, encontró el gol.

Fue un instante después de dos jugadas que pudieron poner en ventaja a Colón: un remate de Baldomero Perlaza que tapó Rossi y no terminó en el grito de los santafesinos porque Ramón Abila estaba en offside y un disparo de Facundo Farías que el arquero xeneize manoteó al córner. Ambas situaciones comenzaron por el sector de Frank Fabra.

El colombiano es permeable cuando lo atacan y por ese sector fluyó Cristian Bernardi. Como contrapartida, es muy punzante cada vez que se proyecta. Y después de recibir un pase de Martín Payero, el lateral encaró con la pelota dominada y asistió a Briasco, que inclinó el cuerpo para rematar de derecha y vulnerar a Ignacio Chicco. Fue en el preciso momento en el que llegaba el chileno Facundo Garcés al cruce. La clavó abajo, a un rincón.

Boca, que parecía agobiado en esos primeros diez minutos, consiguió el gol que necesitaba. Y un minuto después, casi marca el segundo Darío Benedetto tras un pase de Langoni. Chicco tapó con su rodilla derecha el tiro cruzado de Pipa.

De visitante, en una cancha cargada, más allá de su chapa de grande, Boca apostaba al contragolpe. Colón tenía más ambición e ingenio. Fundamentalmente, por los buenos rendimientos de Perlaza, un volante central de piernas largas y concepto; el

Pulga Rodríguez, afilado para el pase filtrado; Farías, rápido y dinámico partiendo por la izquierda, y Bernardi, activo por la derecha.

En ese 4-2-3-1 que pergeñó Adrián Marini, había profundidad, pero faltaba mayor peso en el área, muy a pesar de la presencia de Wanchope. Y aunque el camino más llano hacia el área de Rossi parecía abrirse por las bandas, sobre todo por la derecha, Colón jugó fuerte a espaldas de Esteban Rolón y con los centrales lanzados. Primero, a partir de una recuperación de Rodríguez y un pase de Farías para dejar a Bernardi mano a mano; el volante decidió buscar a Abila y llegó justo Facundo Roncaglia para cortar. Segundo, desde una cesión filtrada del Pulga que otra vez encontró al cordobés cara a cara con Rossi. El arquero salió apurado y lo bajó. Fue un claro penal que Hernán Mastrángelo cobró sin hesitar.

Se encontraban, entonces, el Pulga y Rossi. Dos especialistas. Cada uno en su rol. Y esta vez, no hubo saltitos del tucumano. Remató fuerte al medio y el arquero no pudo continuar con su exitosa racha desde los once metros. Colón lo empató. Y el resultado tuvo más relación con el desarrollo.

En el segundo tiempo, los santafesinos siguieron con su búsqueda. Rolón quedó descompensado porque le faltó compañía en la contención. Hacía tiempo que no jugaba, pero las ausencias de Alan Varela y Pol Fernández, que sumaron sus cinco amarillas para estar la semana que viene en la Bombonera, ameritaron su presencia en la mitad de la cancha.

Y justamente por el sector donde no podía controlar Rolón, Bernardi habilitó a Wanchope, pero cruzó justo Marcos Rojo y su disparo se perdió muy cerca del poste derecho. Después, fue el propio Bernardi el que lo perdió. Ibarra movió el banco. Entraron Luis Vázquez y Aaron Molinas. Salieron Briasco y Romero. El pibe le dio un mejor destino a la pelota. Descargó mejor, condujo, algo que no había podido hacer el paraguayo. Y llegó el gol, justo cuando todo indicaba que se lo daría vuelta Colón.

Molinas jugó para Payero, el ex Banfield sacó un bombazo de media distancia, Chicco tapó, pero dio rebote y Langoni la empujó al 2 a 1. Mostró olfato. Está en estado de gracia con apenas 20 años.

Colón continuó con su tesitura, no cambió el plan, más allá de la desventaja. Rossi tapó ante Augusto Schott. Entró bien Pierotti. Y de un centro suyo, llegó el cabezazo de Paolo Goltz que se perdió apenitas por encima del travesaño.

Y el tiro del final terminó en las manos del arquero. Colón sufrió su falta de eficacia. Y ganó Boca, que asoma en el lote de arriba a fuerza de sus triunfos.

Con tres victorias al hilo y ganando 14 de los últimos 18 puntos llega afilado al Superclásico.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

Nicolás De La Cruz abrió el marcador en el Monumental.

River avanza en el campeonato. Como las obras del Monumental, lo hace a paso firme. Sin lucir, es cierto, pero, al menos encontró una regularidad en los resultados. Por sus propios desniveles, al equipo de Marcelo Gallardo le costó el partido contra Barracas Central pero lo ganó 2 a 0 y llega al Superclásico con un buen envión.

De partido a partido siempre hay algún retoque de Marcelo Gallardo. Ya sea en los nombres o en las variantes de sistema. Las nominales esta vez fueron en una parte obligadas por las lesiones de Franco Armani y Andrés Herrera, aunque el lateral derecho estuvo en el banco de suplentes, y la otra para darle descanso a Enzo Pérez. Y la táctica fue con Juanfer Quintero tirado a la derecha, aunque en un mediocampo bien compacto y centralizado, ya que ni el colombiano, ni Nicolás De La Cruz, quien arrancó por la izquierda, arrancaron pegados a la raya sino más bien centralizados.

Es que las bandas eran para los laterales. Y a través de las llegadas de ellos, River buscó lastimar al principio. De hecho, una de las primeras jugadas que tuvo fue a partir de un desborde de Elías Gómez y un remate de Milton Casco. Fue unos minutos después de que Lucas Beltrán tuviera el gol en sus pies en el área chica tras un córner magistral de Quintero.

La presencia de Beltrán era inquietante para la defensa de Barracas Central. No solo adentro del área, sino también afuera de ella. Lo mostró en el primer gol de River, en el que fue un buen partenaire para De La Cruz en esa larga corrida del uruguayo con pelota al pie y cambio de ritmo. Dos veces descargó el mediocampista con el delantero antes de definir con un zurdazo cruzado. La jugada fue revisada varios minutos por el VAR antes de convalidarse el gol.

De La Cruz logró romper a la defensa rival con su talento e ingenio. El uruguayo fue la clave del partido para River al adueñarse del mediocampo y hacerse eje del juego, lo que no logró hacer Juanfer, quien arrancó bien pero se diluyó y salió en el entretiempo. Por él ingresó Esequiel Barco y River fue más eléctrico en el inicio del segundo tiempo. Llegaron más jugadas de gol pero Solari no estuvo fino y una definición de Aliendro dio en el palo y otra de De La Cruz se fue apenas desviada.

Pasaban los minutos y River tenía todo a su favor pero no lo definía y Barracas seguía en partido. Aunque las únicas cartas que tenía eran las pelotas paradas de Iván Tapia para buscar un cabezazo del grandote Ferreyra, alguna corrida de Pablo Mouche o una arremetida de Bandiera o de Valenzuela.

Aunque River le dio más chances a la visita, que el último tramo del encuentro lo jugó con un hombre más por la correcta expulsión de Bruno Zuculini, quien no se midió en ninguna de las dos faltas en las que vio dos amarillas

Gallardo no se desesperó y rearmó el medio con Aliendro de volante central y De La Cruz cerca de él. Y a Enzo Pérez recién lo puso los últimos diez minutos. Es que el Muñeco no quería desgastar al mendocino de cara al Superclásico, al que River llega con algunos jugadores entre algodones (a Armani y Herrera se sumaron Mammana, a quien se le endureció el posterior derecho y Solari, con molestias en el aductor izquierdo).

A River le costó sostenerse. Y se desorganizó. Un rival fuerte lo hubiera complicado más. Pero enfrente estaba un Barracas muy limitado que así y todo le dio algunos sustos sobre el final con una pelota parada, un tiro libre de Iván Tapia y los enganches de Valenzuela, que terminó dos vces en el piso en el área pero no hubo faltas y los árbitros tampoco compraron. Y en el último minuto de descuento llegó el alivio para River con el gol de Miguel Borja.

Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes

OTROS RESULTADOS

Platense 0 – Estudiantes 0

Patronato 0 – Unión 0

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