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Boca pisó fuerte en Asunción y River mereció más que un empate en San Pablo

El Toto Salvió la rompió toda y marcó los dos goles xeneizes .

Boca tardó cinco minutos en llegar al arco de Libertad y convertir el primer gol en la  noche guaraní. Este equipo que estuvo cinco meses y 25 días sin jugar oficialmente salió a presionar al conjunto local, que venía con muchísimo más rodaje al tener 11 encuentros desde julio.

Eduardo Salvio quebró la cintura, dejó desparramado a un defensor y definió cruzado. Martín Silva puso los guantes y Maroni tomó el rebote. Su remate pegó en el palo y el nuevo rebote fue aprovechado por el ex Lanús para pegar un nuevo grito.

Cuando se especulaba que el equipo de Miguel Angel Russo, que se quedó en Buenos Aires y por eso dirigió Leandro Somoza, iba a plantarse en un cómodo y confiable 4-4-2, sorprendió con un novedoso dibujo táctico: 4-1-3-2. No se quedó esperando y buscó de movida. Y hasta tuvo inmediatas situaciones después del gol. Tevez se perdió una chance, y Maroni desperdició otra buena oportunidad disparando al medio.

Las dudas en las que se encontraba envuelto el conjunto visitante se disiparon a la hora del juego. El caso de Boca acarreaba como extra el brote de coronavirus que debió superar en su plantel.

Unos 20 casos frenaron su preparación por varios días y pusieron un gran signo de interrogación sobre el equipo. A todo esto se le sumó el ida y vuelta antes de viajar por la polémica de los test positivos, y si estaban o no habilitados para viajar pese a lo que disponía la Organización Mundial de la Salud. De todos modos, la delegación que aterrizó en Asunción partió con todos negativos, para evitar mayores conflictos.

Inclusive, bajaron a último momento a Lisandro López. En la defensa, el único titular habitual fue Izquierdoz. Sin Buffarini (lesionado), los laterales fueron Jara y Mas, quien fue uno de los pocos que no se contagió de covid-19. La inclusión del sanjuanino estuvo atada a la aparición adelante suyo de Maroni, uno que venía con ritmo desde Italia ya que jugó hasta la última fecha de la Serie A.

Con el resultado a favor y con el paso de los minutos, fue lógico que Boca comenzara a ceder la pelota a su rival, un Libertad que se vio sorprendido y que en el primer tiempo no reaccionó, salvo alguna arrancada de Villalba.

El 4-2-3-1 elegido por Ramón Díaz no pesó en campo ajeno y dejó varios espacios atrás. Tuvo serios inconvenientes para llegar al área de Esteban Andrada, y el experimentado Cardozo debía bajar para poder tener contacto con la pelota ya que los volantes ofensivos no conectaban.

El desarrollo no se modificaba a partir de que Libertad no encontraba los caminos para llegar con riesgo al arco de Andrada. Los cambios que intentó Díaz no le dieron el resultado esperado, y el control era del actual campeón del fútbol argentino. Con esta victoria, Boca se encamina hacia la clasificación a los octavos de final.

Página 12/Deportes

Julián Alvarez marcó el segundo gol del Millonario que parecía darle la victoria.

River dejó una muy buena imagen. Fue un interesante regreso tras seis meses sin acción. Pudo haber sido mejor porque el valioso 2-2 que sacó de su excursión por Brasil en el reinicio de la Copa Libertadores tiene ese sabor raro que dejan los dos goles en contra que hacen suponer que el premio pudo ser mayor. El equipo de Núñez volvió como siempre, como si nada hubiera pasado. Y esa es la mejor noticia después de tanto tiempo sin fútbol.

Mucho tiene que ver Marcelo Gallardo y su cuerpo técnico, que esta vez le dieron batalla a una pandemia y a la biología. Se suponía que la falta de ritmo futbolístico y el poco tiempo que hubo desde el regreso de los entrenamientos presenciales iba a conspirar contra las aspiraciones de su equipo. San Pablo llegaba a este partido con 14 partidos oficiales. River, ninguno. Apenas cinco semanas de trabajo llevaba River en el predio de Ezeiza. Pero jugó como si nunca hubiera existido la cuarentena. Evidentemente, hubo un gran trabajo de los profes del cuerpo técnico, comandados por Pablo Dolce, para sostener los físicos de los jugadores con las rutinas que les enviaban y los seguimientos virtuales. Y una gran responsabilidad de los futbolistas.

También, la energía del Muñeco. Había dicho que su equipo iba a dar pelea y se iba a mostrar como siempre. Y sus jugadores le dieron la razón a sus palabras. River se plantó en el Morumbí. Como lo hizo otras veces en Brasil bajo su ciclo. Porto Alegre 2018 y Belo Horizonte 2015 y 2019, tres claros ejemplos.

Así y todo, a pesar de haber comenzado mejor el encuentro, antes de los diez minutos River se encontró en desventaja. Y encima con una jugada desafortunada. Un centro de derecha izquierda encontró a Reinaldo. El jugador brasileño le dio a la pelota de volea defectuosamente y el remate se desvió en Enzo Pérez y descolocó a Franco Armani. Pero si de algo sabe el equipo de Gallardo es de ponerle la cara a la adversidad. Antes de llegar a los 20 minutos, llegó al empate. Rafael Borré empujó la pelota al arco luego de una triangulación entre Julián Alvarez, Matías Suárez y el propio colombiano, que incluyó to

que, desborde y centro atrás. La asistencia fue de Alvarez, el “pollo” del Muñeco. Que fue titular para darle forma a un sistema táctico ofensivo (4-3-3), que River no utilizaba desde noviembre en la victoria 3-2 sobre Newell’s por el torneo local. Y la apuesta del entrenador, otra vez, funcionó. En el primer tiempo no se sintió la diferencia de rodaje.

Y tampoco en el arranque del complemento porque River siguió jugando como si no sintiera la larga inactividad. Y como si no fuera visitante. Asumió el protagonismo y aunque no creó chances de gol, dominó la pelota, el campo y los espacios. Tal vez para equilibrar la mitad de la cancha y tener más pausa, Gallardo mandó a la cancha a Jorge Carrascal, quien ingresó por Suárez. Entró bien el colombiano. Y con su presencia, River quedó con un 4-1-3-2, con el colombiano por la izquierda, De La Cruz pasó a la derecha y Nacho Fernández por el centro. Alvarez y Borré, la dupla ofensiva.

Era de esperarse que River sintiera el cansancio en algún momento. Las piernas de los jugadores del Millonario empezaron a pesar en los últimos 20 minutos. Recién ahí San Pablo pudo hacerse del dominio del juego. Y generó peligro por el sector de Fabrizio Angileri. En una de esas jugadas, el equipo brasileño llegó con claridad, pero Lucas Martínez Quarta salvó en el área chica.

Ojo, River no resignó el arco rival. No se refugió en el empate. Y tras una segunda jugada de una pelota parada Martínez Quarta habilitó a Julián Alvarez, quien clavó un derechazo en el arco de Tiago Volpi. El juvenil fetiche de Gallardo le daba el triunfo parcial al conjunto de Núñez. Sin embargo, la alegría duró poco. Tras una jugada bien hilvanada, San Pablo entró al área de River a espaldas de Montiel y otra vez el infortunio se posó sobre el equipo visitante. Armani llegó a desviar el centro para evitar el gol, pero Angileri se la llevó involuntariamente por delante y la pelota terminó en el arco.

Ya no hubo tiempo para mucho más. River logró un puntazo en Brasil. Pero también se fue con el sinsabor de haber tener la victoria en el bolsillo y que se le escapara por dos jugadas desafortunadas, dos goles en contra. La estadística dirá que los cuatro goles fueron de jugadores de River pero el resultado terminó en un 2-2. Así es el fútbol. Aun en tiempos de pandemia.

Clarín/Deportes

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