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Boca no pudo con Ñuls, ganó el Ciclón y Banfield goleó a Independiente

Almendra, llegó a la quinta amarilla, y Julián Fernández disputan un balón.

El tiro del final, ese derechazo completamente desviado de Juan Ramírez, es el testimonio de la frustración. Fue el desenlace de una gran combinación entre Cardona, Villa y Luis Vázquez. Y toda una síntesis del segundo tiempo. Boca no pudo con Newell’s, dejó escapar dos puntos, todavía con la derrota fresca ante Independiente. Su clasificación a la Libertadores, a dos fechas del epílogo de un torneo que encima ganó River, no está asegurada. Y el hincha exige. “En Santiago, cueste lo que cueste, en Santiago tenemos que ganar”, bramó la tribuna. El 8 de diciembre enfrentará a Godoy Cruz o Talleres para definir el campeón de la Copa Argentina.

Es difícil entender el rumbo que tomó Battaglia después de dos buenas producciones, con victorias incluidas, ante Aldosivi y Sarmiento.

Cambió casi todo el equipo para jugar en Avellaneda; volvió a modificar la formación que iba a disputar el partido ante Newell’s el domingo y se suspendió por el diluvio bíblico que sacudió Buenos Aires y sus alrededores y metió mano 48 horas más tarde. Y no sólo sacó a Zambrano, Cardona y Villa fueron relegados al banco. También, modificó el sistema. Entraron Lisandro López, Salvio y Zeballos. Y del 4-3-1-2 que había dado sus frutos recientemente, pasó a un 4-3-3 que prenunciaba más verticalidad y menos elaboración.

El planteo inicial dejó sabor a nada en un primer tiempo sin explosión, pese al despegue de Fabra por la izquierda. Boca nunca pudo armar sociedades, no conectaron Almendra y Ramírez y todas las sensaciones de peligro, porque situaciones concretas hubo pocas, pasaron por el despliegue del lateral colombiano.

De hecho, las únicas dos posibilidades que tuvo frente al arco de Macagno fueron forzadas por Fabra. Un centro desde la izquierda que Salvio cabeceó entrando por el segundo palo y se encontró con una extraordinaria respuesta del arquero y una trepada –caño incluido a Escobar- que terminó en un pase atrás que Vázquez no llegó a impactar.

Fabra empezó a tomar protagonismo cuando Newell’s controló a Zeballos, que recordó a Saturno con sus bicicletas, aunque sin el éxito de Sergio. En definitiva, los rosarinos arribaron a orillas del Riachuelo con la idea de cortar con una vigilancia activa de sus volantes y atacar el espacio que podía dejar Boca en su necesidad de atacar. En ese sentido, Campuzano tuvo un gran partido con su notable capacidad para el quite.

La única vez que falló, hubo una buena triangulación entre Giani, Pablo Pérez y Francisco González que terminó con un remate de Garro, incómodo, que Rossi mandó al córner.

En el arranque del segundo tiempo, Newell’s pareció animarse con el impulso de aquel final. Y Pablo Pérez habilitó a Giani, que remató cruzado y tapó Rossi, el pibe que vino de Quilmes cabeceó el rebote, pero el arquero volvió a detener el impacto.

Ya estaba Campagnaro, reemplazante de Bíttolo, y el 4-2-3-1 con el que había comenzado a esa altura no salía de un 4-5-1 en el que asomaba Pérez para armar. Y Fabra ya no gravitó.

Empujaba Boca, pero no preocupaba a Macagno, bien custodiado por los sólidos centrales. Entonces, Battaglia movió el banco. Primero, entró Villa, volcado por la derecha. Más tarde, Cardona. Y a partir del ingreso del enganche colombiano, empezó a tener volumen de juego.

Hubo offside, milimétrico pero posición adelantada al fin, de Luis Vázquez cuando le cambió la dirección a un buscapié de Villa. Diego Romero levantó la bandera con criterio.

Newell’s apostó a la experiencia. Primero con Maxi, luego con Belluschi y siempre Pérez. Entró el chico Funez para refrescar el ataque.

Rojo tuvo el gol en su cabeza, después de un tiro libre de Cardona. La pelota pegó en el palo. Y lo perdió Vázquez abajo del arco. Boca se deshizo entre su impotencia y las dudas de su entrenador. Y crece la presión.

Daniel Avellaneda/Clarín

Uvita festeja su conquista que le dio la victoria a San Lorenzo.

San Lorenzo volvió al triunfo y salió de los últimos dos puestos de la tabla, pero en el Nuevo Gasómetro hubo apenas algunos aplausos y muchos silbidos e insultos para dirigentes, mánager y jugadores. No hubo tranquilidad ni en el Día del Hincha cuervo en el club de Boedo, que superó 1-0 a un Sarmiento que lo puso contra su arco y mereció darlo vuelta. San Torrico fue la figura.

Sin un fútbol vistoso, en el Bajo Flores se vio mucho entretenimiento en un partido que tuvo bastante acción en ambas áreas. San Lorenzo no juega bien, pero cuando ataca, llega. Y uno de los tantos males que nunca pudo resolver durante el semestre es la falta de definición dentro del área rival. Lo volvió a sufrir en la soleada tarde de ayer. Ezequiel Cerutti, Nicolás Fernández, Franco Di Santo… De a uno iban desfilando en el ataque sin suerte para el gol. Y eso le daba vida a un Sarmiento que por arriba ganó cada pelota que logró teledirigir hacia la zona de fuego.

Luciano Gondou hizo buen uso de su metro noventa de estatura y bajó un par de pelotas que no pudieron aprovechar Sergio Quiroga primero y Jonathan Torres después. Sin mucha lucidez para la elaboración, las imprecisiones y los errores en las dos defensas alimentaban el espectáculo con situaciones de gol continuas. De lado a lado.

Di Santo quedó mano a mano ante Manuel Vicentini y pateó al bulto. Para colmo, en el rebote se complicó para descargar rápido con Uvita Fernández, que terminó rematando ya con el arquero bien ubicado nuevamente. Pero Fernández, que la pasó mal en la semana por un violento robo sufrido en su domicilio, tuvo revancha: el centro de Julián Palacios partió desde la izquierda, cruzó todo el campo y Uvita apareció por el segundo palo para volar de palomita y cabecear cruzado. Uno de los más bajos de la cancha la metió de cabeza ante la pasividad de los centrales del equipo de Junín.

Di Santo tuvo otra clara para estirar la ventaja, pero otra vez se nubló en el momento de elegir el mejor lugar para colocar la pelota y tapó Vicentini. Cerutti probó desde afuera y tampoco pudo. El problema para el local era que cada vez que la visita pasaba el círculo central, le creaba serios problemas atrás. Gabriel Alanís estuvo a punto de empatar luego de una linda conexión con Gondou, pero tapó el eterno Torrico, que recuperó el nivel con atajadas clave luego de algunos partidos con dudas y fallas que costaron goles.

Alexis Sabella reventó el balón en el travesaño de un tiro libre ya en el complemento. Para esa altura, Andrés Herrera, muy activo con subidas punzantes por la derecha, había sido reemplazado por el pibe Gonzalo Luján por una lesión muscular. Perdió peso por ese sector San Lorenzo.

Sarmiento no esperó más y se adelantó varios metros en el terreno. Y lo puso en apuros al dueño de casa, al que le robó el control del balón. Martín García, Alanís y el ingresado Julián Brea estuvieron cerca del gol, pero entre la falta de puntería y las manos de Torrico salvaban a los azulgranas, que se fueron metiendo atrás y se pararon decididamente de contraataque.

La última media hora fue un concierto verde sobre el arco del Cóndor. Los cambios de la dupla técnica empeoraron al equipo. Torres se lo perdió en una posición inmejorable, Torrico salvó la última de Rodrigo Salinas y los tres puntos quedaron para Boedo, aunque merecieron irse para Junín.

Nahuel Lanzillotta/Clarín

Luciano Lollo marcó el segundo gol del Taladro.

La imagen de Julio César Falcioni sobre el final del partido fue sintomática: sentado en el banco de suplentes y con cara de pocos amigos. No era para menos: Banfield goleó 4-1 a Independiente. El elenco de Avellaneda se alejó demasiado de los puestos clasificatorios para la Libertadores y aún no pudo asegurar el boleto para la Sudamericana. En las últimas dos jornadas chocará contra San Lorenzo y Talleres.

Se presentó como una verdadera prueba el juego para Independiente porque demasiado pronto se encontró en desventaja. Iban apenas 2 minutos cuando Fabricio Bustos le cometió una falta evitable a Agustín Urzi. El tiro libre desde la izquierda lo ejecutó el propio juvenil, Luciano Lollo la peinó en el primer palo y Alexis Maldonado definió ingresando por atrás. Y el nuevo escenario se le cayó encima al elenco comandado por el Emperador, quien se emocionó hasta las lágrimas cuando los hinchas del Taladro lo ovacionaron desde los cuatro costados.

Los instantes que le siguieron al gol fueron de desconcierto para Indepenaire diente. Los volantes perdieron muchas pelotas sencillas y el local se desplegó corriendo por las bandas y centralizando de manera directa para los dos delanteros, Enrique y Cruz, que jugaron sobre los zagueros visitantes. Insinuó más de lo que inquietó Banfield, pero estuvo cerca de estirar la ventaja. Hasta que, poco a poco, el Rojo fue juntando pases y se empezó a amigar con la pelota. Crecieron las figuras de Benavídez y el colombiano Roa. Avisó Saltita González con un disparo que se estrelló en un palo.

El empate llegó por decantación y merece un párrafo especial porque fue insólito. Primero los locales reclamaron que la pelota se había ido por la línea de fondo en el inicio de la jugada. Fue muy finita. El balón le llegó a Romero, que definió de zurda tras enganchar de derecha, hubo un desvío en Lollo antes del impacto en el travesaño y la pelota se elevó en el y cayó a un metro del arco. Ahí lo inesperado: Maldonado, que estaba solo, la cabeceó al gol. Se presume que intentó sacarla por un costado. Pero estuvo lejos de eso. Un dato amargo: es el segundo gol en contra que se mete el defensor en el torneo.

En la segunda parte, Banfield lo pasó por arriba, física y anímicamente. Independiente fue una sombra. Sufrió mucho el Rojo en los instantes iniciales y tuvo dos minutos fatídicos. A los 12, Lollo convirtió el 2-1 tras un córner de Urzi y 120 segundos después Barreto se fue expulsado por doble amonestación.

Se desató la fiesta de Banfield. Urzi completó su mejor partido en Primera: otro córner suyo culminó en gol de Galoppo. Sí, al equipo de Falcioni le metieron tres goles de pelota parada. Sobre el final, Soñora se sumó a los festejos para el 4-1 final e Insaurralde también vio la roja.

Ganó Banfield e Independiente quedó complicado. Si ganaba, se aseguraba la Sudamericana y quedaba muy cerca de la Libertadores. Ahora, deberá luchar hasta el final.

Maximiliano Uría/Clarín

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