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Boca ganó, gustó y se quedó con la punta de la Superliga

Alexis Mac Allister es saludado por Mas tras convertir el segundo en la victoria xeneize.

Al menos por unas horas hubo paz. En Brandsen 805, después de una semana de pura tensión, con dardos electorales cruzados, con un presidente acusando a un ídolo por jugar para el bando opuesto en las elecciones, con el ídolo pasándole factura y con los hinchas empezando a vivir la cita electoral del 8/12. Todo ese cóctel explosivo se descomprimió por un rato en La Bombonera. No hay manera de negarlo: el gol que más se gritó no fue el que hizo Ábila de cabeza a los 2 minutos del partido contra Unión ni el golazo que construyó Boca entre Capaldo y Mac Allister a los 10 del segundo. No. El alivio lo otorgó ese zurdazo de Gabigol del sábado por la tarde en Lima y que le quitó de las manos la Copa Libertadores a River. Y no hace falta un análisis sociológico ni encargar encuestas a nivel nacional para entenderlo: Boca y River compiten en su día a día con una carrera de gigantes en la que no solo se miden por lo que se gana sino también por lo que pierde. Unos y otros. Lo describió Salvio, cuando después de ser el mejor de la cancha en la tarde entre mil gambetas, le puso voz a esa “mochila que sentíamos sobre las espaldas y que si ganaba River se iba a hacer más grande”. Esa frase aclaró el escenario pero también disparó otro para evaluar el rendimiento de algunos jugadores que con la tensión sobre sus hombros padecen y sin ella se lucen.

Ayer, como ocurrió en la goleada frente a Arsenal, Boca por momentos brilló. Lo hizo Reynoso con esa zurda que es capaz de dibujar sutilezas y gambetas; lo ratificó Ábila, quien hizo otro gol en la Bombonera (el 12° en el año) pero que otra vez dejó flotando en el aire el análisis sobre su condición de nueve titular.

¿Boca puede confiar en él para que sea el goleador que necesita o debe buscar a otro porque cuando lo necesitó no pudo tener al cordobés? Un tema a pensar.

La pobre imagen que dejó Unión contrastó también con la voracidad que mostró Boca para subirse a lo más alto de la Superliga. Casi no hubo intervenciones de Andrada, toda una novedad en este ciclo. Tampoco hizo falta contar con las proyecciones ofensivas de sus laterales que ayer fueron Buffarini y Mas porque alcanzó con las participaciones de Salvio, Alexis (primero errático pero luego decisivo en el segundo tanto) y Bebelo. Si hasta De Rossi volvió a jugar y le alcanzaron tres toques para mostrar su jerarquía. Ante la poca resistencia del equipo santafesino a Boca le sobra, pero lo poco mostrado en Liniers en la fecha pasada no invita a creer que se trata de una constante confiable para 2020.

Ahora llegará el cierre de año como local. Boca recibirá a Argentinos Juniors en un juego que se presenta como bisagra para el torneo porque los de Paternal discuten la punta. Pero hay más: después de 5 años estará Juan Román Riquelme en el estadio. Y si ayer su apellido fue coreado desde casi todas las tribunas – La Doce intentó ocultar ese grito-, lo que se viene en el próximo juego puede ser contundente. La presión se sentirá en cada rincón de Brandsen 805. Adentro y afuera del campo de juego. Porque así es Boca.

Matías Bustos Milla/Clarín

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