
Del Boca Predio de Ezeiza a la cima de la Liga Profesional. De un equipo en slow motion hace un mes y medio a uno de puro sacrificio para ganar un partido clave en Mendoza. De ser el conjunto más goleado del torneo a solo recibir tres tantos en las últimas once presentaciones. De la irregularidad constante hasta acumular once sin derrotas. Y ante Godoy Cruz, en la recta final de un torneo que da lugar a las sorpresas, Boca ganó un juego que le permite ilusionarse con luchar hasta el final por otra vuelta olímpica.
No se trató de un triunfo más. Porque más allá de las matemáticas con respecto al título, el contexto fue muy desfavorable. El equipo de Hugo Ibarra lo ganó a puro sacrificio y solidaridad entre sus líneas a partir de una premisa tácita: no le sobraba nada en su viaje a Cuyo. Es que entre lesiones (Villa, Zeballos, Benedetto, Figal y Rojo), los ausentes por estar con sus selecciones (Advíncula, Fabra y Zambrano) y su andar colectivo sin grandes virtudes como para explicar su condición de candidato, lo de Boca se pareció a un triunfo gigante, ante un equipo también con aspiraciones en el torneo doméstico y que solo había perdido un partido en todo el 2022 en Mendoza. Pero Boca ganó. Y lo hizo afirmado en su última línea, en un mediocampo que se ordenó desde la figura de Alan Varela y también por el oportunismo de Luca Langoni, el cuarto extremo del plantel que ya le sirvió 9 puntos desde sus 4 goles (lo ganó ante Atlético Tucumán, Colón y Godoy Cruz). Pero no se trató de una victoria de casualidad ni de un arresto individual, algo que supo llevar a Ibarra y compañía a festejar en esta racha. No, esta vez Boca se movió como equipo, con dinámica, con desgaste y también con una idea ofensiva en los primeros 45 minutos, en los que dominó el juego pese a que encontró el gol con un buen disparo de Langoni que tuvo un desvío que le complicó la estirada al Ruso Rodríguez.
Sin Advíncula ni Fabra en los laterales, igual Weigandt y Sández eligieron pasar al ataque. Y entre Payero y Pol Fernández se encargaron de la distribución, incluso ante otro flojo partido del paraguayo Romero y otro encuentro de sequía de Luis Vázquez. Es más: en la segunda etapa el equipo contó con situaciones para resolver el juego (Vázquez decidió mal en dos, en otra Payero tardó en definir, Sández tuvo la suya y a Morales le faltó resolución) pero falló en las contras que tuvo a disposición como para no terminar posicionado en campo rival, como tantas otras veces. ¿Y Rossi? Aunque estuvo correcto, esta vez no anduvo de un palo a otro para transformarse en figura. Eso también describe lo que fue una victoria que se construyó desde las entrañas de las Inferiores: el equipo terminó utilizando a 11 futbolistas nacidos en el club (contando a los ya constituídos como Roncaglia y Pol Fernández) y con el ingreso del chico Javier Morales, goleador de la Reserva, llegó a 20 estrenos de pibes de Inferiores (sin contar aquellos que debieron enfrentarse a Banfield y San Lorenzo de urgencia) desde que la gestión de Juan Román Riquelme llegó a la institución. Un cambio de paradigma en Brandsen 805 y que encima le está dando títulos y rendimientos altos.
El compromiso de Boca coincidió con otro mal encuentro de Godoy Cruz, que por momentos dependió demasiado de la inspiración individual de Martín Ojeda y que nunca pudo romper con esa doble línea de presión que ejerció Boca en la mitad de la cancha y para controlar los envíos aéreos. De ahí que Salomón Rodríguez casi no gravitó en el juego y solo tuvo aproximaciones desde la pelota detenida.
Remendado y lleno de juveniles. Otra vez con el arco en cero y sin sobrarle demasiado (ganó 6 de los últimos 7 encuentros, todos con diferencia de un tanto); agotado (varios terminaron averiados el encuentro), sin los apellidos de renombre y jerarquía pero respaldado por 20 mil hinchas que estuvieron en el estadio, Boca ganó.
Otra vez. Y se sigue ilusionando.
Clarín/Deportes
EL GLOBO LO DIO VUELTA Y SIGUE DANDO PELEA
Ahí está Huracán. Arriba. Lucha. Simpatiza con el protagonismo. Queda una impresión. El Globo de Newbery tiene con qué. Porque cuenta con jugadores valiosos; porque la idea la comparten todos. Porque la punta está a un suspiro. Porque perdió apenas un partido desde aquel tropiezo inaugural contra Racing.
Ahí va Huracán. Después de este 2-1 frente a Banfield todo indica que bajo el cielo de La Quema un candidato cumplió años.
Es agradable que un fútbol argentino que a nivel de clubes no parece estar a la altura de su mágica historia, ofrezca partidos como este cambiante Huracán- Banfield, bajo el cielo del Palacio Ducó. Importa poco o no mucho para el imparcial lo que significó ese desenlace.
El primero tiempo ofreció magias sucesivas del fútbol de este tiempo. Fue gol ese grito inicial de Banfield que necesitó el aporte del VAR.
Fue penal también el que sancionó Echenique y que el Zorro Cóccaro entregó a las manos de Cambeses, siempre tan prolijo.
Uno a cero ganaba Banfield tras esa jugada del suspenso. Pero había mucho más para ofrecer en ese primer tiempo..
Partido de encantos, de audacia y también de golazos. Walter Pérez y su zurda y Rodrigo Cabral con la pierna que elija pusieron a Huracán en el estallido agradable, feliz, de sentirse candidato.
Pero faltaba más. Un tiempo entero. Casi todo estaba por verse.
Y hubo variantes. Huracán llegó más, pero Banfield pudo igualarlo y hasta ganarlo. En suma un partido repleto de vértigos. También un juego merecible de aplausos.
Quedó en el mismo desenlace que había ofrecido el primer tiempo. Y quedó también en un encuentro para abrazar y para aplaudir.
Y ahora, después de ese desahogo hermoso y tardío con el gol triunfal de Cóccaro desde atrás de mitad de cancha aprovechando que el arquero Cambeses buscaba el empate, algo relevante sucede: Huracán, el Globo de Newbery, irá al Bajo Flores el sábado 1° de octubre en nombre de ofrecer su mejor versión y de ganar. Nada menos que el clásico ante San Lorenzo.
Otra vez. Porque la palabra “campeón” ya no es ajena.
De ningún modo.
Waldemar Iglesias/Clarín-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón