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Boca ganó en los penales y se quedó con la Diego Armando Maradona

Carlos Tevez y todo Boca levantan la Copa Diego Armando Maradona.

Sufrir para ganar. Y desahogarse en los penales. Después del mazazo en la Libertadores, no se le podía escapar la Copa Diego Maradona, justo ese trofeo nacional que se bautizó con el nombre de uno de sus máximos ídolos. Boca es campeón. “Y se lo dedicamos a todos”, cantan los jugadores, cruzados por tantas críticas. Es su estrella número 70, para afirmarse bien arriba en el cima del palmarés del fútbol argentino y convertirse en el nuevo Rey de Copas Nacionales, con 14, superando a Racing, nada menos.

El dolor atraviesa a Banfield, que hizo un gran torneo, que llegó con una efervescente ilusión. Jugó mal, pero logró empatar agónicamente y una yapa desde los once metros. La jerarquía de los jugadores de Boca para rematar y el tiro de Jorge Rodríguez en el travesaño lo dejaron sin el título ni la Copa Libertadores. El consuelo será jugar contra Vélez, en algún momento del año, por un pase a la Sudamericana 2022.

La explosión de emociones llegó después de noventa minutos cargados de fricción. Boca pareció entender el mensaje que llegaba de afuera, aquel que reclamaba mayor actitud. Y en el arranque, se plantó con Edwin Cardona y Sebastián Villa por los costados y Mauro Zárate y Ramón Abila bien adelante. Durante los primeros diez minutos, presionó la salida de Banfield, un equipo que suele ser directo, rápido en la recuperación y punzante en cada contraataque. Claro que los colombianos, Zárate y Wanchope no son futbolistas capacitados para sostener una alta intensidad. Entonces, Banfield comenzó a ganar terreno en el mediocampo. Y si se hacía difícil triangular, llegaba el pelotazo largo y cruzado para romper por el sector de Emmanuel Mas.

En este contexto, Boca podía lastimar con algún desborde de Villa, que no acertó en la puntada final y recibió el reproche de sus compañeros. La más clara fue un remate cruzado que se quedó entre un tiro al arco y un buscapié que Abila no llegó a conectar. Un instante después, Jorge Rodríguez probó de media distancia. Esteban Andrada respondió. El disparo era muy violento.

Esa fueron las únicas dos jugadas que sacudieron el sonido de cancha virtual, aunque había no menos de 200 personas en la platea entre miembros de la organización, dirigentes y algunos invitados.

Boca tenía la pelota, pero no hacía daño porque Cardona no estaba fino, Zárate era intermitente y los laterales perdieron más duelos individuales de los que ganaron. El más lúcido fue Jorman Campuzano. Banfield esperaba, cortaba y se filtraba con Mauricio Cuero por el extremo, pero no tenía peso en el área, ahí mismo, donde Carlos Izquierdoz, al margen de alguna mala entrega, estaba firme.

En el segundo tiempo, Banfield salió a buscar el partido con mayor decisión. Sin embargo, le costó ser preciso en las transiciones rápidas. Boca no sufría atrás, pero tampoco generaba peligro en el área de Mauricio Arboleda. Tan poco volumen de juego tenía en 3/4, que Zárate decidió retroceder en la desesperada búsqueda de conectar líneas. Para colmo, se lesionó Campuzano. Entró Diego González, otro futbolista técnico, pero de lentos desplazamientos.

Juntó jugadores con poca dinámica Russo, pero el fútbol no es sólo una cuestión de correr. Y aun entre sus imprecisiones, Cardona es un jugador que se destaca por su extraordinaria pegada. Necesitaba encontrar una pelota parada o una diagonal hacia adentro para ratificarlo.

Y sucedió al borde de los veinte minutos, cuando el colombiano recibió exigido contra la raya, se sacó de encima a Alexis Maldonado y metió un derechazo imparable para su compatriota Arboleda.

La respuesta de Sanguinetti fue desarmar el 4-1-4-1 y apostar a Juan Alvarez por Fabián Bordagaray en un 43-3. No obstante, sólo pareció tener alguna oportunidad de tiro libre con Martín Payero, muy poco certero. Boca perdió a Cardona, también lesionado. Ingresó Eduardo Salvio, dejó el 4-4-2 y se paró 4-2-3-1. Jugó poco el equipo, reforzó marcas, sobre todo cuando entró Alan Varela.

Ya estaba Urzi, quien se volcó por izquierda para desequilibrar por el sector de Buffarini. Nunca fue claro Banfield. Lo empujó con amor propio. Mucho más en el final, cuando Boca se quedó con nueve por la expulsión de Mas y la lesión del Pulpo.

Entonces, llegó la última pelota. El tiro libre de Payero que bajó Maldonado y el anticipo de Lollo (¿en offside?) ante Zambrano y la impávida mirada de Andrada. Y los penales. Y ese triunfo que Boca tanto necesitaba.

Daniel Avellaneda/Clarín

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