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Boca ganó en Junín y está firme en la punta. River confirmó Libertadores 2023

Luca Langoni saca el remate que se convertirá en la valiosa victoria Xeneize en Junín.

Boca no para de ganar. Y tiene una virtud, más allá de los desniveles de su juego tan cuestionado por el contorno. Se sobrepone a las adversidades. De un penal errado por su capitán, inmediatamente lesionado y de los momentos de zozobras cuando pareció reaccionar Sarmiento, a un gol que lo impulsa en la recta final del campeonato.

Y un buen segundo tiempo, claro, en el que los simpatizantes “neutrales” merecieron pegar algún grito más en Junín. Sebastián Meza fue protagonista. Por el remate desde los 12 pasos que le tapó a Marcos Rojo, una redención después de la infracción que derivó en el firme fallo de Facundo Tello. Por esas cuatro pelotas que neutralizó ante Darío Benedetto, Oscar Romero -dos veces- y Frank Fabra en la etapa final. Y por ese disparo en el tiempo adicional que casi lo convierte en el héroe de su equipo -y del resto de los hinchas de los que pelean arriba- hasta que aparecieron los guantes de acero de Rossi.

¿Cuál es el secreto de Boca, que está a sólo media docena de puntos de ser campeón sin depender del resto de los resultados? Ganó 10 de los últimos 13 partidos y todos por la mínima diferencia. La actitud, jugadores iluminados, algún rasgo de solidez: atributos que no lo hacen brillar, pero terminan siendo decisivos. No obstante fue superior a Sarmiento en el balance general.

En el primer tiempo manejó la pelota con la dinámica de sus volantes y un cambio clave: el ingreso de Cristian Medina en lugar de Pol Fernández. Y aunque Hugo Ibarra dijo que la modificación obedeció a la “administración de cargas”, el juvenil le dio mayor una intensidad al mediocampo. Boca tuvo movilidad. Y fue agresivo en ataque. Fundamentalmente con Luca Langoni.

El pibe está angelado. Es veloz, vivo y está concentrado. Y participó en las dos situaciones cruciales del partido. Primero para recibir un tiro libre rápido de Oscar Romero que jugó velozmente tras una falta de Lucas Castro y bastó un quiebre de cintura para que Meza, que salió apurado a achicar, lo bajara en la puerta del área. Rojo tomó la responsabilidad de la ejecución y el arquero corrigió su error. Tapó con sus piernas. Fue un tiro anunciado, casi a ras del césped y al centro del arco.

Boca pareció sentir el impacto y Sarmiento se envalentonó. Encontró espacios, creció Lisandro López, se desplegó Yair Arismendi por la izquierda, fluyó Castro y tuvo que intervenir Rossi ante una volea de Luciano Gondou. Sin embargo, la posibilidad más clara, aunque parezca increíble, se dio antes del gol que sufrió en su propia área.

López descargó en Gondou que pivoteó de espalda y el bombazo del veterano delantero encontró una magnífica respuesta de Rossi. De ese tiro de esquina llegó el rechazo y la contra letal. Condujo Medina de punta a punta, abrió para Benedetto y el centro atrás del “9” dejó a Langoni de frente a Meza. La arremetida del atacante de 20 años terminó con la certeza del gol. Y al entretiempo viajó Boca con la ventaja en el momento más difícil del partido.

Israel Damonte hizo un movimiento que mejoró su equipo. Pasó a David Gallardo a la izquierda, sacó a Arismendi y ubicó a Sergio Quiroga a la derecha. Con el perfil cambiado, ambos volantes externos complicaron, sobre todo a Luis Advíncula.

De todos modos Boca tuvo las chances más claras. Un cabezazo de Benedetto a la salida de un corner que se perdió apenas desviado, una excursión de Medina por la derecha y el centro atrás para Romero que remató cruzado en el segundo palo y se topó con una gran reacción de Meza y un slalom de Fabra a pura gambeta que terminó en un zurdazo que, una vez más, controló el arquero.

Boca erraba e Ibarra decidió meter mano. Entraron Fernández, Vázquez y Ramírez. Damonte apostó a otro centrodelantero: Torres. Rossi apareció tres veces para salvar su arco. Meza, enfrente, le ahogó el grito a Romero. El final tuvo dramatismo porque se adicionaron siete minutos. Pero todo terminó con otro triunfo de Boca que, jugará bien, mal o regular, suma. Como casi siempre.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

Matías Suárez marcó el segundo gol Millonario que, a la postre, fue el de la victoria.

Cuando el partido arrancó, la sensación que se percibía era que River había sentido el impacto del triunfo de Boca sobre Sarmiento en Junín. Es que en el Monumental se palpaba cierta falta de motivación. En las tribunas no sonaba la acústica de otras noches y en el campo de juego faltaba fútbol. Jugaba a media máquina el equipo de Marcelo Gallardo. Hasta que en el segundo tiempo se despertó. Le ganó 2-1 a Platense, consiguió la clasificación a la Copa Libertadores 2023 y mantiene aún la ilusión -remota- de pelear el torneo hasta el final.

River tardó en meterse en el partido. La adrenalina inicial con la que arrancó rápidamente bajó. Parecía desmotivado el equipo del Muñeco. Y la falta de atención se notó. Como en esa jugada en el amanecer del partido en la que entró a puro toque al área rival y De La Cruz no advirtió que Borja estaba en posición adelantada cuando tenía espacio para definir.

Patear al arco fue justamente lo que a River le faltó en el primer tiempo. Sobre todo cuando merodeó el área a partir de algunas combinaciones entre los mediocampistas. Pero fueron escasas. La sociedad entre los volantes que había funcionado en los últimos partidos, no estuvo tan aceitada, a pesar del buen criterio de De La Cruz y los buenos intentos de Juanfer Quintero, a quien River perdió en el entretiempo porque sufrió molestias en la rodilla izquierda.

Pero no fue el único cambio que hizo Gallardo para el segundo tiempo, sino que volvió a patear el tablero como lo hizo tantas veces este año- y metió otro dos (tres en total) de un saque. Los cambios le dieron a River otra energía. Pero le faltaba más movilidad para llegar al arco rival.

Platense le cerraba los caminos a River, sostenido en la solidez de la línea de cinco que armó Omar De Felippe para no exponerse en el Monumental. Y cuando pudo se animó a inquietar a Franco Armani. Primero con algunos tiros libres de Baldassara y luego con un remate de Gómez de afuera del área o con la presión de sus delanteros para exigir en la salida desde abajo de River.

Sin embargo, el fuerte edificado durante casi una hora se le desmoronó en cinco minutos al Calamar. Y principalmente por errores propios. Primero, Suso se resbaló cuando iba a rechazar una pelota, que le quedó a Barco. Y el ex Independiente envió el centro para la llegada de De La Cruz, cuyo remate se desvío y se metió en el arco. Después, River presionó, Platense salió mal y otra vez aprovechó Barco, que habilitó a Beltrán y después del remate del juvenil en el palo, Matías Suárez la empujó.

Eran los mejores minutos de River en el partido, que pudo aumentar con otra llegada de De La Cruz pero Ledesma le sacó el mano a mano. Y al no liquidarlo, le dio la chance al visitante de meterse en el partido. Los cambios refrescaron a Platense. Taborda estampó un tiro en el travesaño y Zárate -abucheado por todo el Monumental- descontó.

Eso sí, después del gol Platense se quedó. River, más suelto, creció y con más espacios, dominó el último tramo del encuentro. Y con el manejo y el despliegue de De La Cruz y las corridas de Barco, creó más situaciones aunque no pudo aumentar la diferencia. Le alcanzó para irse de Copa.

Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes

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