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Boca gana sin convencer, pero lidera; Racing amargó el debut de Diego

Bebelo Reynoso marcó al comienzo del partido y le dio los tres puntos a Boca.

A este Boca de Gustavo Alfaro le sobran incógnitas por despejar. Porque las semifinales de la Copa Libertadores se acercan (anoche el clima de la Bombonera se encendió en los gritos contra River) pero la fisonomía del equipo no luce bien. No tiene un flujo de juego pese a que agrupa buenos apellidos; le falta ese hambre de gol para ir detrás de un resultado amplio y todo le cuesta, incluso como anoche ante un débil Estudiantes de La Plata. Claro, un detalle: mientras todo eso ocurre es el único líder de la Superliga, es el único equipo que no recibió goles en el torneo, soportó dos juegos con bajas sensibles en sus líneas y avanza en una competencia que jamás descuida pese a tener la mente pensando siempre en la séptima Libertadores. Al cabo, cumple con lo que se propone en el resultado y ahora visitará el Nuevo Gasómetro para una nueva prueba.

El gol de Reynoso en el comienzo del partido le sirvió a Boca para ponerse el traje que mas cómodo le viene quedando en los últimos encuentros: defender, cerrar espacios, cortar circuitos del rival y recién después de eso dedicarse a ir por más. En esa etapa en la que los de Gabriel Milito pudieron empatar de la pelota detenida (Fede González y Colombo de manera insólita se lo perdieron) pero se sumaron al show del pelotazo, ese que se construyó en simultáneo en entre Schunke de un lado y Lisandro López del otro.

Con eso, la buena intención de juntar a Bebelo Reynoso con Mac Allister quedó solo en eso; una idea. Lo más peligroso de Boca en esa primera mitad lo aportó Villa y su velocidad supersónica, capaz de sacar varios metros de ventaja en pocos segundos. Pero el colombiano alternó buenas decisiones con imprecisiones que dejaron el resultado corto en un primer tiempo en el que Soldano, como en el Monumental, se dedicó más a correr a los defensores rivales que a buscar con olfato de gol otro tanto.

El 5-3-2 que plantó Estudiantes sirvió de poco en ese comienzo, porque la abundancia de piernas en la mitad de la cancha favoreció al juego encriptado que lleva Boca a sus rivales cuando cierra filas con Marcone y Capaldo. Así, los de Milito debieron (al menos lo intentaron) modificar la idea y buscar por las bandas de Weigandt y Fabra, demasiados contenidos en el campo propio. La segunda etapa mostró a Boca mucho más voraz. Y ya no sólo Villa llegó hasta las narices de Andújar (sacó todo lo que le tiraron en la jornada pero cometió el error del 1 a 0) sino que las camisetas azules y amarillas se metieron por donde quisieron, con una defensa del equipo de La Plata muy endeble, sin reacción.

Pero los de Gustavo Alfaro fallaron. Una y otra vez. Villa y Hurtado, sobre todo, evidenciaron que las ausencias de Ábila, Zárate y Salvio (entre ellos suman 25 goles del ciclo del DT en el club) se trasladan a la red. Ni siquiera Tevez, ya sin gestos de fastidio para la TV, entró fino para resolver mucho tiempo antes un encuentro que se complicó porque el local se descuidó. Así, Weigandt tuvo que salvar con una palomita el empate de Retegui y en la última se sufrió en toda la Bombonera. A esa altura, Soldano otra vez era el lateral derecho bis y tanto Alexis como Bebelo estaban en el banco.

Queda el desafío o la incógnita para lo que se viene. Ahora sí el técnico va recuperar a sus mejores apellidos tras las lesiones: Mauro Zárate y Eduardo Salvio (Abila aún no). Entonces, ahora que le tomó el gustito a ganar y a defenderse como marca el manual Alfaro, ¿va a cambiar para parecerse más al Boca ofensivo o con los nuevos apellidos seguirá apostando a su fórmula, esa que lo trajo hasta el banco de suplentes de Boca?

La noche en La Boca se apagó con otro tímido festejo por el triunfo. Lo que se viene es demasiado grande y las dudas todavía están sobre la mesa. Pero… Mientras tanto… Boca ya está en lo más alto.

                Matías Bustos Milla/Clarín

Maradona se retira frustrado tras la derrota. Racing impuso su categoría.

Maradona no se explica. Se siente. Y el reflejo está en las banderas. “El que no quiere a Diego, no quiere a su mamá”, reza el trapo blanco con letras azules. Un grafiti que Nahuel y Manolete escribieron con la tinta de su corazón. Y flamea la cara del astro en versión Pelusa. “Todo se puede con ayuda de Dios”, devuelve otro telón. Pero qué difícil será para Gimnasia. Porque “D10S” ya no juega. Porque Claudio Paul no es Caniggia, el Pájaro que vino a estas diagonales para el debut de su amigo, sino Spinelli, un delantero de pelo largo y rubio pero carente de gol. Entonces, más allá del influjo maradoniano, este Lobo aúlla bajito, perdido en el Bosque sin migajas para encontrar la salida para esos mismos futbolistas que llegaron a esta situación límite: están en el sótano de las dos tablas, la de posiciones, con un punto y cuatro derrotas en cadena; y la de los promedios, hundidos en una zona tan roja como Caperucita.

Y no es cuento: Racing asoma en La Plata ajeno a la euforia que se propaga en torno al ídolo. No repara en los fuegos artificiales. Tampoco, en esa cortina de humo que cubre cada rincón del estadio Juan Carmelo Zerillo. Juega su propio partido. Y con un plantel de mayor jerarquía, aun con algunos desniveles, se queda con un triunfo de visitante después de casi 7 meses porque se recupera rápido del empate de Gimnasia y porque no entra la pelota del final, esa jugada de Matías García. El cordobés de Bell Ville pudo corporizarse en héroe, justo con la “10” en la espalda, pero terminó rematando la ilusión por encima del travesaño.

Maradona vivió cada minuto con la misma intensidad que su vida. Llegó temprano a la cancha. A las 9.23. Dio la charla técnica, un plus emocional para los jugadores. Después, recibió una plaqueta de las manos de su tocayo Milito y Víctor Blanco, mánager y presidente de la Academia. “Por su regreso al fútbol argentino”, se grabó en el bronce. Mejor no recordar su tránsito por el club hace 24 años, cuando llegó de la mano de Juan De Stéfano y acompañado por Carlos Fren. Eran tiempos sombríos para Racing. Y para Diego, claro.

Y hay más banderas que se visibilizan entre la multitud. “Sin Dios no hay templo y sin Lobo no hay Bosque”, dice una. “Que arroje la primera piedra quien esté libre de pecado”, enseña otra. La vida privada de Diego queda al margen en este rincón bonaerense. Maradona es esperanza.

Y hay historias que se dispensan en la mañana plantense. Como ese marine norteamericano, fanático de Diego, que encuentra una mano amiga para ingresar al estadio y sentarse en la platea baja. O aquel socio que vive en Italia y volvió al país especialmente para ver a Gimnasia.

Y suena “la Mano de Dios” en la celestial voz de Rodrigo. Hay un abrazo con el Chacho, que no quería acercarse al banco porque no se trataba de un partido homenaje. “Yo sé lo que significa estar en este club”, le dice al oído por aquel pasado celeste y blanco. Y se sienta al lado del Gallego Méndez. Recién se levanta para reclamarle al juez asistente que no levantó la bandera para marcar un offside de Darío Cvitanich. Aplaude esporádicamente. Y no es para menos. El equipo no devuelve entusiasmo.

Grita el gol desaforado, como aquel que le hizo a Grecia, un zurdazo legendario. Los ojos desorbitados, la mandíbula trabada por el alarido interminable, los puños agitados. Pero qué poco dura la alegría. Cuando todavía estaba extasiado con el cabezazo de Matías García, Matías Zaracho rompe el empate. Y Diego no lo puede creer con los brazos en jarra.

Hay un momento mágico. Una pelota que llega a su muslo y Diego la duerme, mansa, con su pierna izquierda. Y genera una ovación porque los que están adentro no logran conectar dos pases seguidos.

Se lamenta Maradona, ya en la conferencia de prensa, siempre con la gorra azul sobre su cabeza. Habla de las jugadas “sucias” en los goles de Racing. Un error de Alexis Martín Arias en el cabezazo del Pulpo González que, inmediatamente, hizo fluir aquella histórica frase que Diego acuñó para (des)calificar a los arqueros. Un remate de David Barbona que Lucas Licht amortiguó con el brazo y derivó en la definición de Zaracho.

“No hay un paso atrás”, dice Diego, que implora por un centrodelantero. Y deja una declaración con su sello: “Nos encantaría traer a Careca o a Van Basten, pero no podemos, no nos da el cuero”. No, no le da la billetera a Gimnasia, más allá de que recaudó 5 millones de pesos en las últimas 72 horas producto de la inscripción de nuevos socios, cuotas al día y camisetas vendidas.

Elogió a Diego Abal: “No lo vi tan mal”. Y tiró otra de las suyas: “Lo miraba al Chacho y fue a un teatro de revista o algo… bailaba, levantaba los brazos, se peleaba con todos los árbitros que había. No sé, quizás estaba en otro partido. Pero así y todo se lleva tres puntos que son de oro”.

Maradona valoró que el campeón no lo pasó por arriba. Pero necesitará un milagro. Y aunque el Diego jugador fue un especialista, el Diego técnico tendrá una tarea terrenal y demasiado complicada. Racing se lo advirtió en esta mañana inolvidable.

No terminamos de gritar el gol del empate que ya estábamos perdiendo 2-1, el fútbol tiene estas cosas. Me duele el alma”. Me voy con la sensación de que estaba esperando que la red se moviera en la última jugada y no se movió, la pelota pasó por arriba”. Vamos a hacer uso del cupo porque, al margen de lo que los muchachos dieron, el club quiere una buena competencia”.

     Daniel Avellaneda/Clarín

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