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Boca empató, le dio una mano quien menos pensaba y es el Campeón

La Bombonera se vistió de fiesta para festejar la estrella nro. 73 del Xeneize.

El fútbol argentino es eso que pasa mientras Boca gana y no para de ganar. No hay con qué darle a este equipo de Hugo Ibarra. Juegue bien, juegue mal. Boca gana. Y no gana solamente partidos. Porque gana hasta cuando no gana. Sin brillar, con un Independiente que les puso la tapa a todas las suspicacias, pero ganó el campeonato gracias a la victoria de River sobre Racing en Avellaneda.

Las pasó todas Boca, pero siempre se recuperó. De lesiones. De peleas internas. De la resistencia inicial hacia el DT. El Boca del Negro gambeteó todos los obstáculos para dar la vuelta olímpica en una definición inolvidable, cambiante minuto a minuto. La pelota quedó limpia porque en este final infartante los clásicos rivales de los candidatos se vistieron de jueces e hicieron lo que tenían que hacer: ir al frente. Y los laureles se quedaron otra vez con Boca,

Fue una tarde de sufrimiento. Porque Boca no jugó bien. Los nervios se sintieron desde las tribunas, con los murmullos tapando los cantos de aliento de La 12 por momentos y un equipo que con la posesión de la pelota no supo bien qué hacer. Independiente le cedió la tenencia y lo esperó con una línea de cinco defensores y otra de cuatro volantes.

Julio César Falcioni, aplaudido por los hinchas locales, decidió sacar a un delantero para meter un hombre más abajo. Así, Leandro Benegas fue la punta de lanza del Rojo. Pero eso no significó que resignara el ataque, e Emperador. Al contrario, de contragolpe, el visitante fue más dañino.

Carlos Zambrano tuvo tres cierres espectaculares ante Benegas. Los tres eran goles seguros. Con un juego bien directo, Independiente aprovechaba los errores no forzados del medio y agarraba mal parado al fondo. Eso sucedió en el penal que Luis Advíncula le hizo a Lucas Rodríguez.

Fue un penalcito. Darío Herrera, cobró de inmediato. El VAR chequeó y lo ratificó. Leandro Fernández primereó para patear. Y esa seguridad la trasladó a la red. El 1-0 del Rojo se gritó en Avellaneda, pero en la casa de los vecinos. De todos modos, la alegría de Racing poco iba a durar porque Boca reaccionó rápidamente. Dos minutos después, llegó el empate de pelota parada tras una infracción de Edgar Elizalde sobre Advíncula: Oscar Romero ejecutó el tiro libre cerca del área y Guillermo Fernández la peinó para ubicarla como con el pie en el segundo palo. Inalcanzable para Alvarez, que le había tapado una a Pol más temprano.

Boca revivió. La pasaba mal el conjunto de Ibarra porque no pesaban sus volantes encargados de la creación. Juan Ramírez nunca se hizo cargo de asumir la responsabilidad de enganche. Y Romero y Pol Fpoco influían en las acciones de riesgo.

Frank Fabra era el más punzante. Por la izquierda se las rebuscaba para hacer lo suyo, encarar y ganar. Tuvo un disparo picante que bloqueó Álvarez. Una salvada de Rossi en el cierre de la primera parte tras un tiro de Alex Vigo les devolvió la respiración a los hinchas, que tenían una oreja en la radio para saber las noticias que llegaban del Cilindro.

Ibarra sacó a un flojo Ramírez y metió a Sebastián Villa para el complemento. El colombiano hizo todo bien en cinco minutos: le hicieron la falta que él mismo canjeó por el golazo del campeonato. Fue una definición de tiro libre perfecta que se metió en el ángulo. Sí, otra vez de balón quieto, Boca lo dio vuelta aunque la euforia debió contenerse enseguida.

Es que Racing pasó a ganar de penal y eso significaba que un tanto de Independiente podría quitarle el título del bolsillo a los de la ribera. Los corazones parecieron detener por unos segundos cuando Rossi se lució con una doble salvada a quemarropa ante Juanito Cazares. Igual, todo quedo invalidado por un offside previo muy finito. Si hubiera sido gol, hubiera intervenido el VAR.

De pronto, la confusión. En las tribunas se pasó de la alegría por el gol de River a la incertidumbre por la igualdad de Independiente por el cabezazo del pibe Vallejos en diez segundos. ¿Y ahora? Todo podía pasar.

Los nervios a flor de piel hasta el último minuto. Hasta que Franco Armani atajó el penal que le hubiera dado el título a los de Fernando Gago y el segundo de Borja liquidó a La Academia. Recién ahí, toda la Bombonera latió al grito de dale campeón. Una vez más. Boca campeón, sí, con sufrimiento.

Nahuel Lanzillotta/Clarín-Deportes

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