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Bayern goleó al Lyonn y jugará la final de la Champions con el PSG

Gnabry sale festejando el segundo de su cuenta personal en otro exhibición del equipo alemán.

Esa máquina llamada Bayern Munich no para en su andar arrollador: superó sin problemas a Lyon en la semifinal de la Champions League y jugará la final el domingo ante París Saint Germain.

Pueden estar contentos los amantes del fútbol: Sin Liverpool, eliminados Manchester City, Real Madrid y Juventus, humillado Barcelona, se dará la final soñada entre los que quedaron como naturales candidatos. Los dos mejores equipos de las llaves llegaron al partido definitorio y, sin dudas, será un duelo atrapante de estilos distintos. Por un lado, lo colectivo y lo físico del Bayern; del otro, la jerarquía individual del PSG. La moneda está en el aire y es imposible saber de qué lado caerá. Es cierto que el alemán es un equipo más confiable y que suma estadísticas inverosímiles porque ganó todos los partidos para llegar a la final, pero Neymar, Di María, Mbappé y compañía pueden aprovechar muy bien los varios descuidos defensivos que evidenciaron los teutones en los partidos contra Barcelona y Lyon.

Ni se despeinó Bayern para superar al Lyon, séptimo en la Liga de su país. Sufrió los primeros 15 minutos y los franceses no se pusieron en ventaja por las malas definiciones de los atacantes. Fueron tres contras peligrosas que pudieron terminar en gol. Ahí hay una señal de alarma pensando en el juego contra PSG: es probable que los dirigidos por Thomas Tuchel no perdonen esas licencias defensivas.

La incertidumbre en el juego duró hasta que Serge Gnabry recibió como extremo derecho y dibujó una diagonal a toda velocidad y con la pelota bien cerca del botín derecho. Sus compañeros le fueron abriendo camino con desmarques y, una vez que pisó el área, remató implacable de zurda al ángulo derecho de Anthony Lopes. Un golazo que desmoronó a Lyon. Iban 17 minutos.

Todo lo que siguió al primer gol de Gnabry no tuvo demasiado atractivo. Hubo unos buenos minutos del Bayern en el que se pareció un poco al que pasó por arriba a Barcelona. En ese lapso llegó el segundo de Gnabry, que recuperó en la mitad de la cancha y fue a definir abajo del arco tras un centro de Iván Perisic.

El segundo tiempo estuvo de más. El entrenador Hans-Dieter Flick realizó cambios con la cabeza puesta en la final del domingo: les regaló descanso a varios que serán titulares y le dio rodaje al francés Benjamin Pavard, el habitual lateral derecho que se recupera de una lesión en el tobillo. Recién faltando tres minutos Robert Lewandowski puso el 3-0 definitivo. Y ahí puede encontrar una alerta roja el PSG: aún jugando al trotecito, Bayern Munich es capaz de meter tres goles. Tres que debe sumar a los históricos 8 que les hizo a los catalanes. La matemática no falla: 11 en dos partidos decisivos.

“PSG es un gran equipo. Han peleado mucho para estar en semifinales y han llegado a la final. Analizaremos algunas cosas, sabemos que tienen jugadores rápidos. Nos organizaremos en defensa, pero sabemos que su principal virtud es poner a sus rivales bajo presión”, destacó Hans-Dieter Flick. “Hemos tenido un poco de suerte al principio. Manu Neuer ha parado bien un par de situaciones y luego han tenido un disparo al palo. Pero por suerte nos hemos puesto 2-0 antes del descanso y después Lewy ha terminado el trabajo. Ahora queremos ganar la competición”, sumó Gnabry.

Quedará tiempo para analizar a fondo la final, pero se presume un choque entre la opulencia colectiva y la fantasía individual. De un lado estará el ajustado Bayern Munich, que parece no dejar librado al azar ningún movimiento, que encuentra armonía desde la intensidad con la que transita los 90 minutos, que tiene un ataque masivo, vertical, desbordante y que abruma con la presión y la fortaleza física. Del otro, el mágico PSG, que constantemente provoca la inventiva de sus figuras Neymar y Mbappé, que se mueve de manera inteligente para dejar libre de espacio al genio para que frote la lámpara.

La mesa está servida y los platos son inmejorables. Lo único malo es que aún faltan cuatro días para degustar el manjar.

Maximiliano Uria/Clarín

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