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Básquet Mundial: Argentina le ganó a Rusia y pasó con puntaje ideal

Campazzo, la gran figura, en su mejor anotación dejando en ridículo a los gigantes rusos.

El Mundial de básquetbol es así. Frenético, casi fugaz. Se lo espera durante cuatro años -o cinco, como sucedió tras la reestructuración del calendario FIBA- para que se vaya en una ráfaga. Transita a una velocidad que deja poco lugar a la pausa. Argentina, por caso, cerró su participación en la primera ronda en 5 días y no podrá sonreír demasiado tras las tres victorias: entre mañana y el domingo se jugará el pase a los cuartos de final y buena parte del sueño olímpico.

Ya pasó la durísima victoria por 69-61 sobre Rusia. Ya pasó la enorme actuación de Facundo Campazzo, con 21 puntos, 7 asistencias y 6 rebotes. Ya pasaron los buenos partidos de Marcos Delía y Luis Scola, con 13 tantos cada uno. Ya pasaron la tensión y el festejo con la volcada final de Patricio Garino.

Estas horas entre la calma y la ansiedad, entonces, son buenas para picar la pelota y pensar analíticamente luego de los triunfos ante Corea del Sur, Nigeria y Rusia, antes de entrar nuevamente en el espiral de la vorágine.

Juego de equipo. En tanto se vista de celeste y blanco (o de azul, en este marco de camisetas monocromáticas), Scola seguirá siendo un faro dentro y fuera de la cancha, porque además muestra vigencia, jerarquía y mañas. Argentina también tiene en una humanidad más pequeñita la llave para abrir las defensas más complejas. Campazzo jugó su mejor partido cuando el equipo más lo necesitó, anotando, asistiendo y hasta reboteando. Cuando a la Selección se le cierran los caminos y se le agotan las ideas, el cordobés siempre saca algún conejo de la galera. Ellos, junto a Garino y Delía, forman una estructura sólida, cuya ausencia en los minutos de descanso se nota y mucho. No por nada son los tres que promedian entre 28 y 29 minutos.

La defensa. Desde la intensidad de Campazzo a la inteligencia de Garino, pasando por las buenas coberturas de Luca Vildoza cuando está en la cancha, Argentina se convierte en una molestia para cualquier rival en la primera línea de pase, algo vital porque en el perímetro están los mejores defensores argentinos. En la pintura, se multiplican las ayudas para auxiliar a Scola, cuyo déficit siempre estuvo en la custodia del aro propio (lo que suple con viveza y lectura del juego) y Delía incomoda permanentemente a los internos rivales, sin achicarse ante el tamaño que estos tengan.

Los contraataques. Lo mejor de Argentina en ataque se ve cuando el equipo puede correr la cancha a partir del rebote defensivo o -mejor aún- del robo o la pérdida del rival. La velocidad de Campazzo y de Nicolás Laprovíttola, cuyo rendimiento es muchísimo más alto cuando comparte minutos con Facundo que cuando su compinche no está, y la opción de los triples abiertos son determinantes, a diferencia de un ataque estacionado que, quedó en evidencia por momentos (el cierre ante Rusia, por ejemplo), le es mucho más complejo de resolver al seleccionado.

La constancia. Es uno de los aspectos que el equipo de Sergio Hernández debe levantar para no pasar malos momentos en los partidos que le restan. Salvo ante los surcoreanos, Argentina no remató a sus rivales como hubiera tenido que hacerlo. Les “dio vida” a Nigeria y a Rusia. Lo del último partido fue por demás preocupante: la Selección, que en su momento llegó a sacar 13 puntos de ventaja, sufrió parciales amplios en contra y quedó al borde del empate cuando se le secó la pólvora, algo que no fue pasajero. En todo el último cuarto contra los rusos, se anotaron sólo dos tiros de campo, uno de ellos cuando quedaban 28 segundos de partido. El porcentaje de acierto a distancia, además, bajó de forma preocupante: del 51% ante Corea del Sur a un 31% contra Nigeria y apenas 20% (4 de 20) contra Rusia.

Las pérdidas. Con 37, Argentina resignó un promedio de 12,3 pelotas por juego y le anotaron 45 puntos a partir de esos balones perdidos. Contra equipos de mayor fuste, sobre todo los europeos de primer nivel, dejar escapar tantas posesiones puede resultar extremadamente peligroso.

Jugadores a recuperar. Algunos hombres importantes hasta ahora no aportaron de acuerdo a su gran potencial. Gabriel Deck, de muy buena actuación durante los Juegos Panamericanos de Lima, es uno de ellos. Sus 9 puntos y 2 rebotes de promedio, con un magro 32% de acierto, están lejos de lo que Tortuga, uno de los desequilibrantes del equipo, puede ofrecer. Nicolás Brussino, hombre con noches destacadas en las Eliminatorias, es otro. Está jugando apenas 12,9 minutos por partido y si bien mostró buenos porcentajes (45% de cancha y 50% en triples), la muestra es muy chica. Argentina sufre la falta de un escolta goleador, lo que se refuerza a partir de los apenas 6 minutos que promedia Lucio Redivo.

                          Mauricio Codocea/Clarín

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