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Banfield goleó a Boca y Argentinos ganó en Santiago del Estero

El Taladro definió en la primera mitad su partido frente al alternativo de Boca.

Hay partidos que cambian la vida de los futbolistas. El azar pesa tanto en el fútbol que 90 minutos -o incluso menospueden ser la catapulta a la gloria. De esto puede dar fe Maximiliano López, quien un 16 de mayo de 2004 la rompió contra Boca en la Bombonera, en un triunfo de River 1cancha 0 con gol de Fernando Cavenaghi. Ese rendimiento llamó la atención de muchos clubes del mundo y Barcelona de España se lo llevó meses después por varios millones de dólares. ¿Cuántos millones, entonces, subió la cotización de Ramiro Enrique, el hijo del Negro, luego de la consagratoria actuación en la victoria 3-0 de Banfield contra Boca? ¿A cuántos buscadores de talentos habrán encandilado esos dos golazos, esa asistencia exacta a Galoppo, esas diagonales hirientes y esa manera de presionar la salida rival?

La balanza debe estar bien equilibrada: fue tan bueno lo de Banfield como pésimo lo de Boca. El entrenador Sebastián Battaglia apostó por un equipo alternativo teniendo en cuenta el duelo del martes contra Corinthians y Boca fue justamente eso: un equipo alternativo. Todos los movimientos del local, especialmente de la defensa, fueron descoordinados y el Taladro los exprimió. En menos de 10 minutos, Enrique le había ganado la espalda dos veces a Aranda y no pudo culminar por poco. Un rato después, fue al espacio de Ávila y Javier García salvó de milagro. Replegado y saliendo de contra, a eso jugó la visita. Y con eso lo complicó como si fuese un equipo amateur.

El gol de Banfield se sentía. Llegó de una manera brillante: Giuliano Galoppo dibujó una tijera en la noche y marcó el primero tras una habilitación de Enrique. Fue un mazazo: todo lo que siguió fue un festival del conjunto de Claudio Vivas. Algo así como el Lollapalooza de los contragolpes. Se pareció a un conjunto de la Bundesliga el del Sur, que completó una noche histórica: ganó en esta después de 13 años; se impuso ante este rival tras 13 partidos (3-2 el 3 de mayo de 2009).

El segundo gol de Banfield fue perfecto: Enrique presionó al indultado Gastón Ávila, la pelota fue de derecha a izquierda por un cambio de Domingo y el Negrito definió en el área chica un centro de Urzi.

Pero la cuestión no quedó ahí. Todavía no se había repuesto Boca del segundo cuando llegó el golpe final: la defensa volvió a dar facilidades, Galoppo habilitó al Negrito y éste la clavó del ángulo izquierdo de Javier García, que nada pudo hacer.

No hubo espacio para la reacción de Boca. Se entregó Battaglia, lo dio por perdido temprano y dejó a los titulares en el banco para que no se desgasten, tal como se hace en la NBA cuando los duelos están liquidados. No buscó correr riesgo el técnico.

Ya no contragolpeó el visitante en el complemento, tal vez cansado por el desgaste infernal de la etapa inicial. Pero se defendió con fiereza con Maciel, Domingo y Cabrera como emblemas. El juvenil Matías González regaló su magia en varios pasajes y eso fue lo mejor del complemento.

Merece un párrafo especial Aaron Molinas, el único que se salvó en la oscura noche. El enganche las pidió a todas y casi hace un golazo de tiro libre en el minuto final.

Preocupan los rendimientos de los defensores y de los mediocampistas. La sensación es que a Boca no se le puede caer nadie para la Copa. En el lateral derecho, Weingandt volvió a dar muchas facilidades y no pesó en ataque. Sufrieron mucho en las espaldas los zagueros y Ávila, que se quiere ir para tener minutos, no estuvo fino con la pelota. Esteban Rolón nunca le encontró el pulso a Boca, lo mismo que Juan Ramírez y Cristian Medina pierde confianza partido a partido. Si hasta Luis Vázquez quedó en duda, ese delantero que deslumbró en sus comienzos y ahora está relegado por Darío Benedetto. Un dato: anotó cuatro goles en los últimos 26 partidos, desde la llegada del Pipa. Antes, había festejado ocho veces en 31 duelos.

Los suplentes de Boca perdieron por segunda vez consecutiva en la Bombonera tras la caída contra Unión. Y resulta lógico: el foco está demasiado puesto en la Copa. “Quiero la Libertadores”, cantaron los hinchas. “En la Copa/cueste lo que cueste”, sumaron. Todo un mensaje.

Y mientras los cánticos se sucedían en la Bombonera, los jugadores de Banfield se abrazaban alegres en la mitad de la cancha, acaso no creyendo lo que habían logrado: una goleada histórica que tuvo como protagonista estelar a Ramiro Enrique, hijo del Negro, uno de los héroes del Mundial de México 1986 y que jugó en River 8 años. Y ahora: ¿cuántos millones de dólares vale Ramiro Enrique, el hombre 10 de la noche del Taladrazo?

Maximiliano Uría/Clarín-Deportes

ARGENTINOS SE ACERCA A LA PUNTA

Central Córdoba y Argentinos lo sabían. Había que ganar para salir de esa mitad de la tabla tan numerosa (16 equipos en dos puntos al inicio de la fecha, entre 7 y 9). Y esa particularidad se la tomó más en serio Argentinos, que salió decidido a tener la pelota y a dominar el juego ante un Central Córdoba que dispuso cinco defensores y la idea de cortar cualquier circuito como prioridad.

Fue más en el primer tiempo el equipo de La Paternal. Porque quiso, porque jugó la mayor parte del tiempo en campo rivalPero le faltó quizá lo más importante: definir, la verdad del área. Y allí careció de profundidad y de precisión. También le faltó calma, incluso en el banco: donde Gabriel Milito (ya expulsado) casi se agarra a trompadas con los asistentes locales.

En el segundo tiempo, pronto, a los cinco minutos, Argentinos encontró lo que le había faltado para ponerse en ventaja: profundidad (Javier Cabrera para el desborde) y precisión (en la aparición de Reniero). Uno a cero. Pero en un descuido del visitante, a los 21, apareció en el área Soraire y estableció el 1-1. Era la primera llegada a fondo de Central Córdoba. Le duró poco el desahogo al local: una mano del debutante Cancinos -muy discutida y a instancias del VAR- propició el penal con el que Torrén puso el 2-1 para Argentinos.

Lo merecía. Lo logró. Se prende arriba.

Clarín/Deportes

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