
El José Fierro es una fiesta. Medio Tucumán es una fiesta. Y Atlético es el protagonista de esta fiesta. Las gargantas de las más de 35.000 personas al ritmo de “gracias a los jugadores, los huevos que ponen para ser campeón. Eso, eso no se olvida, lo dice la hinchada, con el corazón”, retumba en el Monumental. Sí, la tradicional canción dedicada al Decano durante este último tiempo se transformó en una especie de himno para el conjunto norteño que invita a soñar. Y cómo no hacerlo, cuando faltan sólo seis fechas los de Pusineri miran a todos desde arriba, con dos puntos de ventaja sobre Boca. El triunfo ante Estudiantes es un empujón más a la ilusión; a lograr algo histórico en los 120 años de vida de este club que empezó el campeonato en lo más bajo.
Sin Carlos Lampe, Bruno Bianchi, Martín Garay y Cristian Menéndez, Pusineri tuvo que realizar para este partido varios cambios obligados y así, el equipo que tiene acostumbrado no fue el mismo, por lo menos en la etapa inicial. Le costó ser protagonista y se notó adentro del campo. Sin embargo, al fin de cuentas, con más empuje que fútbol, pudo sacar adelante el partido, duro por cierto.
El choque comenzó parejo, es cierto. Atlético comenzó avisando con algunos centros y pelotas cruzadas, y lo propio hizo el visitante. Sin embargo, la visita se encontró con un Marchiori seguro en sus primeras intervenciones. La primera jugada peligrosa aparecería por parte del Pincha. Tras una pared con Castro, Leandro Díaz, ex Decano, fusiló al 1 del local, que metió un atajadón; en el rebote, dentro del área, no pudo definir Boselli solo. Increíble pero cierto.
Con juego profundo, Estudiantes se hizo protagonista pero no tuvo definición. Así, lo que no pudo hacer en el arco de su rival, sí lo aprovechó Atlético. Porque cuando era menos que la visita, presionó en mitad de cancha, recuperó y Maestro Puch asistió a Coronel, que encaró, se perfiló y le pegó fuerte de derecha para vencer a Andujar, de floja respuesta. La locura era total. Era la punta nuevamente en soledad. Pero…
La alegría no le duraría mucho a los tucumanos porque se aplicó la “ley del ex”, el Loco Díaz, puso el 1-1. De ida y vuelta y muchos nervios el partido siguió caliente. Las cosas debían cambiar para Atlético. Y cambiaron en el complemento. Pusineri metió mano, mandó Lotti por Maestro Puch y en la primera que tuvo no la desaprovechó. Festejo maradoneano del delantero y locura total en el José Fierro. El derecho a la ilusión continuaría…
Porque Atlético cambió los roles. Se hizo dueño y señor del encuentro. Demostró ser otra vez ese Atlético que viene sorprendiendo. Entonces recuperó una pelota en la salida, y Coronel, cuando buscaba el remate, un defensor del visitante se lo llevó puesto y Herrera cobró penal. Carrera le cedió el balón al 9 y éste le pegó bajo y cruzado, a la derecha de Andújar. La pelota entró contra el palo y, por supuesto, el José Fierro explotaría nuevamente. Los minutos seguirían y el objetivo era cuidar el resultado. Disfrutar, además, del canto de las tribunas y seguir soñando bien despierto que sí se puede. Porque si bien Huracán, Boca y Racing ganaron, la ilusiones a Atlético no se la quita nadie en estas seis fechas que quedan.
Juan Manuel Rovira/Corresponsalía Clarín

Un triunfo clave, emocional. Una victoria en un partido de esos que se subrayan como importantes, de esos que adeudaba en el 2022 este buen equipo que construyó Fernando Gago. Tres puntos que parecieron ser más por ese festejo alocado de un Cilindro repleto de gente y también de ilusión por otra vuelta olímpica. Es que Racing sufrió como nunca en el torneo, defendió mal, se expuso a una derrota decisiva pero siempre apostó a más. Fue al frente, con determinación y no tanto juego. Y lo ganó. Con furia, con cambios oportunos que llegaron desde el banco de suplentes a tiempo, con las manos salvadoras de Matías Tagliamonte y con una explosión en la celebración del gol de Carbonero que mucho se pareció a una sentencia: este equipo está convencido, con aciertos y errores, y buscará ser campeón de la Liga Profesional.
Lo sufrió Racing. Es que eligió una estrategia errónea para medirse contra Unión, un conjunto que llegó con un lastre grande hasta Avellaneda (un solo gol en 8 partidos) pero que supo aprovechar todos los espacios que le ofreció una defensa remendada en la que ni Pillud por la derecha y mucho menos Mura por la izquierda hicieron pie. Tuvo una mala lectura el conjunto de Gago porque le ofreció soluciones de ataque a un rival sin demasiada creativadad pero que solo tuvo que apostar a saltear línea y acelerar con Castrillón y Luna Diale, por las bandas, para llegar fácil hasta el área de Tagliamonte.
Es cierto que en el primer tiempo Racing tuvo las oportunidades más claras en un cabezazo de Romero y en un mano a mano que falló el ex Vélez ante Mele. También en dos apariciones de Hauche. Pero nunca estuvo cómodo en el retroceso el conjunto de Gago, mucho más acelerado y desordenado que de costumbre. Pareció jugar desde el inicio con la desesperación de un equipo al que le faltaban 5 minutos de una última fecha para ser campeón. Así, con imprecisiones en zonas clave (no fue el mejor partido de Aníbal Moreno, quien estuvo al borde de la expulsión) le permitió a la visita identificar cómo lastimar.
El segundo tiempo fue un desconcierto absoluto para el local. Y Unión, mucho más decidido, lo llevó a la peor versión. El gol de Marabel (con un desvío clave en Insúa que complicó a Tagliamonte) al comienzo del complemento ya era justo, porque los de Munúa cortaban en la mitad de la cancha con Nardoni, Portillo y Machuca para avanzar, sin obstáculos, hasta el área local. Y tuvo la chance de rematar el partido en un mano a mano insólito que falló Marabel pero también en tres oportunidades que salvó de manera consecutiva Tagliamonte, a puro reflejo, cuando toda la defensa de Racing miraba sin reacción. Lucía grogui y el Cilindro se lo hacía saber con un “Movete Racing, movete…” que atronó en el momento justo.
El equipo de Gago se repuso a tiempo de su propio desconcierto y ganó un partido clave.
Entonces reaccionó Gago. Y lo ganó desde afuera. Porque metió cirugía mayor en el equipo, consciente tal vez de que estaba dejando pasar una chance clave para ser campeón. Pero fue audaz: metió a Alcaraz, Carbonero y Jonathan Gómez para sacar a Vecchio (lento, sin buenas decisiones con la pelota), Moreno y Hauche. Se la jugó por completo porque no le impregnó orden a un equipo desordenado pero sí le agregó mucho más fuerza a su ataque, como eligiendo optar por un golpe por golpe pero con mejores definidores. Y entonces el movimiento final, como si se tratara
de la pieza de rompecabezas que faltara: Rojas a la cancha, para la precisión. Ni 60 segundos después, Copetti estaba metiendo de cabeza el 1 a 1 tras un centro fuerte, oportuno, perfecto, del paraguayo. El grito del empate fue una explosión, casi como romper por fin un hechizo después de ver muy desde cerca la derrota. Y así se llenó de un combustible emocional que fue imposible de frenar. A esa altura ya Unión no respondía,
De un saque de arco llegó el gol de Carbonero, quien fue más rápido que toda la defensa de la visita para entrar al área y definir fuerte, al primer palo, con precisión. Si el 1 a 1 se había gritado con rabia, el gol del triunfo se celebró como el del título. Y es que para Racing, verse tan cerca de otro mazazo de local en un encuentro determinante hubiese sido un fracaso. Incluso en el final siguió yendo hacia adelante, convencido de que esa era la única forma de sacar adelante un partido en el que tambaleó, que lo sufrió, que se animó y que finalmente, en un duelo importante, lo ganó.
Matías Bustos Milla/Clarín-Deportes
EL LOBO SUFRIÓ SU SEGUNDA DERROTA CONSECUTIVA Y SE ALEJÓ
El sueño de ser campeón de Gimnasia sufrió dos fuertes golpes en apenas seis días. De ser único líder del torneo pasó a quedar detrás de los primeros tres lugares. Es cierto que no hay tantos puntos de diferencia, todos están muy apretados y aún faltan seis fechas, pero el Lobo perdió dos partidos clave, el martes en el minuto final ante Central Córdoba que lucha por permanecer en la A, y ayer de local ante Tigre, que le ganó con los justo pero fue superior, en especial en el primer tiempo.
El equipo de Pipo Gorosito tuvo las mismas dificultades que en Santiago del Estero. No tuvo juego, ni en el primer tiempo cuando cedió el manejo del balón para pegar de contra, ni en la parte final, más decidido por la necesidad de llegar al empate. El uruguayo Alemán perdió en casi todos los intentos de conducción. Tampoco apareció Sosa, y apenas contó con la movilidad de Domínguez y Ramírez, mientras que Soldano quedó muy aislado.
Además, uno de los puntos fuertes en este torneo para el Lobo había sido sus partidos como local. Y se quedó sin invicto, después de siete victorias y dos empates. Tiene tiempo para rehabilitarse pero dependerá de otros resultados. Con esta nueva victoria (la primera vez en el torneo que logra hilvanar dos triunfos seguidos) , Tigre ya está octavo en el torneo con 30 puntos y se permite soñar con la clasificación a la Copa Sudamericana 2023.
Antes del gol de Tigre que empezó a sentenciar el resultado del partido aunque aún faltaban 60 minutos, Gimnasia tuvo una buena situación de contra que resolvió mal porque Cardozo tardó en habilitar a un compañero y cuando le dio el pase a Ramírez lo hizo mal y además ya estaba adelantado.
La presión sostenida y el pase a un toque de los jugadores visitantes tuvo su premio a los 29 minutos. En una salida rápida, hubo una pared entre Retegui y Menossi, quien tocó en profundidad para Armoa, que ganó en velocidad y definió ante la salida de Rey. Como en el gol, del medio hacia atrás Gimnasia siempre quedó mal parado.
La primera etapa fue toda del equipo de Diego Martínez, con un gran actuación de Colidio y de Menossi, con Retegui exigiendo siempre ( aunque esta vez no definió bien), con Armoa rápido para moverse en el área rival, con algunos destellos de Alexis Castro, y la presencia constante en el medio de Ezequiel Fernández.
Mejoró Gimnasia los primeros 15 minutos de la parte final, tuvo un poco más la pelota y se acercó más al arco de Gonzalo Marinelli. Pero lo cierto es que nunca tuvo una situación clara de gol. En cambio, Tigre siempre fue más peligroso de contra. Y casi aumenta a los 36 minutos, cuando Colidio llegó al fondo, le dio un pase hacia atrás a Retegui, que se apuró en la definición, le pegó mal pero igual Morales se tuvo que esforzar para salvar sobre la línea.
Gimnasia tendrá revancha pronto, ya jugará el jueves ante Barracas Central en el comienzo de la 22a. fecha y buscará volver a la victoria tras dos derrotas, mientras que el Matador, que suma dos triunfos seguidos, recibirá el viernes a Aldosivi.
Oscar Barnade/Clarín-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón