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Argentina metió Maracanazo y se quedó con la Copa América

Messi levanta el trofeo y el país festeja una conquista tras 28 años de sequía.

Ya está. Se rompió. Al fin. Se terminó esa sequía que anudaba pechos y astillaba corazones argentinos. Después de una peregrinación de 28 años sin títulos, la Selección Nacional volvió a gritar campeón y el sueño de Lionel Messi ahora es una realidad eterna. No hay karma. No hay maldición. No hay estigma que pueda con la poderosa fuerza de intentarlo una y otra vez, a pesar de las frustraciones, de las broncas, de las finales perdidas. Y eso hizo el mejor jugador del mundo al entender, cuando la tristeza no lo dejaba ver con claridad después del tercer cachetazo consecutivo, que de eso se trataba. De levantarse y encarar todas las veces que sean necesarias hasta que no den más las piernas. Esta vez con un grupo nuevo que le revivió su espíritu competidor y ganador. Esta vez el Maracaná sí será un buen recuerdo.

La Argentina dio el golpe: le ganó una dura final a Brasil por 1-0, le rompió la hegemonía en su tierra y se consagró campeón de la Copa América. El equipo de Lionel Scaloni fue de menor a mayor en el torneo y supo jugar el clásico como ameritaba ante los 2.200 hinchas que fueron testigos privilegiados de un partido histórico.

Hubo otro plan en la final, diferente a las intenciones que venía mostrando la Selección a lo largo de toda la competencia. En la noche de Río no hubo presión asfixiante al rival para comerle el hígado de entrada nomás. No. Supo elegir otra estrategia el cuerpo técnico. Y le salió bien de movida. Los cambios volvieron a aparecer en cantidad en el equipo. Cinco variantes presentó la Argentina con respecto a la semifinal ante Colombia. Pero cada pieza que entró cumplió con su proposito en esos 45 minutos iniciales en los que los de celeste y blanco empezaron a gestar el Maracanazo.

El 4-4-2 esta vez tuvo una dupla de volantes centrales que presentó batalla y panorama. Rodrigo De Paul y Leandro Paredes pusieron tripa y corazón en el medio. Los argentinos invitaron a los brasileños a adelantarse, a venirse y dejar espacios. Aprovechar esos huecos era la premisa, siempre y cuando no fallara nada en defensa para contener a Everton, Paquetá, Richarlison y Neymar. Eso funcionó. Brasil no contó con grandes situaciones y la Argentina le sacó jugó a la primera vez que uno de los suyos quedó mano a mano.

De Paul, en el rol que más cómodo se siente, levantó la cabeza y vio todo: ubicado a unos 15 metros detrás del círculo central, hizo un lanzamiento aéreo perfecto hacia Di María, que se plagió a sí mismo emulanpegó do el golazo ante Nigeria para conseguir el oro en Beijin 2008. Renan Lodi calculó mal y falló en el intento de interceptar el pase. Fideo resolvió con frialdad, de emboquillada. Para el hombre del Paris Saint-Germain también era especial esta final porque se traía sobre su lomo una cruz en los duelos decisivos de la Selección por las reiteradas lesiones.

Di María, que hasta hace unos meses no podía entender por qué no tenía una nueva oportunidad en la Argentina, le puso hechos a las palabras cada vez que le tocó jugar desde que la vuelta. Tuvo otra, siempre partiendo desde la derecha, que bien podría haber tenido nuevamente destino de red de no haber rebotado en Thiago Silva.

Con Messi como el primero en ponerse el overol, la Selección se esforzó en no dejarle lugares liberados a Brasil, algo en lo que tuvo éxito hasta que Tite empezó a mover su tablero. Lo primero que hizo el DT rival fue trocar a sus hombres que atacaban por afuera: Richarlison, entonces, se pasó a la banda derecha, y Everton fue a la izquierda. Tras el descanso, además, metió a Roberto Firmino por el amonestado Fred.

Ahí comenzó sufrir Marcos Acuña. A la espalda del Huevo, Richarlison encontró terreno fértil. De hecho, llegó al gol pero fue correctamente anulado por posición adelantada. Con Neymar más activo, los dueños de casa buscaron ese lado frágil argentino. De nuevo hallaron luz verde con Richarlison, aunque ahora fueron las manos de Emiliano Martínez las que impidieron el empate. El Dibu volvió a aparecer para ahogarle el grito a Gabriel Barbosa.

Los minutos pasaban y Brasil no podía. Y a medida de que avanzaba el reloj, la Argentina se sentía más segura. Los cambios ayudaron a alimentar esa seguridad. Pudo haber sido 2-0, pero Leo se nubló al final tras un gran pase de De Paul. El propio De Paul pudo haber puesto el broche de oro a una noche perfecta en la última; tampoco lo logró. Poco importó después del pitazo final que terminó con todas las penas del pasado.

Ya era tiempo de volver a sonreir.

Nahuel Lanzillotta/Clarín

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