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Aquel Grandes Valores del Tango, de la TV al Teatro Astral

Serán diez funciones en el recinto de la calle Corrientes, con lo mejor del tango y mucha nostalgia.

Grandes valores del tango llega a la Avenida Corrientes. Con motivo del 70 aniversario desde su debut (¡¿siete cero ya?!), con producción de Diego Romay (hijo de Alejandro) y la conducción de Silvio Soldán (quién si no), a partir de mañana los tangueros estarán de fiesta a lo largo de diez funciones en el Teatro Astral.

De cómo lo que empezó siendo un ciclo radial conducido por Alejando Romay, para luego saltar a la televisión hasta convertirse en parte de nuestra cultura popular: de eso trata esta milonga.

Los nacidos alrededor de los ’60 -a los que no hay que explicarles nada si decimos “¡Un corte, una quebrada y enseguida volvemos!” o recordamos aquello de “Héctor Pérez Pícaro, ¡el trébol de la buena suerte!”- saben de qué hablamos. Para los más jóvenes, esta es la historia…

Un joven argentino, nacido en la provincia de Tucumán, de apenas 24 años, un día de 1951 anuncia la primera emisión radial de Grandes valores del tango (GVT) con su inconfundible voz de locutor. El joven se llamaba Alejandro Romay; nacía una leyenda en la historia de la cultura popular argentina.

A fines de 1963, Romay se hacía cargo de Canal 9, y lo que empezó siendo un éxito radial pasó a la tele y de ahí al living de miles de hogares argentinos. Nombres históricos de la historia de nuestro espectáculo como Hugo del Carril, Juan Carlos Thorry o Tito Lusiardo, se hicieron cargo de la conducción televisiva hasta que en 1972 Romay decide que un carismático locutor y conductor llamado Silvio Soldán se hiciera cargo de GVT.

Y lo fue hasta el final, en 1992.

Ahora Diego Romay cuenta el hoy. “Para explicar esto que van a ver en el teatro -dice- hay que remontarse a un almuerzo que organizó mi padre en 1997 en su casa. Invita a toda la familia Mores, con Mariano a la cabeza. Y ahí, entre anécdotas y complicidades, Mariano le dice a mi viejo: ‘Romay, ¡hay que volver a hacer Grandes valores del tango! ¡Tenemos que recuperar este éxito!’ Mi viejo le dice ‘sí, claro’, pero por decir. Y pasó mucho tiempo hasta que hace poco me llama Julio Gallo, el dueño del Astral, porque se iba Martín Bossi, y me pregunta: ‘¿Qué podemos hacer, Diego?’”.

Romay hijo sigue: “Fue increíble: 24 horas después apoyé la cabeza en la almohada y es como si hubiese tenido un flashback y recuperado aquella imagen del diálogo entre mi viejo y Mariano Mores. Y me dije: hay que llevar Grandes valores a la calle Corrientes”.

Ahora retrocede en el túnel del tiempo y dimensiona el fenómeno: “El programa atravesó la historia de la televisión argentina. Hay que pensar que arranca en Radio Libertad, desembarca en la televisión de los ‘60, hace los ‘70, los ‘80 y recién se va a despedir a comienzos de los ‘90”.

Y continúa: “A medida que la tele se iba transformando y se iba haciendo más competitiva, sobre todo a partir de los ’80, Grandes valores empezó a buscar formas de aggiornarse, de ahí los habituales cruces que empezamos a hacer con otros géneros: folclore, melódico y rock, con un muy joven Fito Páez, por ejemplo. Recuerdo a mi padre dándole El 9 de Oro a don Atahualpa Yupanqui, o a Valeria Lynch. ¡Es que venían todos, incluso artistas internacionales! Julio Iglesias, Dyango, José Vélez y la Pantoja, entre otros”.

Es imposible hablar de GVT sin pensar en Guillermo “Guillermito” Fernández, apodo que aborrece. Con solo 12 años ya estaba debutando en el ciclo, antes del ingreso de Silvio Soldán incluso. El niño cantor causaba sensación, y encima, María José Mentana, otra niña, se sumaba en memorables dúos.

“El que me lleva al programa es Hugo del Carril, nada menos… Y el mismo día de mi debut cantaba el Polaco Goyeneche. Después de mi actuación me lleva a un pasillo y me dice: ‘Pibe, ¿te animás a cantar conmigo?’ ‘¿Cuándo?’, le digo. ‘Hoy. ¿Sabés alguno mío?’ ¡Cómo! Yo me sabía todos. ¡El Polaco era mi ídolo! Cantamos un vals, recuerdo, Quiero huir de mí. Y así comenzó mi vida en Grandes valores del tango”, recuerda Guillermito, el apodo vigente, más allá de las canas y sus 64 años.

Puesto a confesar secretos del backstage y momentos inolvidables, Guillermito se larga y no para: “En Grandes valores del tango compartí la mesa con Diego Armando Maradona mientras Argentina debutaba en el Mundial ’78. Le di una serenata a Azucena Maizani a dúo con Floreal Ruiz. Canté Naranjo en flor con Virgilio Expósito, con Homero Expósito sentado al lado…”.

Los recuerdos afloran: “En Grandes valores del tango me escribieron un tango Sebastián Piana y Julio de Caro; en un papel, a mano lo escribieron, y me lo firmaron. ¡Prácticamente canté con todos! Fueron momentos muy lindos. Y será hermoso volver a recordarlos y rendirle homenaje”.

Un punto aparte para Alejandro Romay. Lo pide Guillermito, y enfatiza: “Romay fue una persona muy importante en mi vida. Cuando yo tenía 13 años mi padre tenía una Sociedad crediticia, Crédito Defensa; la habían puesto entre cinco socios y un día uno agarró todo el dinero y se fue. Mi papá entró en una gran depresión, se metió en una cama: perdimos casa, absolutamente todo, el trabajo de toda una vida. Por esa época, yo justo entraba a GVT. Al tercer programa ya era muy reconocido, entonces lo fui a ver a Alejandro Romay, le cuento lo que me pasa y él, muy cariñoso, lo llama al jefe de contrataciones y le dice que me firme un contrato por todo el año y me lo pague todo junto”.

Y evoca emocionado: “Así que ese día, me acuerdo, me fui a casa con una bolsa de plata. Con esa plata compramos un departamento, el mismo departamento donde yo vivo ahora”.

“¿Tenés ganas de soñar conmigo?”, dice Silvio Soldán que le dijo Diego Romay cuando lo convocó para este tributo. “¡Cómo no voy a decirle que sí, si yo estuve tres décadas en Grandes valores! Sólo falté un mes por una hepatitis y me reemplazó Sergio Velasco Ferrero”.

Puesto él ahora a seleccionar secretos y highlights, enumera:

“Año ’76, ’77, plena dictadura. Don Osvaldo Pugliese era mala palabra por cuestiones ideológicas, claro. Así y todo decidimos hacerle un homenaje. Durante toda la semana metimos promociones. Llega el gran día, miércoles, y desde arriba, como siempre, llega la orden de que Pugliese no podía tocar”, empieza.

Y sigue: “Se lo explicamos, pese a que no se podía mencionar el tema. Pero lo mínimo que teníamos que hacer era aclararle al público. Salí, lo hice -sin ser agresivo, claro- y pasó: se la comieron bien los militares…”

Empezó como un ciclo radial en 1951 y saltó a la pantalla de la mano de Alejandro Romay.

Al programa fueron desde Astor Piazzolla hasta Diego Maradona y Jorge Luis Borges.

“Cuestión que unos dias después voy caminando por Corrientes y Suipacha y de pronto escucho esa voz aflautada, inconfundible, del Maestro Pugliese: ‘Don Silvio Soldán, quiero agradecerle cómo el otro día se jugó por mí. ¡No hacía falta m’hijo!’».

Otra: “Astor era muy crítico del programa. Decía que lo nuestro era tango viejo. Pero también siempre fue de alimentar polémicas justo antes de algún lanzamiento: entendía muy bien el factor promoción. Encima, él había dicho que si ganaba Menem se iba del país y cumplió. Y en un encuentro que hubo en ATC con otros conductores -estaban Antonio Carrizo, Héctor Larrea- lo sacan al aire a Astor, que estaba en Holanda, le preguntan con quién le gustaría hablar y, para mi sorpresa, dice ‘con Silvio Soldán’. Fue un gran halago”.

Y remata: “De hecho, un día nos animamos y lo invitamos para un gran homenaje y, para nuestra sorpresa, dijo que sí. La pasó bárbaro y le entregué El trébol de la buena suerte de Héctor Pérez Pícaro”.

Entre tantos grandes momentos, Soldán no duda poner en la cima del podio la vez que invitaron a Jorge Luis Borges.

“Un gran momento, pero a la vez me hizo sudar, con ese hablar titubeante tan de Borges, porque me contradecía todo el tiempo… Pero se le tranformó la cara en alegría en la parte del programa en la que Ángel Cárdenas cantó varias de sus maravillosas milongas”.

César Litvak/Clarín-Espectáculos

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