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Aly Raisman, el duro testimonio de otra de las abusadas por Larry Nassar

La atleta estadounidense fue una de las 156 abusadas por el pedófilo Nassar.

Testificar en vivo ante senadores y exigir que caigan quienes hicieron la vista a un lado, dejando a adolescentes a merced de un predador sexual, puede parecer algo sencillo, motivado por la necesidad de justicia. Sin embargo, cada vez que se toca el mismo tema que hizo y hace mella en el cuerpo y en la psiquis de las sobrevivientes (al menos una gimnasta abusada se suicidó, al igual que un padre que no le creyó a su hija), cada una revive lo sufrido.

“Yo tengo mucha pasión sobre lo que es la prevención en la salud mental, pero creo que testificar sobre el abuso dispara muchas cosas que la verdad que es algo que desearía no tener que hacer. Pero años y años después tenemos que seguir alzando nuestra voz al respecto”, concluye al responderle a Clarín.

Y continúa cuando retoma el tema ante la inquietud de una colega: “Lamentablemente, no creo que a lo largo de mi vida la problemática del abuso sea resuelto. Voy a seguir luchando por la prevención del abuso y la salud mental mientras pueda hacerlo, pero creo que tener equilibrio en mi vida es muy importante”.

La mujer que habla con esta templanza emociona a cada momento. Incomoda hacer el ejercicio de ponerse un minuto en su lugar e imaginar lo que padeció en manos de una bestia y lo que sufrió y sufre porque la historia no se cerró. Hay culpables de encubrir lo indecible y no haber parado la barbarie contada por decenas.

Por eso su testimonio de 2018, mirando a Larry Nassar en el banquillo de los acusados, es un tsunami imparable: “Me mentiste y manipulaste para pensar que cuando me tratabas cerrabas los ojos porque estabas trabajando, cuando en realidad estabas tocando a una niña inocente para sentir placer. Imaginate que no tenés poder ni voz. ¿Sabés qué, Larry? Ahora tengo poder y voz, y recién la estoy usando. Nos aseguraremos que tendrás lo que te mereces. Una vida de sufrimiento. Larry, no vas a quitar la gimnasia de mí. Amo el deporte y ese amor es más fuerte que el demonio que reside en ti y que te permitió lastimar a tantas. No descansaré hasta que el último trazo de tu influencia en este deporte haya sido destruido como el cáncer que es”.

“Pensé que ser olímpica era lo máximo, pero ayudar a la gente a sanar y a prevenir abusos es mucho más importante que cualquier medalla olímpica”. Aly Raisman se abre con estas reflexiones en “De la oscuridad a la luz” y en su camino de sanación encontró la palabra y tender la mano a otros y a otras como herramientas que le permiten transitar la vida.

Nació el 25 de mayo de 1994, comenzó a practicar gimnasia artística como un juego a los dos años y de niña supo que sería olímpica. Quedó en la historia como la primera no europea en ganar el ejercicio de suelo en unos Juegos: lo logró a los 18 en Londres 2012, donde fue capitana del dorado equipo estadounidense y también se llevó el bronce en viga. En Río 2016 repitió el oro por equipos y fue plata en suelo y en el all around.

Pero detrás de esa historia brillante había un sufrimiento indecible. Y en 2017, cuando publicó el libro “Fierce: How Competing for Myself Changed Everything”, además de narrar su experiencia deportiva contó los abusos sexuales de Larry Nassar.

“Imaginate lo que se siente si sos una adolescente fuera de tu país, escuchando un golpe en la puerta y eras vos. No tenía opción. Los tratamientos contigo eran obligatorios y te aprovechaste de eso. Acostarme sobre mi estómago con vos en mi cama insistiendo que tus toques inapropiados me ayudarían a curar mi dolor… Me causaste un trauma físico, mental y emocional. Te aprovechaste de nuestra pasión y de nuestros sueños”, le dijo en el juicio.

Hoy debe cuidarse para que lo peor no vuelva a su mente cada vez que escucha a sobrevivientes. “Fui abusada tantas veces que perdí la cuenta. Me lavaron el cerebro -dice en el documental-. Si escucho detalles gráficos, no puedo quitármelos de mi mente durante semanas o meses. No puedo dormir. Pienso lo que le pasó a esa persona y lo transporto a mí”.

En la videoconferencia a la que asistió Clarín, Raisman explicó por qué igual se enfrascó en una tarea que le demanda terapia y esfuerzo para que su coraza no se horade. La cuestión es hablar, escuchar y luchar para cambiar la ecuación. Que las instituciones detecten, separen y denuncien a agresores y abusadores. Y que más personas quiebren el lógico miedo y expongan sus sentires.

“Sin importar lo que te esté pasando, vas a estar bien. Hay luz al final del túnel. Esto no es para siempre. Hay ayuda allá afuera. Los sobrevivientes necesitan ser validados para ayudarlos a sanar”, insiste.

“Nadie tendría que pasar por esta experiencia solo. Y hablar nos ayuda a sentirnos menos solos, permite que otro sobreviviente pueda sentir lo mismo y nos puede llevar a un camino para sanar”, explica.

¿Qué caminos encontró Aly? “Hay momentos en los que hacer terapia una vez por semana me alcanza y hay otros en los que necesito dos veces o ni siquiera me resulta suficiente -responde-. Hay días en que me levanto tranquila y otros en los que me cuesta dormirme porque estoy estresada. Aprendí que cuando soy dura conmigo no me ayuda para nada”.

En su testimonio ante el Senado estadounidense dejó en claro que si a los abusadores no se los frena a tiempo, su destrozo delictivo continuará. “El FBI tardó 14 meses en entrevistarme. Me hicieron sentir que no tenía sentido seguir mi caso -confesó Raisman-. Los reportes de mi abuso no sólo fueron enterrados sino que el FBI, el Comité Olímpico y la Federación de Gimnasia sabían que Nassar molestaba a menores y no hicieron nada para restringir su acceso a ellos.

Le sirvieron jóvenes a un pedófilo en una bandeja de plata”.

Y puso el ojo en que la sociedad se meta en estos temas y evite que el ojo se pose en quien denuncia. Sus palabras son terminantes: “No sé si la gente se da cuenta de que cuando alguien te confía que fue abusada y vos no escuchás, no la valorás o le hacés sentir que es su culpa, permitís que ese abusador continúe lastimando a otras personas. El abusador es un manipulador que le echa la culpa a la sobreviviente o le dice: ‘Vos te lo buscaste’. Y muchas veces la sociedad le dice a la sobreviviente qué tenía puesto o cuánto había tomado, como echándole la culpa”.

El calvario de haber sido abusada apenas terminó en lo fáctico. Aún trabaja sobre cómo convivir con lo sufrido. “Pasé de competir en los Juegos Olímpicos a festejar poder estar parada en la ducha lavándome el pelo”, resume en el documental de Lifetime. No se queda quieta y pelea por otras y otros sobrevivientes. Porque, al cabo, la única lucha que se pierde es la que se abandona y cuando muchas y muchos luchan de la mano, el empuje colectivo derriba barreras. Aunque duela. Y mucho.

Hernán Sartori/Clarín

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