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Agustín Pichot no se calla nada

El medio scrum de los Pumas de Bronce se prestó a la nota exclusiva con Clarín.

Ese hombre que ya anda por los 45 años y que sólo murmura un “estamos viejos” cuando recuerda que sus dos hijas tienen 19 y 15 años, está vestido con remera blanca, pantalón gris y zapatillas deportivas. Sigue teniendo esa onda informal que lo caracterizó siempre, pero claro que pasó el tiempo y ya no es el líder de la 74 de CASI que arengaba a sus compañeros como si jugaran una final del mundo cada domingo a la mañana. Tampoco es el pibe de 21 años que le dijo a su papá que había decidido irse a jugar profesionalmente al rugby a Inglaterra. Menos es ese capitán y medio scrum de Los Pumas que sorprendieron al mundo en Francia 2007. O, ya fuera de las canchas, el que empezó a pedir por un lugar para Argentina en la mesa de los grandes y no descansó hasta conseguir el objetivo. A Agustín Pichot parece que los años no le pesan aunque algunas canas empiezan a notarse en el cabello castaño oscuro y en la barba prolijamente recortada.

En el hotel ANA Intercontinental de Tokio parece que todos lo conocieran desde hace mucho tiempo. Hasta la simpática moza japonesa le pregunta: “¿Le traigo el café de siempre?”. Y enseguida llega el vaso de plástico y la bebida humeante que se consumirá durante la charla. A todo parece hacerle frente Pichot. Aunque, en realidad, no puede con todo porque debe resignarse a perder la batalla contra los caprichos de la naturaleza y ese tifón Hagibis que obligó a suspender dos partidos de Japón 2019. “Estamos muy contentos con este Mundial. Los japoneses están en todos los detalles y todo está saliendo a la perfección… Menos el tifón”, dice Pichot, ese ex jugador cuya palabra siempre tuvo peso pero que ahora sabe que cualquier cosa que diga retumbará en todos los rincones del planeta rugby. Es el vicepresidente de World Rugby. Entonces se lo escucha más que antes. Y se lo respeta como siempre.

-¿Cuál es la situación hoy del rugby internacional?

-Creo que este es un momento pivot para el rugby y este Mundial terminará con un plan que se hizo hace muchos años. El profesionalismo se desarrolló y creció lo suficiente. Y les pegó bien a algunos y no tan bien a otros. Está bien claro que los que sufren son los países emergentes. No podemos tener diez países en una situación privilegiada y países como Estados Unidos, Tonga o Uruguay en otra situación.

-¿Alguna vez te imaginaste que serías el número 2 del rugby?

-Jamás. Nunca me imaginé nada. Tampoco me imaginé que la UAR me iba a pedir en 2008 que trazara un plan para el rugby argentino. Ser dirigente no es lo mío.

-Pero lo sos.

-No en la forma en la que yo me lo imaginaba. Yo me crié en una cultura dirigencial distinta y creo que lo importante es que el dirigente hoy no puede estar en un rol pasivo como era antes.

-¿Creés en que es necesaria una dirigencia profesional?

-Me da lo mismo. Para mí sos buen o mal dirigente.

-Arrancaste en la Unión Argentina de Rugby. ¿Qué aprendiste en todos estos años?

-En la UAR aprendí a armar procesos cambiando el chip, con auditorías, con controles de gestión. Antes, los dirigentes eran un 80 por ciento para el protocolo y un 20 por ciento ejecutivo. Y yo siempre busqué algo distinto.

Pichot ocupará el cargo de vicepresidente de World Rugby hasta mayo de 2020 y en las próximas semanas decidirá si buscará ser el sucesor del inglés Bill Beaumont. “Hoy, desde mi posición, no puedo ser lo ejecutivo que quisiera porque está Bill y está bien que él sea el líder y que tenga la última palabra. Pero en 15 días resolveré qué hacer con el grupo de SANZAAR. Tengo ganas de asumir ese liderazgo para hacer esos cambios que quiero hacer. Lo seguro es que de vicechairman no seguiré”, cuenta quien metió al rugby argentino en el mundo. “Yo no me puedo olvidar que éramos un país emergente y por eso creo en el crecimiento del juego en esos países, cuidando el rugby y, sobre todo, la salud de los jugadores. O sea: quiero un juego lo más sano y seguro posible, desde el rugby súper profesional hasta el que juegan los fines de semana las chicas en Colombia o el que se juega un sábado a las 8 de la mañana en la placita del CASI. Es todo lo mismo”, asegura.

-En el rugby internacional existe el problema del poderío económico de las potencias que les permite reclutar jugadores de esos países que llamás emergentes. ¿Cuál es la fórmula para que no sucedan más este tipo de situaciones?

-Una fue el cambio que hicimos hace dos años de extender a cinco años la radicación en un país para poder jugar para ese país. Para mí es poco tiempo igualmente. No tengo un “nacionalómetro” para saber cuánto tiempo tardás en querer a tu nuevo país o en acostumbrarte a su cultura, por ejemplo. Pero es algo que hay que seguir discutiendo porque si todos los jugadores buenos de Fiji juegan para Inglaterra, ¿cómo crece Fiji? O si Argentina jugara con los mejores uruguayos y brasileños, ¿cómo crecerían esos países? El mal uso de las reglas permite que si a Irlanda le falta un octavo y trae un chico de 21 años de Sudáfrica para jugar en Munster, ese chico -a los cinco años- canta el himno irlandés en Dublin…

-¿Te molesta que digan que sos el dueño de todo lo que pasa en el rugby?

-Es el folclore. Me molestaba cuando jugaba y me decían que era marketinero cuando para algunos era uno de los mejores medio scrums del mundo. Pero vas aprendiendo que es parte del juego y cuáles son los intereses que se crean.

-Ya no sos dirigente, pero ¿seguís siendo hombre de consulta del rugby argentino?

-Sí. Pero porque tengo este cargo en World Rugby y porque además estoy en el Consejo Ejecutivo de la SANZAAR. En la diaria, en el análisis del juego de Los Pumas no tengo nada que ver porque la UAR tiene sus responsables en cada área. Yo a Los Pumas los puedo analizar como un hombre de rugby o como hincha. Pero nada más. Hacerlo desde otro lado sería una falta de respeto.

-¿Cómo organizás tu tiempo para ser dirigente y empresario al mismo tiempo?

-Soy disciplinado y aprendí mucho sobre armar equipos y a delegar. Hoy mi pasión y mi energía está puesta en el World Rugby y es acá donde me siento mucho más útil y donde puedo hacer cambios. Haber visto a Uruguay ganarle a Fiji me hizo sentir orgulloso. Para mí fue la alegría más grande del Mundial porque la historia es larga y linda. Esos son los resultados de los cambios de los que hablo.

-¿Cómo viste a Los Pumas?

-Como todos. Fue un Mundial muy raro. Si Emiliano Boffelli hubiera metido ese penal contra Francia estaríamos hablando de otra cosa. Pero somos muy apocalípticos los argentinos. No digo que no debe ser así. Somos así. Lo que hay que ver es que se trata de gente que trabajó toda su vida por un objetivo y ya se fue a su casa. No clasificaron. No cumplieron el objetivo que ellos mismos se habían puesto. ¿Qué más voy a decir?

-¿Y qué hay que hacer ahora?

-Hay un plan a largo plazo que es lo más importante y hay objetivos a corto plazo. Cuando no se cumplen hay que hacer una autocrítica muy importante y ahora viene el momento de la autocrítica. Pero la solución no es echar a un entrenador y veamos quién viene. No funciona de esa forma.

-¿No creés que las expectativas fueron muy grandes?

-Nosotros creíamos que podíamos ser campeones del mundo porque nuestro ADN está hecho de una forma épica, donde todas las batallas de uno contra mil las ganamos igual. El deporte argentino son épicas. Todos suben y bajan: Las Leonas, la Generación Dorada, el tenis, el fútbol. Es un tema social y psicológico, pero es como nos educamos los latinos, en definitiva. El método debe conducir a la épica. Hoy, con “huevo, garra y corazón” no ganamos. Yo era el primero en arengar, en patear los casilleros del vestuario, pero si no tirábamos bien el line o si no tackleábamos nos pasaban los Exocet por encima y nos comíamos 30 o 40 puntos. En esa historia que nos hacemos siempre todos somos los futuros campeones del mundo. Y cuando nos vamos en la primera ronda es un fracaso, es apocalíptico y catastrófico. El fútbol es el caso mas irracional que tenemos. No salimos campeones del mundo y hay que sacar a Messi y al resto por la ventana.

-Pasaron 11 años de tu retiro. ¿No te dieron ganas de entrar a la cancha?

-Para nada. No me mueve más nada.

-Y encima tus hijas no tienen nada que ver con el rugby como para que las puedas ir a ver jugar los fines de semana.

-Me hubiera gustado que mis hijas jugaran o que hicieran un deporte de conjunto como lo hice yo, pero ni siquiera eso. Una baila y la otra salta a caballo. En casa siempre les inculcamos el tema del deporte porque el deporte te permite interactuar con la gente, te permite hablar y no estar todo el día con el teléfono, la tablet o la play. Pero ni eso se dio.

-Seguís siendo un defensor del club.

-Por supuesto. Y en el rugby los clubes tienen que ser parte del proceso y del desarrollo del alto rendimiento. Si a un chico de 16 o 17 años lo llaman del sistema de la Unión Argentina de Rugby, su club tiene que sentirse orgulloso. Y nadie obliga a ese chico a ser un futuro jugador profesional. Pero es una posibilidad que se le abre.

El café terminó. Como la charla. Aunque siempre quiera seguir hablando, Pichot…

Mariano Ryan/Clarín

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