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A los 94 años falleció Michel Piccoli, un histórico del cine francés

Piccoli trabajó con los mejores directores, actores y actrices de todos los tiempos.

El actor francés Michel Piccoli murió a los 94 años. De destacada trayectoria, contribuyó a escribir una página inolvidable del cine de su país, con películas como El desprecio, Las cosas de la vida y La gran comilona.

Con su físico de seductor, cejas pobladas y voz atronadora, este personaje complejo afirmaba “disfrutar interpretando la extravagancia y los delirios más agitados”.

Renoir, Resnais, Demy, Melville, Buñuel, Godard, Vardà y Hitchcock: Piccoli filmó con todos ellos, sin olvidar de trabajar con los jóvenes directores antes de lanzarse él mismo a la dirección, con 70 años.

“Me da lo mismo hacer cosas no comerciales, peligrosas”, declaró en una ocasión a la revista especializada Cahiers du Cinéma. “Prefiero los prototipos a las series”.

El desprecio, de Jean-Luc Godard (1963), con Brigitte Bardot, lo reveló al gran público. En esta crónica del desamor, interpreta a un guionista, con un sombrero ajustado sobre la cabeza, “para ser como Dean Martin”.

Filmó más de 150 películas, encarnando hasta un papa melancólico que sueña con volverse anónimo en las calles de Roma, en Habemus Papam, de Nanni Moretti (2011). Fue uno de sus últimos grandes papeles.

Nacido el 27 de diciembre de 1925 en París, Piccoli definía a sus padres como “músicos sin pasión”, que le “sirvieron de antimodelo”. Esta familia que describió de “egoísta y racista” pesó probablemente en su rechazo a la burguesía.

Ya de joven, siguió cursos de teatro y debutó en el cine en Le point du jour, de Louis Daquin.

En 1945 Piccoli, entonces de 20 años, conoció a Jean-Paul Sartre, a la artista Juliette Gréco -con quien se casó en 1966- y a directores como Luis Buñuel.

Se enroló paralelamente en el Partido Comunista. Un compromiso con la izquierda que perduró hasta el final, incluso públicamente, apoyando por ejemplo a candidatos presidenciales como el socialista François Mitterrand en 1981.

Su carrera se basó en Francia, pero también filmó en Italia y actuó junto a las actrices más cotizadas de la época, incluidas Catherine Deneuve y Romy Schneider.

Se convirtió en uno de los actores fetiches de Buñuel ( Diario de una camarera, Belle de jour, El discreto encanto de la burguesía, Muerte en el jardín) y de Claude Sautet en los años ‘70 ( Las cosas de la vida, Tres amigos, sus mujeres… y los otros).

Pero su imagen de seductor dejó paso a otros perfiles, más desenfrenados, como el de un homosexual suicida en La gran comilona, de Marco Ferreri (1973), que escandalizó en el Festival de Cannes con escenas de orgías y escatológicas.

Su carácter “anti-estrella” lo llevó a participar en películas de cine de autor bajo la dirección de Leos Carax, Jean-Claude Brisseau y Jacques Doillon.

Fue nominado cuatro veces a los premios César del cine francés, pero nunca fue recompensado.

En el teatro, fue dirigido también por grandes nombres, como Peter Brook, Patrice Chéreau y Luc Bondy.

“Si pienso en todos estos monstruos que he interpretado, todos estos abismos repugnantes que dan miedo… Creo que debe ser para mí una manera de revelar mis secretos”, había afirmado.

Discreto sobre su vida privada, Piccoli, que se casó tres veces, se confesó a los 90 años en un libro de entrevistas con Gilles Jacob, su amigo y expresidente del Festival de Cannes.

Allí admitía su angustia de no poder seguir trabajando: “Me gustaría que esto no se acabara nunca, pero se acabará”.

Clarín/Espectáculos

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